El primer músico profesional de La Palma: una respuesta a una pregunta mal formulada
Desde hace algo más de quince años dedico parte de mi tiempo libre a investigar la historia de la música en La Palma. Lo hago desde una perspectiva no académica, pero con el rigor que exige el trabajo con fuentes históricas y consciente de que carezco del aparato teórico necesario para abordar un análisis que vaya más allá de lo fundamentalmente descriptivo. Espero, no obstante, que la documentación que he ido reuniendo pueda contribuir en el futuro a ofrecer una visión global del devenir musical de mi isla, todavía inexistente y, desde luego, necesaria. Como señaló el musicólogo grancanario Lothar Siemens en el prólogo a la obra de Talio Noda Crónica de la música: isla de La Palma: 1863-1936, “la investigación histórica sobre el acontecer musical de La Palma es una gran asignatura pendiente, que pudiera dar mucho de sí”.
En todo este tiempo han sido numerosas las personas que, movidas por la curiosidad, me han preguntado si sé quién fue el primer músico profesional de La Palma. La pregunta está, sin embargo, mal formulada, porque en realidad suelen referirse a la primera persona que obtuvo un título en un conservatorio, cuando la profesionalidad no viene determinada por la posesión de una titulación académica. Es más, una persona pudo haber cursado estudios reglados y obtenido un título sin llegar a ejercer profesionalmente, del mismo modo que otra pudo desarrollar una actividad musical remunerada y continuada sin contar con acreditación oficial alguna.
En cambio, determinar quién fue la primera persona en obtener un título académico resulta, al menos en principio, relativamente sencillo, siempre que sea posible acceder a la información custodiada en los distintos archivos históricos. Y es aquí donde se revela el segundo y acaso más importante error del planteamiento, ya que invariablemente se pregunta por “el primer músico profesional de La Palma”, pero nunca se plantea que pudiera tratarse de “la primera”.
A esa pregunta se han dado a lo largo del tiempo distintas respuestas y algunos de los nombres propuestos –siempre masculinos– han quedado recogidos en publicaciones y han pasado a formar parte de la tradición bibliográfica sobre la historia musical de La Palma. Debo confesar que durante mucho tiempo este hecho no me causó especial extrañeza, pues mi principal ámbito de investigación han sido las bandas de música, agrupaciones en las que la incorporación de las mujeres fue muy tardía: los primeros casos documentados en España datan de la década de 1930, y su presencia no comenzó a generalizarse hasta los años ochenta del siglo pasado.
Sin embargo, la ausencia femenina en los conjuntos bandísticos no puede extrapolarse al conjunto de la actividad musical. Sin ir más lejos, en la prensa histórica palmera no es en absoluto infrecuente encontrar nombres de mujeres vinculadas a la interpretación y a la enseñanza musical que, lamentablemente, desaparecen al narrarse la historia de la música insular, lo cual supone una omisión difícilmente justificable que conviene empezar a subsanar.
Entre los nombres que urge recuperar se encuentran los de Armenia Martín Capote, natural de El Paso, y María del Carmen de las Casas Pérez, conocida como Carmela y natural de Santa Cruz de La Palma, quienes, según la información que hemos podido reunir hasta el momento, obtuvieron en 1927 el título de piano en el Conservatorio de Música y Declamación de Madrid, actual Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Se trata, por tanto, de las dos primeras personas nacidas en La Palma de las que hemos podido acreditar de forma fehaciente la obtención de una titulación musical. Este hallazgo, sin embargo, no permite afirmar con rotundidad que fueran ellas las primeras en conseguir un título de estas características, pues toda investigación histórica permanece abierta a la aparición de nueva documentación, pero sí permite sostener que son los casos más antiguos que hemos podido constatar.
Eso sí, el protagonismo femenino en la música palmera se remonta mucho más atrás. Especialmente relevante resulta la actividad musical del desaparecido convento de Santa Catalina de Siena de Santa Cruz de La Palma, donde destacaron, entre otras, dos hijas del palmero Juan González Montañez, maestro de capilla de la Catedral de Canarias, quienes profesaron hacia 1680. La tradición musical de dicha comunidad se mantuvo durante la centuria siguiente, como atestigua el manuscrito Descripción Verdadera de los solemnes Cultos y célebres funciones que la mui noble y leal Ciudad de Sta. Cruz en la ysla del Señor San Miguel de la Palma consagró a María Santísima de las Nieves en su baxada a dicha Ciudad en el quinquenio de este año de 1765, en el que se elogia la interpretaron una loa por parte de las religiosas y se afirma que muchas de ellas eran músicas, algunas “diestras en los ynstrumentos, que disputan los ynteligentes si les tocan mejor los músicos de Canaria” e incluso alguna de ellas “compositora primorosa”.
Ya en el siglo XIX encontramos a María Luisa Loustau Jiménez, quien nació en Santa Cruz de La Palma en 1818 y es, en cuanto a la fecha de nacimiento, la primera de las compositoras recogidas en el estudio de la Universidad de Sevilla La educación musical de la mujer española en el siglo XIX. Fue autora del himno oficial de la Exposición Palmense de 1876, organizada con motivo del primer centenario de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de La Palma.
A mediados de esa misma centuria y en la misma localidad aparece también Ana Massieu de las Casas, la primera mujer de la que, por ahora, nos constan actuaciones públicas como solista, aunque su nombre figura, sobre todo a lo largo de la década de 1860, como acompañante en funciones religiosas y conciertos, algunos ampliamente recogidos en crónicas periodísticas; por ejemplo, el que ofreció en 1866 junto al violinista Agustín Robbio.
La presencia femenina siguió siendo notable durante el último tercio del siglo XIX y el primero del XX, con figuras como la violinista Bienvenida Amador Henríquez; las cantantes Rosario Medina y Amelia Rodríguez; las pianistas María Pérez Jaubert y Beatriz Olbrich; y las sopranos Nieves Henríquez de Carmona, María Teresa Felipe y Micaela Francisco Martín. Esta última fue la principal figura de la Masa Coral y también alumna de Ángeles Nieto, conocida artísticamente como Ángeles Ottein, en el Conservatorio de Madrid, aunque su prometedora carrera quedó truncada por el estallido de la Guerra Civil.
A ellas se suma la pianista y prolífica compositora Nieves Díaz Torres, nacida en Fuencaliente, quien ingresó en 1936 en el Conservatorio Profesional de Música y Declamación de Valencia, donde obtuvo el título de piano (más adelante obtendría también el de composición en el de Santa Cruz de Tenerife). Desarrolló su labor entre San Andrés y Sauces y Los Llanos de Aridane, y su producción conocida alcanza el medio centenar de títulos de los más diversos géneros: obras sinfónicas, pasodobles, marchas procesionales, composiciones para orquesta de cámara, música ligera e incluso piezas de carácter folclórico.
Por todo ello, a la vista de la documentación conocida hasta ahora, resulta necesario revisar el papel de las mujeres en la historia de la música insular y recuperar nombres que, pese a estar presentes en las fuentes, han quedado a menudo fuera del relato histórico. Entre ellos deben ocupar un lugar destacado los de Armenia Martín Capote, María del Carmen de las Casas Pérez y Nieves Díaz Torres como las primeras personas nacidas en La Palma de las que hemos podido constatar la obtención de un título musical. Quizá el principal valor de esta búsqueda no resida tanto en la identificación de nombres concretos como en percatarnos de que, cuando una pregunta está mal formulada, la respuesta deja necesariamente fuera a quienes nunca se pensó encontrar.
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