Similitudes entre Cuna del Alma y La Tejita
Lo que está ocurriendo en enclaves como el Puertito de Adeje o en la Playa de La Tejita, no son casos aislados, sino señales de un patrón recurrente en el litoral canario.
A simple vista, ambos escenarios pueden parecer distintos. En La Tejita, el foco ha estado en la implantación de un proyecto hotelero en un entorno de alto valor ambiental, junto al espacio protegido de Montaña Roja. En el caso de Cuna del Alma, el debate ha sido más amplio: impacto territorial, patrimonial y modelo de desarrollo en una de las últimas zonas costeras relativamente naturales del sur de Tenerife.
Pero si se observa con atención, ambos comparten una misma lógica de fondo: la presión progresiva de usos turísticos sobre el dominio público marítimo-terrestre y sus zonas de protección.
En La Tejita, la arena se acumuló contra vallados y elementos de la propia obra, llegando en algunos puntos a cubrirlos parcialmente. No es un detalle menor. Es una evidencia física visible de que la costa es un sistema dinámico, donde el viento y el mar siguen modelando el territorio.
Desde un punto de vista técnico, este tipo de procesos es coherente con la dinámica sedimentaria propia de sistemas dunares activos y refuerza la idea de que la línea de ribera del mar no es estable ni inmutable. Por ello, el ordenamiento jurídico prevé mecanismos de adaptación, como la revisión del deslinde. Aunque esa revisión en ciertos casos llegue tarde.
Sin embargo, la planificación urbanística no siempre incorpora esa misma lógica dinámica. En términos simples, el planeamiento tiende a proyectar sobre el territorio una imagen estática —mediante la delimitación de usos sobre superficies fijas—, mientras que el litoral evoluciona de forma continua.
A ello se añade un elemento relevante: esa imagen estática adquiere un carácter particularmente rígido debido a la complejidad administrativa y temporal inherente a la elaboración o modificación de los instrumentos de ordenación. En la práctica, esto dificulta que la planificación pueda adaptarse con la misma agilidad que los procesos naturales que actúan sobre la costa.
No obstante, la normativa de costas establece límites claros en la franja de servidumbre de protección, concebida no como suelo disponible para nuevos usos, sino como un espacio de restricción de usos destinado a preservar la integridad del litoral. En este contexto, la implantación de elementos como piscinas, soláriums o zonas recreativas vinculadas a establecimientos hoteleros plantea una cuestión relevante: hasta qué punto determinados usos pueden considerarse compatibles con la función protectora de esta franja o encuadrarse como meras “instalaciones al aire libre” al servicio de una explotación privada.
Lo que une a La Tejita y Cuna del Alma es precisamente esa tensión entre la interpretación de lo permitido y la realidad física cambiante del litoral, que no siempre queda adecuadamente reflejada en los instrumentos de planificación o en las autorizaciones administrativas.
En ambos casos, además, se añade un elemento común: el valor paisajístico y ambiental del entorno constituye parte esencial del propio atractivo turístico que se pretende explotar. Esto introduce una paradoja evidente: la actividad económica se apoya en un recurso natural cuya alteración puede comprometer su sostenibilidad futura. A fin de cuentas, el atractivo del propio producto turístico radica, en gran medida, en la playa y el paisaje que lo rodean.
Así, desde una visión puramente económica Canarias depende del bienestar de su litoral, pero ese mismo litoral es un sistema frágil, limitado, dinámico y por qué no decirlo; tensionado. La presión por ocupar cada tramo disponible entra en tensión con una realidad cada vez más evidente, ya que no todo el suelo próximo al mar puede, ni debe, soportar usos intensivos. Habrá casos en los que la naturaleza quiera recuperar su espacio, como en playa del inglés.
Por eso digo que La Tejita y Cuna del Alma son expresiones, no excepciones, de un modelo turístico que se enfrenta a sus propios límites físicos, jurídicos y ambientales.
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