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Irán desafía a un Trump errático tras el vencimiento del acuerdo entre Teherán y Washington

El presidente de EEUU, Donald Trump, en una imagen del 10 de agosto en el Despacho Oval.

Víctor Honorato

17 de agosto de 2026 21:43 h

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Aunque su efectividad estaba más que cuestionada por los ataques y contraataques que se sucedieron a lo largo del mes de julio, el memorándum de entendimiento entre EEUU e Irán para negociar el final de la guerra agotó el lunes los 60 días de plazo señalados a su firma —el 17 de junio— sin que se atisbe un horizonte para el acuerdo definitivo. Ambos contendientes mantienen, además, una retórica inflamada: Irán defiende que no habrá pacto mientras los estadounidenses no se retiren de la región, mientras Donald Trump dice un día que declarará la soberanía de su país sobre el estrecho de Ormuz y a las 48 horas amenaza con bombardear Omán a cuenta de las propias negociaciones de este país con Irán para regular el tráfico marítimo por el golfo Pérsico. El conflicto se enquista ante la desesperación del estadounidense.

“El plazo de 60 días para las conversaciones es irrelevante”, declaró el lunes en rueda de prensa el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, según la agencia IRNA. Irán sostiene —y la redacción vaga del texto permite interpretar— que el artículo 5 del memorándum suscrito en junio le da el control sobre el estrecho. Sus fuerzas bombardearon barcos que trataban de cruzar el 7 de julio con el argumento de que no se había coordinado con Teherán. Las subsiguientes represalias estadounidenses no le han hecho modular su discurso y acciones, que llevan a algunos analistas a ver un cambio de estrategia a una más proclive al enfrentamiento abierto.

Un alto cargo iraní señalaba este lunes a la agencia Reuters que Teherán ha decidido pasar de una política defensiva a una “totalmente ofensiva” ante la falta de progreso para terminar el conflicto. Paralelamente, el presidente Trump declaraba a Fox News que Irán debe izar la bandera blanca de la rendición.

Irán busca llegar a una solución diplomática, pero una que preserve los logros que ha cosechado en el conflicto y no le obligue a renunciar a principios fundamentales de su concepción ideológica y estratégica

Danny Citrinowicz Investigador sénior del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS)

“Irán [...] busca llegar a una solución diplomática, pero una que preserve los logros que ha cosechado en el conflicto y no le obligue a renunciar a principios fundamentales de su concepción ideológica y estratégica. Si no se les ofrece un acuerdo que responda a estas condiciones, parece que los iraníes estarían dispuestos a arriesgarse a un regreso al enfrentamiento con EEUU”, calcula Danny Citrinowicz, investigador sénior del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), afiliado a la Universidad de Tel Aviv.

A raíz de las informaciones que señalan que existe una vía de comunicación oficiosa entre Washington y Teherán a través del Kurdistán Iraquí, Citrinowicz entiende que el Gobierno de Donald Trump prefiere no apostarlo todo a volver a calentar el conflicto con acciones militares, o bien ceder ante las exigencias iraníes. “Por ahora, parece que la Administración opta por un camino intermedio de continuación de la presión económica”, plantea.

Exigencias maximalistas de Teherán

Las manifestaciones recientes de los líderes iraníes plantean exigencias de máximos que incluyen la retirada de todas las tropas de la región, el levantamiento completo de las sanciones sobre el régimen, la restitución de los activos bloqueados y el pago de reparaciones por la guerra, según reiteró la semana pasada el nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mosen Rezaei, que lideró la Guardia Revolucionaria durante la guerra de los años 80 contra Irak, considerado partidario de la línea dura y quien se opuso al memorándum de entendimiento el pasado junio, según recuerda el think tank Soufan Center.

Según el informe del think tank estadounidense, estas nuevas exigencias no solo reflejan que el régimen cree tener una ventaja estratégica sobre EEUU en el conflicto, sino que también demuestran que los sectores más intransigentes de la Guardia Revolucionaria se han impuesto en la última oleada de nombramientos de alto nivel del líder supremo a líderes civiles electos más moderados, como el presidente Masoud Pezeshkian o el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf.

Otra figura elevada a posiciones de poder en los últimos días por Mojtaba Jamenei, nuevo líder supremo tras el asesinato en el arranque de la contienda de su padre y predecesor, Alí Jamenei, es Hossein Taeb, clérigo y antiguo jefe de inteligencia. De él se prevé que dirija la milicia paramilitar de los Basij, significada en la represión interna. Otros cargos de talante muy conservador también han accedido a puestos de dirección en la Guardia Revolucionaria y sus fuerzas navales.

Se trata de figuras de la vieja guarda cuyo ascenso, según declaró al New York Times el analista y profesor de estudios israelíes de la Universidad de Teherán Hadi Borhani, muestra que “los partidarios de la línea dura han conseguido una gran repercusión tras argumentar que Occidente no es, en esencia, de fiar”.

