Espacio de opinión de Canarias Ahora
Por la boca muere el pez
No me extenderé en la valoración de las medidas. La evidencia de que cargan el peso de la crisis, como ya hiciera el PSOE, sobre los paganinis de siempre está ahí y pienso que poco van a contribuir a la reactivación económica más allá del bolsillo de los beneficiarios de la mayor precarización laboral y del desmontaje del Estado de bienestar, que a eso van. Lo que interesa aquí es insistir en que es necesario, como lo era cuando gobernaban los psocialistas, que las relaciones Gobierno-oposición no se rijan por el estilo del PP; aunque sin pasar por alto el intento de que olvidemos su línea de oposición ni el cinismo de exigir un trato que no le concede a los demás aun a costa de los intereses del país.
Montoro, cómo no, recurrió al viejo expediente de atribuir las dificultades actuales a la herencia recibida. No se plantea, por supuesto, que una parte de ese legado se debe a la actitud opositora de su partido y de él mismo, que le dio al pico de mala manera. Aunque también es verdad que todavía no ha llegado, en estos primeros compases, al grado que alcanzó en su día Aznar, como acaba de recordar el memorioso Fernando Garea, en El País. Aseguró entonces Aznar que encontró vacías las arcas de la Seguridad Social y que Felipe había dejado de perseguir a 600 “amigos” y perdonado deudas por un importe de 200.000 millones. Se nombró una comisión parlamentaria de investigación que no encontró fundamento a las tremendas acusaciones; que sirvieron, no obstante, para comenzar a proyectar la imagen de un PSOE que maneja los dineros públicos con la ligereza del pródigo; imagen que, por supuesto, estuvo presente en las encarnizadas n las arremetidas contra Zapatero de un encarnizamiento tal.
El PP hizo una oposición fuera de toda lógica. El afán de aprovechar la desinformación y la ignorancia que todavía padecemos para catapultarse a La Moncloa lo llevó a excesos y deberá pechar ahora con las consecuencias. Desde luego, harían muy mal los psocialistas de intentar devolverle la moneda porque por encima de los intereses partidistas están los del país. De momento, han prometido que no lo harán pero, qué quieren, me parece excesivo que Montoro, de los que más ha rajado, espere a la primera de cambio su colaboración poco menos que incondicional.
En fin, que Montoro llega sembrado. Se reunió con los consejeros de Hacienda de las comunidades del PP y proclamó su respeto por las autonomías. Tanto respeto que a renglón seguido las amenazó con sanciones a poco no sigan las indicaciones del Gobierno central contra el déficit. No niego que haya comunidades que se han pasado (las del PP las primeras, dicho sea de paso) pero me parece que proclamar el respeto al otro momentos antes de entrarle a la trompada no es muy congruente. Y como telón de fondo algo que ya se percibe: los desacuerdos de Montoro y Guindos. Las matizaciones del primero a manifestaciones del segundo indican que esa es la razón de que Rajoy no nombrara vicepresidente económico. Me da en la nariz de que en cuanto Rajoy considere pagados a Montoro los servicios prestados con un tiempito en el Gobierno, prescindirá de él. Es una temeridad apuntarlo, pero, qué quieren, no descarto que venga por ahí la primera crisis de Gobierno.
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