Javier Herrera Llorente: “La convivencia entre ciencia y visitantes en El Roque es posible, pero necesitamos ordenarla”

Javier Herrera Llorente, nuevo administrador del Observatorio del Roque de Los Muchachos.
24 de mayo de 2026 13:26 h

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Javier Herrera Llorente no llega al Observatorio del Roque de los Muchachos (ORM) como un gestor ajeno a la montaña. Antes de asumir la responsabilidad actual sobre las infraestructuras y servicios comunes del ORM, pasó por los telescopios Cherenkov MAGIC, por los LST, y por una parte de la vida diaria de una instalación científica que, vista desde fuera, parece una colección de cúpulas y espejos, pero que por dentro funciona como una pequeña ciudad técnica a 2.400 metros de altitud: carreteras, permisos, fibra óptica, agua, energía, seguridad, obras, visitantes, nieve, viento, astrónomos y administraciones que no siempre avanzan al mismo ritmo.

Nacido en Tenerife, formado en ingeniería de telecomunicación y ciencias físicas, doctorado en Valencia y con una etapa previa en fotónica y comunicaciones ópticas, Herrera habla con la calma de quien ha subido muchas veces al Roque como para no idealizarlo, pero conserva aún la capacidad de asombro. La conversación avanza desde su biografía hasta la nueva silueta del CTAO (Cherenkov Telescope Array Observatory), desde la carretera que cruza el corazón del Observatorio hasta el GTC y el futuro Telescopio Solar Europeo, y acaba en una idea que atraviesa toda la entrevista: La Palma debe sentir el Roque como algo propio y el Observatorio debe aprender a contarse mejor en la isla.

José F. Arozena (JFA). Para empezar por el principio, antes de hablar del cargo y de la montaña, ¿quién es Javier Herrera Llorente, de dónde viene y cómo acaba un ingeniero de telecomunicación ligado a una de las grandes infraestructuras científicas de Europa?

Javier Herrera Llorente (JH). Soy de Tenerife. Después viví mucho tiempo en Valencia, donde hice la ingeniería y el doctorado en la universidad politécnica. Mi campo inicial fue la fotónica y las comunicaciones ópticas. También estuve fuera, en Países Bajos, con una etapa de posdoctorado, y luego volví a Valencia. Ese fue mi primer mundo profesional: tecnología, laboratorio, sistemas ópticos, comunicaciones y proyectos de investigación con mucha carga técnica.

La física y las matemáticas me gustaban desde muy joven. Cuando tenía 16 o 17 años era lo que me atraía, pero acabé estudiando ingeniería porque parecía que tenía más salida. Esa vocación quedó ahí. Con el tiempo retomé Física. La fui haciendo poco a poco en la UNED, primero desde Valencia, y la terminé ya estando vinculado a La Palma y a MAGIC. El último examen lo hice en esa etapa. Al final mi trayectoria mezcla ingeniería, ciencia, tecnología y gestión de proyectos complejos. No vengo de una carrera de astrofísica clásica, sino de la parte técnica que permite que la ciencia se pueda hacer.

JFA. Esa primera vida profesional en fotónica y comunicaciones ópticas puede parecer lejos de una cumbre llena de telescopios, pero cuando uno mira el Observatorio por dentro quizá no haya tanta distancia. ¿Qué le dio esa formación para entender hoy el Roque?

JH. No está tan lejos. Un observatorio moderno es una infraestructura tecnológica de mucho nivel. No son solo telescopios con espejos mirando al cielo. Hay comunicaciones, electrónica, control, seguridad, sistemas ópticos, datos, redes, energía, mantenimiento y logística. Mi etapa anterior me dio una forma de pensar orientada a proyectos: cómo se integra todo, cómo se coordina a mucha gente, cómo se pasa de un diseño a una instalación real que tiene que funcionar todos los días.

Eso ayuda mucho en un lugar como el Roque, porque cualquier proyecto científico necesita luego una traducción muy concreta: permisos, obra civil, accesos, energía, comunicaciones, seguridad, relación con instituciones y con empresas. Un telescopio puede nacer en un diseño internacional, pero al final hay que ponerlo en una montaña concreta, con una carretera concreta, con viento, con nieve, con turnos de trabajo, con suministros y con normas ambientales. Ese es el lado menos visible del Observatorio, pero sin ese lado no hay ciencia.