Irán ha pasado de una primera fase en la que el régimen buscaba su supervivencia, a una de ambición que representó el memorándum de entendimiento, a la de 'poder duro' actual

Robert Pape Profesor de la Universidad de Chicago especializado en Seguridad

Robert Pape, profesor de la Universidad de Chicago especializado en Seguridad, lleva meses insistiendo en que el Ejecutivo de Donald Trump está inmerso en una “trampa de la escalada” desde que decidió bombardear Irán a instancias de Israel. “Las guerras no terminan hasta que los implicados están de acuerdo sobre los equilibrios de poder”, señala en una entrevista reciente en la que afirma que Irán ha visto una oportunidad con la guerra de erigirse en un “cuarto centro de poder global” y expulsar a EEUU de la región, además de pasarle la factura de la guerra. Algo por lo que “ningún presidente” estadounidense podría pasar.

“Irán ha pasado de una primera fase en la que el régimen buscaba su supervivencia, a una de ambición que representó el memorándum de entendimiento, a la de 'poder duro' actual”, sostiene Pape, que entiende que la intención inmediata de Teherán no pasa por la negociación, sino por el establecimiento de un “cinturón de seguridad de resistencia” que afiance su influencia en el Mar Rojo y el Mediterráneo, más allá de Ormuz.

Esta interpretación encaja con informaciones recientes como la que publicó el domingo el Wall Street Journal, según la cual la inteligencia de varios países árabes ha obtenido pruebas de que los líderes iraníes son cada vez más partidarios de realizar operaciones ofensivas en territorio enemigo. “No hace falta que lo confirmen los árabes. Lo promueven y discuten abiertamente los cargos iraníes en Teherán y en foros influyentes”, corrobora en X el analista Vali Nasr, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Johns Hopkins especializado en Irán. Nasr cita como ejemplo de esta estrategia el sorpresivo ataque iraní sobre las fuerzas de EEUU en Jordania de mediados de julio.

Los vaivenes de Trump

Ante la confianza creciente de Teherán en su capacidad de resistencia ante un futuro ataque estadounidense, Washington emite señales contradictorias. Aunque no constan informaciones públicas de que EEUU haya vuelto a atacar objetivos iraníes desde finales de julio, según recordaba el domingo el New York Times, Donald Trump se descolgaba el sábado afirmando que “muy pronto” declararía el estrecho de Ormuz “territorio de EEUU” y que el bloqueo naval sobre el paso era absolutamente efectivo.

Al empezar la semana, por el contrario, escribió en su red, Truth Social, que el objetivo fundamental era uno considerablemente menos ambicioso: que Irán no se haga con el arma nuclear. Pero el mismo lunes, molesto con que Irán negocie con el limítrofe Omán un nuevo estatus para el estrecho, el presidente estadounidense se plantea bombardear también este país, hasta ahora considerado próximo a Occidente, según Fox News.

Parece que la Administración estadounidense aún tiene dificultades para comprender cómo piensa el sistema iraní. Si el presidente espera un momento en que la presión sea lo suficientemente grande y Irán simplemente izara una bandera blanca, se llevará una decepción

Danny Citrinowicz

Mientras tanto, EEUU vuelve a basar su estrategia en la presión económica. “Teherán no está interesada en una guerra eterna, pero la percepción iraní actual otorga mayor peso a la iniciativa y al ataque. Cuanto más se prolongue el asedio económico, mayor será el incentivo iraní para iniciar fricciones y generar nuevos mecanismos de presión”, señala Citrinowicz.

“Parece que la Administración estadounidense aún tiene dificultades para comprender cómo piensa el sistema iraní. Si el presidente espera un momento en que la presión sea lo suficientemente grande e Irán simplemente izara una bandera blanca, se llevará una decepción. El régimen iraní puede comprometerse, retroceder tácticamente e incluso cambiar de política, pero una rendición pública bajo presión es casi lo opuesto al ethos sobre el que está construido”, sostiene el experto. “Por lo tanto, es probable que pronto veamos una frustración creciente en Washington, y en particular en Trump. Cuanto más pase el tiempo y se demuestre que el daño económico severo no se traduce en el cambio de política iraní esperado, mayor será la brecha entre las expectativas de la Casa Blanca y la realidad”.

“La presión económica no es un sustituto de una estrategia. No es una solución para quienes no quieren emplear la fuerza militar. La presión económica es un medio destinado a lograr un objetivo diplomático definido. Si no hay una respuesta clara a la pregunta de qué se quiere lograr, qué compromisos se está dispuesto a aceptar y qué se hace si la otra parte se niega, entonces las sanciones podrían pasar a ser de un instrumento a una política en sí misma”, concluye.

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