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Inmensa obra informativa

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El Telecanarias es el ejemplo claro de la evolución mediática, principalmente de la televisiva. Quienes recuerden aquellas incipientes emisiones -en blanco y negro, por supuesto- de mediados los años sesenta del pasado siglo, hasta que cuajó formalmente la primera edición de este programa, saben que cada paso era una conquista. El pleito también había influido, de modo que los servicios públicos estatales quedaron 'equitativamente' distribuidos: la televisión en Gran Canaria y la radio, en Tenerife. Por supuesto, no faltaron interpretaciones y juicios críticos sobre la desigualdad de tratamientos, sesgos y favoritismos, atribuidos a cada medio, pero especialmente a Televisión Española en Canarias.

En aquellos años, antes del Telecanarias, en Tenerife se hacían las informaciones filmadas, utilizando el soporte de 16 milímetros, y luego se enviaban por avión a Las Palmas. Son los años de José Antonio Pardellas, Luis Zárate, Carlos Pablo, Rosi Jorge o Pascual Calabuig -que se automaquillaban, por cierto- leyendo ante las cámaras. Juan Pablo Salinas estaba haciendo un encomiable trabajo de aglutinar la información superando las limitaciones tecnológicas de entonces: él fue quien concibió el Telecanarias, mientras César Alonso dirigía el centro de producción, ya localizado en la plazoleta de Milton de la capital grancanaria. Son los años del "adelante telecine" y del teleproceso, de las cámaras rígidas y del formato en una pulgada.

En Santa Cruz de Tenerife, las dependencias estaban en la primera planta -cuando pegaba el sol, era tremendo el calor y la refrigeración, muy escasa- del edificio de la calle San Martín. Allí hicimos pinitos, sustituyendo en sus períodos vacacionales a Calabuig, Paco Alvarez y Nanino Díaz Cutillas, cuando trabajábamos información deportiva. Mauricio Barreda, que ejercía de director, tras los saludos de rigor, nos dio la primera lección, de un laconismo asombroso: "Usted encargue la cobertura al cámara, mire los tiempos que le indica el realizador, redacte el texto y edite con su propia voz. Por supuesto, la información debe ser de las dos provincias".

Así fue como aprendimos, desde dentro y durante los veranos de 1977 y 78, los primeros secretos televisivos. Esa fue nuestra modestísima aportación a un programa que ha cumplido cuarenta años y sigue siendo, pese a los vaivenes de las audiencias, una referencia informativa para todos los canarios, buena parte de cuyo quehacer ha quedado recogido en las imágenes que deben constituir, por cierto, un riquísimo archivo, acaso la mejor fuente audiovisual de la memoria colectiva de esta tierra a cuya identidad y proyección, a cuyos avances sociales, ha contribuido con aciertos y errores, pero siempre con el sagrado principio de corresponder al servicio público y de informar puntualmente en un lugar donde, por múltiples razones, nunca ha sido fácil hacerlo.

Al cabo de cuarenta años, puede que lo de un riquísimo archivo se quede corto. Es una inmensa obra informativa.

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