JFA. De esa mirada técnica llega luego La Palma. Usted entra por MAGIC y por los primeros pasos del CTAO en la isla. ¿Cuándo empieza esa relación con el Observatorio del Roque de los Muchachos y qué aprende aquí que no se aprende desde un despacho?

JH. Llego a La Palma para trabajar como personal técnico en los telescopios MAGIC y en la construcción del primer LST (Telescopio de Gran Tamaño de la Red Cherenkov). Estuve vinculado a MAGIC y LST entre 2013 y 2018, y luego el IAC me contrató para gestionar la construcción de los LST 2, 3 y 4. Esa etapa fue, sobre todo, del proyecto CTAO, de telescopios Cherenkov y de obra en el Observatorio. Fueron años de aprender cómo se gestiona una instalación internacional, con equipos de muchos países, pero también con empresas locales, permisos, obra diaria y problemas muy pegados al terreno.

Más adelante obtuve la plaza de jefe de departamento del Observatorio, ya con una función más amplia sobre infraestructuras y servicios comunes. Antes estaba muy centrado en MAGIC y en los LST. Ahora, por el cargo, he tenido que abrir mucho más la mirada y conocer el conjunto del Observatorio: sus instalaciones, sus necesidades, sus problemas y sus opciones de futuro. Desde un despacho se entiende el proyecto; desde el Roque se entiende lo que cuesta que el proyecto funcione cada día.

JFA. En La Palma se sigue diciendo “el administrador del Observatorio” para referirse a su actual puesto, como se dijo durante décadas, aunque la estructura del IAC ya usa otros nombres. ¿Qué puesto ocupa usted en esa organización y qué significa en la práctica?

JH. Durante muchos años se conoció la figura del administrador del Observatorio. Todo el mundo en La Palma entiende esa expresión porque es la que se ha usado siempre. Pero el organigrama del IAC ha cambiado. Ahora hay una estructura más común para los dos observatorios, el del Teide y el del Roque de los Muchachos, y existen departamentos vinculados a infraestructuras, servicios comunes y otras unidades.

En la práctica, mi trabajo se parece bastante a lo que la gente entiende por administrador del ORM: relación institucional, coordinación con las instituciones usuarias, infraestructuras, servicios comunes, permisos, obras, seguridad y emergencias. Dicho de una forma más clara: hay que hablar con mucha gente dentro y fuera del IAC, encajar intereses distintos y conseguir que el Observatorio funcione. A veces eso significa trabajar con una institución científica; otras, con una administración pública; otras, con una empresa que tiene que subir material, o con personal que necesita resolver un problema básico en la cumbre.

JFA. Al venir de MAGIC y de los LST, uno puede pensar que tiene una querencia natural por la zona de los telescopios Cherenkov. ¿Le dicen que tiene favoritos dentro del Observatorio?

JH. Es normal que tenga un cariño especial por MAGIC y por los LST. Son muchos años de trabajo y los he vivido desde dentro. He visto crecer esa zona del Observatorio, he visto llegar piezas, montar estructuras, resolver problemas y pasar de una idea sobre plano a telescopios reales. Eso deja huella.

Pero mi función ahora no es cuidar de un telescopio concreto, sino del conjunto del Observatorio. Eso implica mirar al GTC, al TNG, al ING, a los telescopios solares, a los telescopios robóticos, a la residencia, a las carreteras, a los servicios comunes y a todo lo que permite que las instituciones usuarias puedan trabajar. El Roque es una comunidad científica muy variada y la administración del Observatorio tiene que servir a todo ese conjunto.

Los cuatro telescopios de gran tamaño  (LST por su sigla en inglés) de la Red Cherenkov en el Observatorio del Roque de Los Muchachos.

JFA. Hablando del CTAO, la imagen del Roque ya ha cambiado. Los cuatro grandes LST están ahí, se ven desde lejos y han pasado a formar parte del perfil de la cumbre. ¿En qué punto está ese proyecto?

JH. Los cuatro LST ya están montados. Son los grandes telescopios Cherenkov que se ven ahora en la zona baja del Observatorio. Todavía quedan trabajos de ajuste, puesta a punto, retirada de elementos auxiliares de obra y restauración ambiental del entorno, pero la estructura principal está ahí y ya forma parte del paisaje del Roque. Cuando uno compara la imagen de esa zona antes y ahora, el cambio es enorme.

