De la Alemania nazi a los países bálticos: la 'ley de nietos' de España no es ninguna excepción
La ley de nietos de España que algunos han denunciado como una herramienta para llevar a cabo un complot para amañar las elecciones no es ninguna excepción a nivel internacional. De hecho, España sigue la estela de países como Alemania, Austria o las repúblicas bálticas que curaron las heridas provocadas por sus pasados no democráticos y que dificultan la convivencia pacífica.
En el caso de Alemania, la Ley Fundamental de Bonn —constitución alemana— recoge en su artículo 116.2 la posibilidad de recuperar la nacionalidad a aquellos alemanes que fueron excluidos de esta condición por ser judíos o estar dentro de los grupos perseguidos por el nazismo en el periodo que va desde 1933 hasta 1945. Posteriormente, en 2019 y 2021 se amplió el plazo a sus descendientes, ya que los hijos y nietos de los perseguidos por los nazis se exiliaron en estados que sí les otorgaron la nacionalidad.
Así, existen casos famosos como la psicóloga Ruth Westheimer o el cineasta Thomas Markle (padre de Meghan Markle) que, habiendo adquirido la nacionalidad estadounidense y británica, posteriormente recuperaron la alemana. Otro caso similar fue el del músico Billy Joel, autor de la famosa canción Piano man, quien, si bien cumplía los requisitos para volver a ser alemán, nunca lo reclamó.
Gracias al artículo 116.2 de la Ley Fundamental de Bonn y a las leyes posteriores, Alemania no solo reconocía que había cometido una injusticia, sino que además restauraba un vínculo jurídico que había sido roto ilegítimamente mediante las Leyes de Núremberg y asumía la responsabilidad histórica del Estado alemán. En Alemania, más de 200.000 personas han recuperado su nacionalidad, pero en los próximos años se espera que el número crezca, ya que, desde las reformas de 2019 y 2021, también pueden acogerse a la recuperación de la nacionalidad los hijos nacidos fuera del matrimonio y los descendientes de personas que nunca reclamaron su nacionalidad. Por ello a pesar de que Hitler despojó de la nacionalidad a figuras de la talla de Thomas Mann o Albert Einstein, sus familias hoy podrían solicitar la recuperación de la nacionalidad alemana.
El caso de Austria es muy similar al de Alemania, aunque la reparación no llegó hasta octubre de 2019, cuando el Parlamento austríaco aprobó por unanimidad una reforma de la Ley de Nacionalidad (art. 58) que no solo otorgaba la nacionalidad austriaca a las víctimas del nazismo, sino también a sus descendientes directos. En el caso de Austria, un total de 45.000 austríacos han recuperado su condición, entre ellos Eva Schloss, hermana de Ana Frank.
Otros casos similares al austríaco y al alemán son los de Estonia, Letonia y Lituania, que permitieron recuperar la nacionalidad a quienes huyeron del país para escapar de la ocupación nazi y soviética. Cuando estos países recuperaron su independencia entre 1990 y 1991, sus parlamentos decidieron que no estaban creando nuevos Estados, sino restaurando las repúblicas que existían antes de la anexión soviética.
En Lituania, por ejemplo, la ley ofrece restituir la nacionalidad a los descendientes de hasta tercera generación de aquellos que tuvieran la nacionalidad antes del 15 de junio de 1940, fecha en que la URSS invadió Lituania. El país fue posteriormente invadido y ocupado por la Alemania nazi entre junio de 1941 hasta 1945. Además, permite mantener la doble nacionalidad a los deportados antes de marzo de 1990 y sus descendientes o a que se exiliaron antes de esa fecha.
Países como Italia e Irlanda han puesto el foco en el exilio económico y no en la persecución política. Al tratarse de dos Estados con diásporas muy importantes, Dublín y Roma buscaron recuperar el vínculo afectivo y jurídico con los que buscaron la dignidad más allá de sus fronteras. Por ello, jugadores como Messi o actores como Gene Kelly recuperaron su vínculo jurídico con sus países de origen.
El caso de España, lejos de ser una excepción, es un referente en el uso de la nacionalidad como instrumento de justicia restaurativa. En concreto, nuestro país ha aprobado dos leyes: una (2015), centrada en los judíos sefardíes expulsados en 1492, y otra (2020), para los perseguidos durante el régimen de Franco.
En el caso de España, la restauración no se basa en la idea de que la nacionalidad fue robada, sino en la posibilidad de ejercer un derecho que nunca se les ofreció a determinados colectivos, ya fueran los judíos expulsados por los Reyes Católicos o los perseguidos por Franco. En lo que se refiere a los judíos sefardíes, un total de 72.297 han obtenido la nacionalidad española, con un elevado porcentaje de éxito, ya que se presentaron 88.869 solicitudes. La denominada ley de nietos es un caso diferente. A fecha de abril de 2026 las solicitudes de nacionalización ascendían a 2,6 millones (el plazo de solicitudes se cerró en octubre de 2025), de las cuales se habían aprobado 557.709.
La ley plantea tres supuestos que permiten obtener la nacionalidad: los hijos de quienes perdieron la nacionalidad por persecución, los hijos de españolas que perdieron la nacionalidad al casarse y los hijos de quienes obtuvieron la nacionalidad en otros procesos.
La denominada ley de nietos es, por un lado, un instrumento de justicia restaurativa que busca curar las heridas del exilio y, por otro, una herramienta que pretende erradicar las discriminaciones jurídicas que provocaron que muchas españolas perdieran la nacionalidad al casarse con extranjeros y sigue la estela de muchas leyes similares en Europa.
0