¿El volcán de La Palma se puede comparar con el de Islandia en peligrosidad?

Efe

Santa Cruz de Tenerife —

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El vulcanólogo del Instituto Geográfico Nacional (IGN) Stavros Meletlidis ha salido al paso de los “muchos comentarios” que han surgido estos días respecto a la “peligrosidad” de una erupción y las comparaciones entre los volcanes Fagradalsfjall, en Islandia, y el de La Palma.

Meletlidis ha publicado en las redes sociales un hilo en el que plantea, a modo de introducción, si “es o no peligroso acercarse a una erupción y a sus coladas de lava”.

Esgrime que tanto en el caso de La Palma como en el de Islandia los magmas son “al principio” basálticos, aunque existen “pequeñas diferencias” en su composición, pero hasta aquí llegan las semejanzas.

Luego hay factores diferenciales como el porcentaje de elementos volátiles en el magma, lo que se refleja en la explosividad de las explosiones: “Está claro que un magma rico en volátiles origina una erupción más explosiva; por lo tanto, un volcán más peligroso”.

Meletlidis apunta que “se habla mucho de que la gente en Islandia va a ver de cerca la erupción, pero ¿a que nadie se acercaba al Eyjafjallajökull (Islandia, 2010) cuando empezó a reaccionar el magma con el agua o en la primera fase cuando el basalto alcanzó la riolita que quedaba ahí abajo desde la penúltima erupción? ¿Tampoco nadie irá a ver de cerca una erupción del Katla?”.

Abunda en que estos dos estratovolcanes islandeses también emiten material basáltico, pero tienen “un alto índice de peligrosidad y obviamente nadie los compara con el volcán de La Palma”.

“Luego, no es lo mismo una fractura que emite unas cortinas de lava a 100 metros de altura y material lávico expuesto a 8 grados centígrados que se enfría rápidamente que un volcán cuyo comportamiento es impredecible y mucho más peligroso a cualquiera que está cerca”, esgrime.

El vulcanólogo del IGN alude a otro factor: la topografía, que “también juega un papel muy importante”, pues “no es lo mismo que el punto de emisión esté en una ladera que estar en una vaguada”.

Hace hincapié en que en la erupción en La Palma, por la localización de los puntos de emisión, “era muy peligroso moverse en los frentes de la lava, porque te arriesgabas a quedar atrapado entre flujos”.

Además, apunta que en otras erupciones y depósitos por el mundo se ha visto que muchos de estos flujos “tranquilos”, dada la acumulación de temperatura, podrían tener una rotura en su frente y emitir lavas muy fluidas y rápidas o generar flujos que son conocidos como 'block and ash'.

Meletlidis se detiene en otros riesgos, como la caída de lapilli, pues “una lluvia de fragmentos de 2-3 centímetros ”tranquilamente te saca un ojo, te abre la cabeza, te rompe el coche (y bloqueas la vía) o genera una estampida“.

Y ya “de lo que uno puede respirar en una erupción explosiva mejor no hablar. Cuanto más lejos, mejor”.

El vulcanólogo del IGN hace referencia a otras cuestiones, como la necesidad de que los equipos de emergencia en La Palma tuvieran margen de maniobra y se centraran en su cometido, no para “cuidar a cada uno que le apeteciera sacarse una foto o pasear a su dron”.

“Si pasara algo, un derrame, una explosión de un depósito de agua, un colapso de un ramal o del cono, ¿qué se supone que tenían que hacer? ¿Salvar a los curiosos? Y para los que digan que no, eso sería omisión de socorro”, asevera.

Meletlidis subraya también que para ir a ver la erupción en Islandia hay que caminar dos horas por trayecto “y eso hace que haya una baja influencia de público, siempre bajo la atenta mirada de los servicios de emergencia y en un escenario digamos 'tranquilo'”.

“Ahora imagínense la afluencia en la erupción de La Palma, donde había carreteras por todos lados y podías llegar conduciendo”, plantea.

Además, recalca que “desde el día uno” de la erupción las coladas estaban alcanzando edificios, cultivos, infraestructuras, por lo que para verlas de cerca “obligaría a meterse en la zona donde actuaban los servicios, dar prioridad a los curiosos antes que a los afectados. ¿Les parece correcto?”, se pregunta.

“¿Qué aportaría el acercamiento a las coladas a una persona ajena del mundo de la ciencia? ¿Una foto para sus redes? ¿Eso es suficiente para que uno ponga en peligro su vida y la vida de los demás?”, abunda.

Por último, anota que en la erupción del Fagradalsfjall “también hay peligros: un cambio de la explosividad o la exposición a los gases. Hay mucho SO2 (dióxido de azufre) pero, debido a la baja explosividad, se los llevan los vientos dominantes en la superficie”.

“¿Y cómo sabemos que no va a cambiar el comportamiento en la erupción de Fagradalsfjall? Pues no lo sabemos, pero, en general, las fases más explosivas están al inicio de la erupción”.

En el caso de Islandia, cuando no se trata de un volcán ya “hecho”, la probabilidad de que cambie el comportamiento es “muy baja”, porque el magma que alimenta esta erupción viene directamente del manto superior y no le ha dado tiempo para evolucionar y así acumular gases, explica el experto.

A eso se suma que no hay un glaciar cerca o que por ahora no ha encontrado un cuerpo magmático “más evolucionado”.

A modo de conclusión, Meletlidis aconseja ante una erupción “sentido común, escuchar a los que gestionan, que al fin y al cabo son los que se la juegan, y disfrutar de la naturaleza siempre con prudencia”.

Y añade: “Deberíamos estar orgullosos de que en una erupción que ha durado 85 días -la de Cumbre Vieja- no hemos tenido ninguna víctima directa”.

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