El proyecto contempla también telescopios de tamaño medio (MST). Ahora mismo hay financiación para cinco MST. Los científicos querrían más. En fases anteriores se habló de nueve e incluso de números mayores, pero la realidad presupuestaria marcará lo que se pueda hacer en cada momento. Tenemos permiso para construir el primero de esos telescopios medianos y se está trabajando en las licitaciones. La idea es empezar por ese primer MST, ver que la ejecución sale bien y después avanzar con los otros cuatro financiados. Si se consigue más financiación, podrían venir más. Hoy lo real es hablar de cinco.

JFA. En el caso de los cuatro LST, hablamos ya de una obra enorme en el Roque. Después del verano se prepara una inauguración oficial de ese conjunto. ¿Qué supone cerrar esta etapa para el Observatorio y para La Palma?

JH. Supone cerrar una fase de muchos años. Empezamos la construcción del primer telescopio en 2016 y llegamos a 2026 con los cuatro LST. Son diez años solo de construcción, sin contar todo el trabajo anterior de diseño, preparación, acuerdos y prototipos, ni lo que queda de comisionado científico y técnico. En un proyecto así, la foto final de los telescopios montados no cuenta todo lo que hay detrás: contratos, transporte, turnos, ingeniería, coordinación internacional y mucha gente resolviendo problemas día a día.

La idea es que después del verano haya una inauguración oficial de los cuatro grandes LST del CTAO. Será una forma de celebrar el trabajo hecho y de mostrar que el proyecto ya está aquí. En La Palma se habla mucho del TMT, pero el CTAO no es una promesa lejana. Es una infraestructura real, visible y estratégica que ya ha cambiado el Observatorio. También es una oportunidad para que la isla entienda mejor que en el Roque ya se está jugando una parte del futuro de la astrofísica de muy altas energías.

JFA. En esa historia del CTAO aparece un liderazgo internacional muy fuerte, con Japón y España como piezas claves. ¿Qué peso ha tenido esa colaboración japonesa y qué papel ha tenido Masahiro Teshima?

JH. Ha tenido mucho peso. La colaboración de los LST ha contado con un impulso muy fuerte desde Japón y desde España, además de Alemania, Italia, Francia y otros países. El Profesor Teshima ha sido una de las figuras claves del proyecto LST desde el lado japonés, vinculado al Instituto de Investigación de Rayos Cósmicos de la Universidad de Tokio y al Instituto Max Planck de Física de Munich. Ha sido uno de los motores de esta parte del CTAO.

Esa dimensión internacional es una de las señas del Roque. En una isla pequeña hay proyectos en los que trabajan instituciones de muchos países. El CTAO muestra eso muy bien: ciencia global, obra civil local, tecnología de alta complejidad y una montaña que acaba entrando en redes de investigación de primer nivel. Para La Palma eso tiene un valor enorme, aunque no siempre se perciba desde fuera de la comunidad científica.

JFA. Todo eso exige que el Observatorio funcione como infraestructura. Y ahí aparece la carretera, que es la queja que más se repite entre trabajadores, visitantes, científicos y también vecinos. ¿Es hoy una de las grandes urgencias del Roque?

JH. La carretera tiene varios problemas. El primero es claro: algunos tramos han estado en muy mal estado, sobre todo dentro del Observatorio. Ha sufrido por el paso del tiempo, las obras de saneamiento, fibra óptica y otras actuaciones. El Cabildo tiene un contrato en marcha que contempla el asfaltado integral desde la entrada del Observatorio hasta la zona del mirador del Roque. Ya se actuó en un tramo que estaba muy mal y la previsión es seguir para dejar renovada la carretera interior.

Luego está la LP-4, con problemas de desprendimientos, vegetación, taludes y seguridad. Ahí también se han hecho actuaciones y esperamos que sigan. Entiendo que es un asunto complejo por financiación y por dificultad técnica, pero un observatorio internacional de primer nivel necesita accesos en condiciones. No se puede aspirar a atraer grandes proyectos científicos y tener a la vez una carretera que transmite inseguridad o una imagen pobre. Además, quienes trabajan arriba lo viven en su día a día: subir y bajar tantas veces por una vía así acaba pasando factura.

