Eólica marina para Gran Canaria, ya
El pasado martes 7 de abril, representantes del sector energético, del ámbito marítimo y portuario, del tejido empresarial, de las universidades, de los centros de investigación, de las organizaciones profesionales y sindicales y de las administraciones públicas, nos reunimos en el Cabildo de Gran Canaria para firmar una carta dirigida a la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que recoge una posición compartida en la que se solicita avanzar, sin más dilaciones, en la convocatoria de la primera subasta de eólica marina y que informa a la sociedad grancanaria de esta unidad de acción para conseguirlo.
El acto se convocó, de esta manera plural, en colaboración estrecha con el Clúster Marítimo de Canarias, como una expresión firme de que esta isla está preparada para dar ese paso adelante. Y refleja algo muy importante: que estamos ante una oportunidad que solo puede abordarse desde una visión compartida y desde una acción conjunta. Nos reunimos para exigir la eólica marina para Gran Canaria, pero en realidad estamos hablando de algo más profundo: estamos planteando cómo queremos que sea el futuro económico, energético e industrial de Gran Canaria, porque la eólica marina no es una tecnología más dentro del mix energético, es una de las pocas herramientas que tenemos para avanzar simultáneamente en tres objetivos que son clave para nosotros: reducir nuestra dependencia energética, diversificar nuestra economía y generar empleo cualificado vinculado a sectores de futuro. Por eso este no es un debate técnico, es una decisión política en el sentido más amplio del término.
En los últimos años se han producido avances importantes en España en este ámbito. Se han aprobado los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM), se ha definido un marco regulatorio básico y se han delimitado las zonas donde esta tecnología puede desarrollarse. Todo eso era necesario y lo valoramos. Pero también debemos decir con claridad que no es suficiente si no se traduce en decisiones concretas, porque a día de hoy, la eólica marina en España no ha comenzado y, mientras tanto, el resto de Europa avanza, consolida industria, genera empleo y captura inversión. Y en este tipo de procesos, el tiempo no es neutro: quien llega tarde pierde posiciones que luego son muy difíciles de recuperar.
Gran Canaria no quiere llegar tarde, y no lo decimos desde una lógica de reivindicación, sino desde una lógica de coherencia. Nuestra isla cuenta con una planificación energética clara, definida en la Agenda de Transición Energética de Gran Canaria, que reconoce que en un sistema aislado como el nuestro no basta con aumentar la potencia renovable, sino que es imprescindible incorporar tecnologías que aporten estabilidad.
La eólica marina flotante responde exactamente a esa necesidad, porque ofrece una generación más constante, complementaria a la solar y capaz de reducir de forma efectiva nuestra dependencia de combustibles fósiles. Pero además, y esto es fundamental, la eólica marina es también una oportunidad económica de primer nivel.
Los estudios disponibles, y en particular el análisis elaborado por el Clúster Marítimo de Canarias en el marco del proyecto aliSEAos, ponen cifras a esa oportunidad. Un despliegue de eólica marina de en torno a 500 megavatios puede generar miles de millones de euros de impacto económico en Canarias y miles de empleos vinculados a una nueva industria. No hablamos de expectativas teóricas, sino de escenarios construidos con rigor que muestran el potencial real de esta actividad.
Igualmente, la universidad de Comillas ha señalado en un estudio reciente que la eólica marina en Canarias es más competitiva que en cualquier espacio marítimo peninsular. Que en este archipiélago es viable económicamente a corto plazo.
Pero también debemos ser honestos: ese impacto no está garantizado y depende de cómo se diseñe el desarrollo de esta tecnología y, sobre todo, de la capacidad que tengamos para integrar a nuestro tejido empresarial en la cadena de valor. Porque la eólica marina no es solo la instalación de aerogeneradores en el mar, sino una cadena industrial compleja que abarca desde la ingeniería y la fabricación hasta la logística, la instalación, la operación y el mantenimiento, y que abre oportunidades también en ámbitos como la economía circular.
Gran Canaria tiene capacidades en muchos de esos espacios: cuenta con un sector marítimo-portuario con experiencia, con empresas preparadas, con conocimiento técnico y con una posición estratégica en el Atlántico que puede convertirla en un nodo logístico de referencia, lo que permite hablar de diversificación económica real y no de una oportunidad abstracta.
