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El síndrome del trabajador quemado, una enfermedad reconocida por la OMS sin protocolo de actuación en Canarias

El 89% de los profesionales del SCS ha contestado en una cuesta que “nunca” le han informado de los riesgos físicos, psíquicos y biológicos implícitos en su área de trabajo

La presidenta de la Casa del Funcionario, Fanny Barreto, asegura que “la prevención es el pilar básico para que los trabajadores no lleguen al último estadio de la enfermedad”

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Foto: Pexels

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Se suele dar en las personas más motivadas con su trabajo, que son bastante vocacionales, las que viven su trabajo como algo muy importante en sus vidas… El síndrome del trabajador quemado (SQT) o ‘burnout’ se desarrolla como un mecanismo de afrontamiento y autoprotección frente al estrés generado por la relación profesional-cliente y por la relación profesional-organización, así lo definía en 2003 el Centro Nacional de Condiciones de Trabajo. Normalmente deriva en un deterioro cognitivo, afectivo y actitudinal en el trabajador. El pasado mes de mayo fue incluido en la Clasificación Internacional de Enfermedades por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero lo cierto es que este síndrome está en el aire sin un protocolo de actuación que prevenga todas las consecuencias que puede tener para un trabajador o la organización a la que pertenece.

El síndrome del trabajador quemado se desarrolla por “una exposición al estrés” de cinco a ocho años, así lo explica la presidenta de la Asociación la Casa del Funcionario, Fanny Barreto, quien afirma que es cada vez es más frecuente que se de entre los trabajadores del Servicio Canario de Salud (SCS). La llegada de la crisis económica hizo que desde 2011 comenzaran los recortes de personal y material, “todo esto ha derivado en una sobrecarga en el personal y en la disminución de las condiciones de trabajo que antes teníamos, con lo cual todo eso a medio y largo plazo pasa factura”, asegura. 

Barreto sufrió el síndrome del trabajador quemado, de hecho, fue la primera sentencia que se ganó en Canarias en el reconocimiento de esta enfermedad. La continua exposición a la sobrecarga de trabajo que tenía le desembocó en la enfermedad, algo que cree que se ha ido generalizando en todo el SCS e incluso en el Sistema Nacional de Salud. “Es normal que lo que nos pasó a nosotros hace un tiempo le esté pasando al resto de profesionales”, considera. 

El pasado mes de febrero desde la asociación se comenzaron a hacer unas encuestas anónimas entres los trabajadores del SCS con el objetivo de conocer los porcentajes de trabajadores de todos los ámbitos que estaban expuestos a un exceso de trabajo y no se buscaban soluciones para la prevención. El sondeo se llevó a cabo entre trabajadores de grandes hospitales y de atención primaria, fundamentalmente en Las Palmas de Gran Canaria. 

Los datos son, cuanto menos, curiosos. Más del 65% de los profesionales que respondieron a la encuesta consideran que podrían estar “quemados” o “quemándose” en su puesto de trabajo y más del 74% reconoce que ha padecido o padece problemas psíquicos o físicos relacionados con la excesiva sobrecarga asistencial o con conflictos laborales. Sin embargo, solo el 29% conoce lo que es el síndrome del trabajador quemado. 

Los datos revelan que a más del 66% de los trabajadores el SCS les ha realizado un estudio en relación a las cargas de trabajo que tienen, y el otro casi 30% desveló que ni siquiera sabía si se había realizado o no. Apenas un 4% admitió que sí. Asimismo, el 89% de los encuestados afirma que “nunca” les han informado de los riesgos físicos, psíquicos y biológicos implícitos en su área de trabajo. Una cifra que llama la atención debido a los peligros a los que pueden estar expuestos los profesionales que trabajan con personas con enfermedades, que usan material muy específico y técnico con graves consecuencias si no se manejan con cierta precaución. 

Barreto insiste en la obligación de actuación por parte de la empresa, en este caso pública. “En los cuestionarios la gran mayoría reconocía que nunca se le había hecho un estudio psicosocial, la ley obliga a que tu empresa cada año te haga uno”, explica. “Muchos de ellos en su vida les habían hecho un chequeo”, reprocha. Todo esto teniendo en cuenta que el 79% de las personas que participaron en el sondeo llevan más de 10 años trabajando en el SCS. El 35% más de 20, por lo que han pasado las consecuencias de la crisis económica. 

Barreto explica que los síntomas empiezan a somatizarse con el mal humor y asegura que una de las características del síndrome culpa a una persona, “puede ser el paciente, un compañero, tu jefe, pero al final lo pagas con terceras personas”. “Al final desde todas las partes se está pagando la precariedad en las condiciones de trabajo”, indica. 

El psicólogo de psicologíalaspalmas.com Marcos Martín del Castillo, señala que el síndrome del trabajador quemado es “el resultado de unas demandas excesiva ante la incapacidad de respuesta de la persona que está ahí”. “Es como si el sistema se ha agotado”. El trabajador ante la “imposibilidad” de poder cumplir sus expectativas “empieza a somatizar las manifestaciones del estrés que no deja de ser un afrontamiento insuficiente a unas demandas”

Martín del Castillo cree que la necesidad de abaratar los costes por parte de las empresas hace que las cargas sobre los propios trabajadores “lleguen a ser excesivas”. De igual forma, opina que hay un intento de “maximizar” los recursos sin tener en cuenta al profesional. El psicólogo explica que el SQT se puede detectar a través de una serie de exámenes en los que se analizar lo que tiene que ver con las cargas, su capacidad adaptativa, como cambia el puesto de trabajo… “Se pueden hacer medidas empresariales, cambiar las condiciones, redistribuir cargas de trabajo, un buen análisis de los puestos de trabajo…”, apunta. 

Barreto hace el símil del síndrome de ‘burnout’ con un fósforo. “Es como una cerilla, si te cojo al principio se puede apagar. Si me preocupo de ti y te cuido puedes volver a tener ilusión y reincorporarte al trabajo”. Pero, reconoce que, en los casos que conoce, la mayoría termina abandonando su profesión. 

“Probablemente en Francia o Inglaterra habrá gente que ha desarrollado un queme hacia su profesión, pero en estos paises se ponen medidas preventivas que hacen que el trabajador pueda volver a incorporarse". El problema está en que cuando la mayoría de trabajadores lo detectan ya están en el último grado de la enfermedad, por lo que renuncian definitivamente. “La prevención es el pilar básico para que la gente no llegue al último estado”, subraya.

Barreto cree que en general hay “vergüenza” a denunciar. Además, en otras muchas ocasiones, hay un gran desconocimiento. “Mucha gente piensa que es así, es el trabajo y ya”, asegura. “Cuando empiezas a enfermar y a tener síntomas de dolor es cuando empiezas a darte cuenta”.

El Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo explica las medidas que se deben llevar a cabo desde las organizaciones empresariales para prevenir el burnout y las encuadra en tres niveles de actuación: organizativas, regulando las interacciones entre empresa y trabajador e individuales, focalizadas en el trabajador. Sin embargo, a pesar de que es una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud, el síndrome del trabajador quemado sigue siendo un gran desconocido para la población.

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