JFA. El asfalto es una parte del problema, pero hay otra más delicada: la carretera pasa por una zona sensible del Observatorio y cruza cerca de los LST. ¿Ese trazado se puede mantener tal como está?

JH. Ese es el segundo problema. La carretera pasa por el medio de una zona muy sensible, en torno a los LST, y por la noche puede suponer molestias para la operación científica. Además, durante el día soporta un tráfico añadido muy alto por la presión turística hacia el mirador. Se nota la saturación del aparcamiento del Roque de los Muchachos y de los puntos de visita en ciertas horas. No es solo una molestia para los telescopios; también es una cuestión de seguridad y de orden en un espacio que tiene muchos usos a la vez.

Hace años que se habla de una alternativa para que el tráfico no atraviese el corazón de algunas instalaciones. Nosotros hemos desarrollado un proyecto técnico para un acceso alternativo que conectaría con la LP-4 y llegaría hacia la zona de los telescopios ingleses. Se solicitó financiación al Ministerio de Transportes y esa actuación llegó a estar contemplada en borradores presupuestarios. En todo caso, la ejecución correspondería al Cabildo, porque conecta con la carretera insular.

JFA. Si se mira el Roque como lugar científico, pero también como icono turístico de La Palma, surge una pregunta difícil: ¿hay que desviar el tráfico, regularlo o hacer las dos cosas?

JH. Quizá las dos cosas. Un acceso alternativo ayudaría mucho, porque permitiría llegar al Roque sin atravesar zonas sensibles del Observatorio. También ayudaría a gestionar el efecto del tráfico por la noche. Pero también hay que estudiar si en ciertas horas punta se debe ordenar el tráfico hacia el mirador. No se trata de cerrar el Roque ni de impedir que la gente suba. El Roque es un lugar icónico de La Palma y todo el mundo debería poder visitarlo. Pero hay que evitar situaciones de saturación que son malas para la ciencia, para la seguridad y para la propia experiencia turística.

El ejemplo de La Cumbrecita es interesante. Cuando aquello se colapsaba, se implantó un sistema de reserva y control de acceso. Algo así tendría que estudiarse con prudencia, con consenso social y con todas las administraciones implicadas. Aquí intervienen el Cabildo, que gestiona las carreteras; el Ayuntamiento, por el mirador; el IAC; el Parque Nacional; y la sociedad palmera. También hay asuntos de seguridad ligados a la Caldera: coches que quedan arriba, senderistas que entran al parque, dudas sobre si alguien ha regresado o no. La convivencia entre la ciencia y el disfrute del sitio es posible, pero hay que ordenarla.

JFA. En ese posible ordenamiento, el Centro de Visitantes parecía llamado a jugar un papel clave. ¿Ha resuelto el problema o solo ha ayudado a entender su tamaño?

JH. Ha ayudado, pero no lo resuelve todo. El Centro de Visitantes tiene limitaciones de aparcamiento y su propia capacidad no absorbe toda la demanda. Además, hay momentos en los que su funcionamiento no permite descargar de verdad la presión que acaba llegando hasta el mirador. En el planeamiento municipal se había previsto una bolsa de suelo adicional para aparcamiento que podría facilitar una solución más ordenada: dejar los vehículos allí y subir con un sistema de tickets, lanzaderas, miniguaguas o algún sistema similar. Eso permitiría reducir presión arriba y ordenar mejor el acceso.

En Tenerife es más sencillo porque el Observatorio del Teide no tiene una carretera pública atravesándolo como ocurre en el Roque. Aquí hay que hablar con más administraciones y explicar bien que ordenar el acceso no va contra nadie. Va a favor de la seguridad, del parque, de los visitantes y de la ciencia. Y debe hacerse con cuidado, porque el Roque forma parte de la vida y de la imagen de La Palma. Cualquier cambio necesita pedagogía y acuerdo.

JFA. Del CTAO, que ya está en la montaña, pasamos al TMT, que sigue siendo el gran proyecto pendiente. La visita del Banco Europeo de Inversiones volvió a ponerlo en el centro del debate. ¿Qué posibilidades reales ve?