Este desarrollo, además, no se plantea de forma aislada, sino integrado en un modelo energético que ya estamos construyendo, en el que la generación renovable debe ir acompañada de almacenamiento, de gestión inteligente de la demanda y de electrificación de distintos sectores productivos. Por eso pedimos también un nuevo concurso de concurrencia competitiva que se cimiente en la flexibilidad del sistema y en el almacenamiento e, igualmente, insistimos en crear un marco retributivo propio para las islas. Infraestructuras como el Salto de Chira forman parte de ese modelo y refuerzan la viabilidad de integrar nuevas fuentes de generación como la eólica marina. Y lo queremos ampliar sumando la presa de Las Niñas.
Hay otro asunto de enorme calado que no podemos obviar. La guerra de Irán nos sitúa en un escenario de inseguridad brutal. Se puede producir un “shock” mundial de imprevisibles consecuencias. Por eso la necesidad de avanzar en un mix energético de eólica marina, de eólica en tierra, de fotovoltaica, de autoconsumo, de geotermia, de hidrógeno verde…apoyado en almacenamiento hidráulico y en baterías. En las cotas más altas que podamos de soberanía energética.
Conviene recordar también que Gran Canaria ya ha participado activamente en la fase de planificación. Durante la elaboración de los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo, el Cabildo trabajó con el Gobierno de España y con el Gobierno de Canarias para adaptar las zonas a la realidad insular, introduciendo ajustes relevantes como el alejamiento de las zonas a seis kilómetros de la costa aproximadamente para reducir el impacto paisajístico y mejorar la compatibilidad con otras actividades. No fue fácil, pero llegamos a un acuerdo. Es decir, la planificación ya se ha hecho, ha habido diálogo y se han alcanzado equilibrios. Por eso, lo que hoy planteamos no es abrir un nuevo debate, sino avanzar.
El ministerio ha iniciado recientemente una consulta pública, y queremos decir con claridad que valoramos ese paso y entendemos su utilidad, pero también debemos señalar que la eólica marina en España no necesita solo consultas, sino decisiones. Entendemos igualmente que en un momento como el actual se haya querido trasladar una señal en vísperas de un encuentro internacional relevante como WindEurope, pero precisamente por eso creemos que esa señal debe ir acompañada de decisiones concretas.
La eólica marina necesita calendario, necesita seguridad para el sector y necesita que se convoque la primera subasta, porque sin ese paso todo lo demás se queda en planificación y la planificación por sí sola no genera ni energía, ni empleo ni actividad económica.
Por ello hemos querido trasladar al Gobierno de España una petición clara: que se dé ese paso sin más dilaciones y que se convoque la primera subasta incorporando a Gran Canaria en ese primer impulso, no como una excepción, sino como una oportunidad para demostrar que este modelo puede funcionar. Proponemos que ese primer paso se materialice en un proyecto comercial piloto en Gran Canaria: un proyecto real, operativo y replicable, que permita activar la cadena de valor y generar un efecto demostrador para el conjunto del país.
Y junto a ello, queremos plantear una cuestión que consideramos fundamental, porque este no es solo un debate sobre energía, sino sobre modelo económico: para que el desarrollo de la eólica marina flotante genere el impacto socioeconómico que Gran Canaria necesita, la integración de nuestro tejido empresarial en la cadena de valor debe ir más allá de una declaración de intenciones. Aunque valoramos positivamente el objetivo de diseñar un modelo que favorezca la integración local, consideramos imprescindible establecer metas cuantificables, porque solo garantizando un porcentaje mínimo de participación de la industria local podremos asegurar que este sector se convierta en un verdadero motor de desarrollo para nuestras empresas y para la isla.
En definitiva, estamos ante una decisión que va más allá de la energía, una decisión sobre el papel que queremos que tenga Gran Canaria en el futuro y sobre nuestra capacidad para aprovechar una oportunidad que ya está en marcha en otros territorios. Y lo que hoy queremos trasladar, con serenidad, pero también con claridad, es que esta isla está preparada, que ha hecho su parte de la tarea y que ha llegado el momento de que esa preparación se traduzca en decisiones concretas por parte del MITECO. Pedimos alto y claro, por tanto, la eólica marina para Gran Canaria, ya.
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