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El Ártico se deshiela con el cambio climático

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La descongelación, tanto del Ártico como del Antártico, perjudicará gravemente los litorales del globo terráqueo. Todos ellos quedarán anegados en sus zonas costeras de cota cero, por el aumento del líquido acuoso. Penetrará en las costas, tierra adentro. Cada verano se reduce la masa de hielo, y esa por lógica del hielo desleído, aumenta la cuantía oceánica. Se predice, con lamentables datos calculados por los científicos, que cada año se acelera el proceso de descongelación.

Dicen los naturalistas, que las selvas son los pulmones del planeta; el Ártico es el corazón del mismo. Su misión geográfica, por su color blanco, hace reflejar la incidencia de los rayos solares, haciendo que la temperatura sea la idónea y soportada por los seres vivos y la eficaz fotosíntesis de las plantas. Su ausencia hará que la temperatura del globo se incremente.

A esta aciaga desdicha, se suma, la pérdida de osos polares y focas; otras faunas endémicas del lugar. Los ecosistemas del planeta, en todas sus costas, variarán profundamente con las nuevas aguas de los deshielos, alterando toda la biodiversidad que subsisten en ellas. Esta cantidad de hielo, en un 20%, se ha perdido en los últimos 30 años, en acelerada disminución.

Conllevará asimismo la descongelación, que en los veranos, sea navegable desde el norte de Europa hacia Asia, como ya se ha hecho, hace tres años, por primera vez. Y en una década, podría quedar diluido todo el pétreo hielo boreal, si no le ponemos apremiante remedio, con la disminución de la polución.

Este proceso ha sido producido, sin la menor duda, por el aumento en un grado en la temperatura del Ártico, en los últimos años, según las investigaciones realizadas por los 250 científicos oceanográficos, que han estudiado el origen de esas consecuencias. Los gases de efectos invernaderos, producidos por los aumentos de CO2 a la atmósfera, por las emanaciones de los gases venenosos de las industrias y los transportes (que se han ido acumulando desde la Revolución Industrial, en el siglo XVIII), y desmesuradamente, en la segunda mitad del siglo XX, con la gran industria del consumo compulsivo en la población occidental.

Estos gases han producido el cambio climático que sufrimos: África en sequía permanente (haciendo fértiles las enfermedades víricas que diezman la población negra); dramáticas inundaciones, en diferentes partes del mundo; olas de calores extremos, que acompañan a calamitosos incendios forestales, y etc.

Las grandes potencias industriales: EE UU, China y las naciones emergentes, con sus industrias, son las grandes contaminadoras por de las emisiones de CO2. Se niegan rotundamente todas, a cambiar sus energías sucias de los combustibles fósiles, por las limpias: viento, voltaicas, solares, etc.

La inconsciencia de los deshumanizados magnates del capital salvaje, por la loquinaria y ciega avaricia de la riqueza enfermiza. Con igual demencia, en los gestores de la política, fieles a los mandatos del peculio ganancial, en este mundo cada vez más dirigido por la plutocracia dominante (aunque lo sean ellos, en cifra pírrica).

Estamos a tiempo. Siempre, que con todo razonamiento, cambiemos el modelo energético actual, por el uso de energías limpias, renovables y eternas, con el objeto de anular absolutamente las emisiones de CO2, que nos extermina sigilosamente. Y muy especialmente, que la población mundial tome conciencia del inmediato abandono de las energías nucleares; las del carbón, gas y petróleo. Máxime cuando en este bello planeta azul que habitamos, somos cada día más los pobladores (más de 7.000 millones), que también necesitan coexistir y alimentarse. Y ser felices en un medio ambiente saludable y vivible.

Teo Mesa

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