JH. La gestión del TMT la lleva directamente la Dirección y la Subdirección del IAC. Yo no soy quien toma esas decisiones. Pero, por lo que se nos traslada, se convertiría en el buque insignia del Observatorio durante los próximos 60 años. También es una operación complicada. Para que el proyecto salga adelante, La Palma tiene que ser la opción, pero la decisión depende del consorcio internacional, de su consejo de gobierno, y de la financiación. No basta con que el emplazamiento sea bueno o con que la isla esté preparada. Tiene que cuadrar una decisión internacional de gran tamaño.

El Banco Europeo de Inversiones vino a conocer el emplazamiento. Los llevamos al sitio donde se instalaría el TMT, en una loma detrás del Gran Telescopio Canarias, en Puntagorda. No es el lugar de las torres meteorológicas que se ven desde el GTC, sino otro emplazamiento. El trámite del sitio ha pasado por los tramites de autorizaciones y de evaluación ambiental, y cuenta con resoluciones judiciales favorables. Según la situación actual, el emplazamiento tiene sus permisos y su licencia. Si el proyecto decidiera venir a La Palma y resolviera la financiación, la instalación podría empezar. El paso siguiente está ahora en la decisión del propio TMT y en el esquema financiero.

JFA. España ha puesto sobre la mesa hasta 400 millones de euros. Aun así, usted insiste en que no basta con que España quiera. ¿Qué falta para que el TMT se mueva de verdad hacia La Palma?

JH. España ha hecho un compromiso muy importante. Pero el TMT no depende solo de España. Están las universidades de California, Canadá, India, Japón y otros socios. Cada uno tendría que aportar su parte y, además, el consejo del TMT tiene que decidir. A veces se simplifica mucho y se dice “el TMT viene” o “el TMT no viene”. La realidad es más compleja. Hay un lugar preparado, hay un interés claro y hay un apoyo español fuerte, pero el proyecto tiene su propia gobernanza.

También se ha generado alguna confusión pública con China. Hasta donde yo conozco, China no forma parte del TMT. Otra cosa es que pueda haber interés chino en colaborar con instrumentos o en desarrollar otros proyectos en el Observatorio. Pero el TMT, como tal, depende de su consorcio y de su propia decisión. Por eso conviene hablar de él con ambición, pero también con prudencia.

JFA. Mientras el TMT espera esa decisión, el Telescopio Solar Europeo (EST) parece avanzar por otro carril, con pasos de sitio y estudios previos. ¿Está cerca el EST?

JH. El TMT sería extraordinario, pero el Telescopio Solar Europeo es un proyecto que ahora avanza con pasos claros en la fase técnica del sitio. El EST tiene su ubicación prevista en la zona del Telescopio Abierto Holandés, el DOT, cerca de la Torre Solar Sueca. Ahora lo primero es hacer estudios geotécnicos, porque un telescopio solar de ese tipo tiene requisitos muy exigentes: altura, cimentación, estabilidad y conocimiento preciso del terreno.

Antes de desarrollar el proyecto técnico definitivo hay que conocer muy bien el lugar. Estamos pendientes de los trámites necesarios con Medio Ambiente del Cabildo y el Patronato de la Caldera para esos sondeos. La idea es que esa primera actuación se haga en breve. Después se podrá ajustar el emplazamiento y coordinarlo con otras decisiones, como qué se hace con el DOT. En un observatorio con espacio limitado, cada nueva instalación obliga a pensar en el conjunto.

JFA. Esa pregunta por el DOT abre otro asunto que casi nunca aparece en titulares: el Observatorio empieza a tener patrimonio científico que retirar, guardar o explicar. ¿Qué se hace con telescopios que han sido importantes y ya no operan?

JH. Es un tema muy interesante y delicado. Tenemos varios casos. El KVA, un telescopio de 60 centímetros muy ligado a la historia del Observatorio, está desmontado y almacenado a la espera de su traslado al futuro Museo de Astronomía de Garafía. También está el Círculo Meridiano, que ya no opera. Y está el DOT, cuyo futuro hay que coordinar con el proyecto del EST.

Lo deseable es aprovechar sitios ya utilizados para nuevas instalaciones y, a la vez, preservar la memoria científica del Observatorio. Pero mover estos instrumentos no es sencillo. Hay que desmontarlos bien, almacenarlos bien, buscar financiación, preparar espacios museísticos adecuados y coordinar administraciones. Además, hay una parte emocional: para muchas personas esos telescopios no son chatarra, sino piezas de una historia científica y también palmera. En el caso del KVA, hasta donde sé, el proyecto del museo en Garafía sigue avanzando, aunque con sus tiempos.

