Más mujeres al mando, siempre
En enero de 1988, el PSOE celebró su XXXI congreso federal en el que se aprobó que las cuotas de presencia de las mujeres lo fueran en un porcentaje de no menos del 25% para todos los órganos de dirección del partido. Una acción de discriminación positiva que es la única que funciona de verdad a la hora de procurar la igualdad entre mujeres y hombres. La mayor impulsora de aquella medida fue la diputada socialista Carmen Romero: la que le llovió encima, dentro y fuera del partido. “Sin su fuerza e impulso, seguro que hoy la presencia de la mujer en las Cortes no sería ni la mitad de lo que es” me recuerda Mariángeles Leganitos Pérez, que estuvo de reportera encubierta en el congreso de los diputados trabajando para el casi centenario semanario “La Voz de Piñor”, ya desaparecido. La periodista Leganitos hoy está muy enfadada. Por eso sola y sólo quiere recordar en este 8 de marzo a Carmen Romero, lo que vino después no le parece de comparable enjundia. Y toda la división, escisión o discusión que entorpece al feminismo, no le merece ni un comentario. “Porque no quiero caer en la nostalgia, ni en la melancolía, ya estoy triste en demasía”.
Así que nos fuimos a “Del Diego”, quizás la coctelería más barcelonesa de Madrid, y nos tomamos todos los “Old Fashioned” que nuestros sexagenarios cuerpos pueden aguantar. “Siempre está mejor el tercero” le dije sin trastabillar en exceso. “Es que el tercero es la antesala del precipicio” apostilló ella. Perecimos en la alegría con mucha dignidad, lo cual nos permitió cenar ligeramente en “El Cacique”, solo tartar de atún, e intercambiar preferencias entre Simone de Beuavoir y Virginia Woolf. Como sabe, le dije, o escribí aquí, que estoy disfrutando con la biografía que escribió sobre ella su sobrino Quentin Bell (magistralmente traducida por Marta Pesarrodona), solicitó sendos taxis y nos despedimos casi cantando el final de las “Iluminaciones” de Rimbaud: “Arrière ces superstitions, ces anciens corps, ces ménages et ces âges. C’est cette époque-ci qui a sombré!”. Nos pareció muy apropiado.
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