JFA. Volvamos a la isla. A pie de calle aún hay quien ve el Observatorio como algo lejano, extranjero, casi cerrado sobre sí mismo. ¿Le preocupa esa percepción?

JH. Sí, y creo que hay que trabajarla más. Existe una comunicación fluida con el Gobierno de Canarias, el Cabildo, Garafía, Puntagorda, el Parque Nacional y otras administraciones. Pero falta llegar mejor a la ciudadanía. Me gustaría que hubiera en La Palma una presencia comunicativa más fuerte del IAC, alguien permanente dedicado a contar de forma continua qué es el Observatorio, qué hace y qué devuelve a la isla. Lo hemos hablado dentro, aunque siempre aparecen las limitaciones de presupuesto y de personal.

La percepción de que arriba solo hay extranjeros no se corresponde con la realidad. Mucho personal del Observatorio es local, sobre todo personal técnico de ingeniería y de formación profesional. No sé si el porcentaje llega al 80 por ciento, como a veces se comenta, pero sí hay una apuesta fuerte por personal de La Palma. El problema es que no se cuenta lo suficiente. Y si no se cuenta, la gente no lo percibe. Hay que explicar que el Observatorio no es solo un lugar para investigadores de fuera; también es trabajo técnico, mantenimiento, logística, seguridad, administración, formación y oportunidades para gente de la isla.

Uno de los telescopios LST de la Red Cherenkov en el Observatorio del Roque de Los Muchachos.

JFA. La Palma ha dado al Observatorio territorio, cielo, paisaje, paciencia y generaciones de trabajadores. A cambio, ¿qué debería devolver el Roque a la isla?

JH. Debe devolver empleo, conocimiento, oportunidades, prestigio e infraestructuras. A veces se olvida que muchas cosas que hoy usa la isla se impulsaron por el Observatorio o por sus grandes proyectos. La carretera al Roque se hizo para el Observatorio, pero hoy la usa cualquier palmero que quiera subir. La fibra óptica y ciertas mejoras de suministro eléctrico en el norte de la isla se han visto empujadas por las necesidades del Observatorio y del GTC. Hay retornos visibles y otros menos visibles.

También está el turismo. No tengo ahora las cifras exactas de cuánta gente sube al Roque o visita el Centro de Visitantes, pero es claro que son muchísimas personas. Cualquier crucero, cualquier turista que aterriza en La Palma, acaba teniendo el Roque como uno de sus lugares de referencia. El Observatorio no es solo ciencia. También es un polo de atracción turística. Pero todo eso hay que explicarlo mejor, sin triunfalismo y sin dar por hecho que la sociedad lo sabe. Si la isla ha hecho un esfuerzo durante décadas, tiene derecho a conocer mejor qué recibe a cambio.

JFA. Esa explicación debería empezar por los jóvenes. En una isla que pierde población y oportunidades, ¿cómo se consigue que un estudiante palmero vea el Observatorio no como algo ajeno, sino como un lugar donde podría trabajar?

JH. Con contacto real. El programa Nuestros Alumnos de visitas de estudiantes de cuarto de ESO al Observatorio es muy bueno. Permite que alumnado de toda la isla conozca el Roque y especialmente, el Gran Telescopio Canarias, que es lo que más llama la atención. Este año ha habido problemas por la obra de mejora de la carretera y algunos centros han tenido que retrasar la visita, sobre todo los que suben desde ciertas zonas de la isla, pero la intención es continuarlo y que pase el mayor número de alumnos que se pueda.

A un alumno no se le convence con un discurso institucional. Se le convence cuando sube, ve un telescopio enorme, habla con un técnico, con una ingeniera, con una astrofísica de Garafía, con una persona de La Palma que trabaja allí y entiende que aquello no es una cosa ajena. Que puede ser una opción de futuro. Y ahí no hablamos solo de científicos. Hay perfiles de ingeniería, informática, mecánica, electricidad, electrónica, administración, mantenimiento, seguridad y servicios. El Observatorio necesita talento de muchos tipos.

JFA. Además de los institutos, están las jornadas de puertas abiertas, muy ligadas desde hace décadas a Garafía. ¿Se puede abrir más el Observatorio sin romper esa relación especial con el municipio que lo acoge?

JH. Las jornadas de puertas abiertas tienen una relación especial con Garafía, y creo que debe mantenerse. Garafía ha dado el terreno, el sitio, el cielo y una relación histórica con el Observatorio. Esa singularidad hay que respetarla. Es justo que el municipio que acoge el Observatorio tenga una relación propia con él y que esa relación no se diluya.

Pero también estamos pensando en abrir de alguna manera el Observatorio al resto de la isla, sin romper esa relación especial con Garafía. No es sencillo por capacidad, seguridad y logística. Hoy no es como hace 30 o 40 años. Ahora hay mucho turismo. Cualquier apertura se llena enseguida y hay que organizarla muy bien. Pero la idea de acercar más el Observatorio a la sociedad está ahí. Hay que buscar fórmulas que sean útiles, seguras y asumibles para quienes trabajan arriba.

JFA. Usted lleva más de una década subiendo al Roque. Hay quien dice que las primeras mil puestas de sol son las mejores, pero que luego uno se acostumbra. ¿Le sigue sorprendiendo la montaña?

JH. Me sigue gustando mucho. Cuando empecé en MAGIC subía casi todos los días, cuatro veces a la semana o más. Esa carretera, tantas horas de subida y bajada, pasa factura y ahora intento limitar los días que subo. Pero el lugar me sigue pareciendo maravilloso. Con el nuevo cargo, además, lo miro de otra manera: ya no solo como la zona de MAGIC o de los LST, sino como un conjunto de instalaciones, problemas y paisajes que hay que entender entero.

A veces me quedo a dormir arriba y es un privilegio poder salir de noche y ver ese cielo. Sé de astrofísica, pero no soy el típico experto en astronomía posicional que te identifica todas las estrellas y constelaciones de memoria. Aun así, salir de la residencia, mirar hacia arriba y ver ese cielo sigue impresionando. Durante el día ocurre lo mismo con el paisaje, sobre todo en primavera, con tajinastes, codesos y retamones. Es una combinación única: el Roque, la Caldera, los miradores, los senderos, los telescopios, la flora y las aves.

JFA. Esa belleza también trae presión. En primavera, con los tajinastes, o en fechas como las Perseidas, el Roque se llena. ¿Cómo se cuida un lugar que es a la vez observatorio, paisaje, parque, mirador y reclamo turístico?

JH. Esa es una de las claves. En la floración de los tajinastes o en las Perseidas se puede generar una presión enorme. El Roque no es solo un observatorio. Es también un espacio natural muy valioso. La flora endémica de Canarias es espectacular y hay que protegerla. Todos los canarios deberíamos tener claro que ese patrimonio hay que cuidarlo.

Ordenar el acceso no es solo por los telescopios. También es por el paisaje, por la seguridad y por la conservación. La ciencia necesita buenas condiciones, pero la isla también necesita que el Roque siga siendo un lugar vivo, visitable y protegido. Si se deja que cada hora punta se convierta en un colapso, pierden todos: los visitantes, el parque, el Observatorio y la propia imagen de La Palma.

JFA. Si dentro de cinco años tuviera que mirar atrás y decir que esta etapa ha valido la pena, ¿qué tendría que haber cambiado en el Observatorio del Roque de los Muchachos?

JH. Me gustaría ver el Observatorio con la carretera interior renovada, con una solución encaminada para el acceso y para la regulación del tráfico, con los LST integrados en operación, con los MST avanzando, con el Telescopio Solar Europeo en marcha y con una relación más fluida con la sociedad palmera. Y, por supuesto, si el TMT acaba decidiéndose por La Palma, sería una noticia extraordinaria.

Pero incluso sin esperar a ese gran titular, hay mucho trabajo que hacer. El CTAO ya es una realidad. El EST avanza. El Observatorio tiene muchas instalaciones y una comunidad internacional enorme. La Palma no debe ver el Roque como algo que está arriba y lejos, sino como una parte de su presente y de su futuro. Ese es quizá el gran reto: que la isla sienta el Observatorio como algo propio y que el Observatorio sepa estar más presente en la isla.

JFA. Gracias, Javier, por dedicarnos parte de tu tiempo. Mucha suerte en este nuevo puesto y en esta nueva etapa que comienzas.

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