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La vida de los indestructibles de África: once historias para tender puentes desde Occidente

Alfons Rodríguez y Xavier Aldekoa en la exposición 'Indestructibles' que ofrece Casa África. Las fotografías pertenecen a la historia 'Los niños de la paloma de Beire', que a través del niño José Albino narra la pobreza en Mozambique.

Más de 8.400 personas han sobrevivido en lo que va de año a la ruta migratoria hacia Canarias desde África Occidental a bordo de pateras o cayucos, una de las más peligrosas del mundo. Las llegadas en medio de la pandemia de la COVID-19 han evidenciado la falta de previsión, desde las Islas hasta Bruselas, para dar una respuesta adecuada. Centenares de personas han tenido que pasar la noche al raso en un muelle mientras entre la población se sucedían reacciones racistas. Pero si el foco se pone en el continente vecino, las realidades se amplían y se tornan mucho más profundas.

“La mayoría de africanos no quiere venir a Europa. Más del 70% de las personas que han dejado su hogar para irse a otro sitio van a otros países. Y hay un porcentaje muy pequeño que sí decide arriesgarse”, explica Xavier Aldekoa, periodista que lleva 18 años cubriendo múltiples conflictos y temáticas por todo el continente. Alfons Rodríguez, fotógrafo y realizador documental que ha desarrollado su labor en más de 100 países de los seis continentes, añade que “alguien que puede conseguir esos miles de dólares que cuesta el viaje, como el transporte o la manutención, sí va hacia Europa. Pero quien no puede se va a un país vecino en busca de una oportunidad”.

Y las migraciones en países africanos o hacia Asia dejan también muchas “cicatrices”, según Aldekoa. La externalización de fronteras que aplica la Unión Europea ha propiciado que en Níger o Argelia no se deje transitar a las personas migrantes “y eso ha provocado más muertes porque las mafias que los llevan al desierto tienen miedo de que la policía les meta en la cárcel y deciden abandonarlos en el desierto y los dejan morir”. Y desde Etiopía a Arabia Saudí, que es una de las rutas más desconocidas, “es de las peores del mundo”, pues “al llegar, después de haber sido torturados, son deportados” y vuelven a su país sin recibir “ningún tipo de cuidado ni de ayuda”. Pero también hay otros casos de acogida que ven las migraciones como una oportunidad: “Se dice que Uganda es uno de los ejemplos en política migratoria por como ha sabido gestionar toda esa ola de refugiados de Sudán del Sur. El Gobierno les daba trozos de tierra para que las cultivaran y eso beneficiaba a la sociedad del entorno”.

Según la ONG Caminando Fronteras, en 2019 unas 893 personas no consiguieron alcanzar su destino en la ruta migratoria hacia España, la mayoría en Canarias, con 365 víctimas y solo 79 cuerpos recuperados. Aún conociendo los riesgos que entraña alcanzar las islas en pateras o cayucos, deciden embarcarse “por la esperanza de un futuro mejor”, dice Aldekoa. “Esto es algo normal y todos lo haríamos. Es una migración eminentemente motivada por el amor, que ha sido el motor más fuerte de la humanidad. Muchos chicos que nos hemos encontrado no arriesgarían sus vidas ni su futuro si no fuera para mejorar la vida de los suyos. Porque si nosotros hablamos de si cruzaríamos el mundo por un coche mejor o una casa más bonita, prácticamente todos diríamos que no. Pero si hablamos de la libertad de nuestra familia o el futuro de nuestros hijos, ahí nos empezamos a entender. Hay una posibilidad de arriesgar tu vida porque lo que hay detrás es una motivación suficiente”. 

Por ello, Aldekoa considera “deleznable que se les quiera cambiar la posición de víctima a gente que deja sus casas, que se arriesga a morir en el desierto o ahogados en el mar”, que se les señale “como los que vienen a robar, a quitarnos nuestra cultura”, algo que interesa sobre todo a “políticos populistas, de extrema derecha”. En este sentido, afirma son los políticos de España y la Unión Europea los que deben tomar las riendas, “estar a la altura y considerar la inmigración como una oportunidad para todos”, porque los problemas derivados de las migraciones “no pueden caer en las espaldas de los más pobres”. Pero la responsabilidad a la hora de “empatizar” y ponerse “en el lugar de una personas que se están jugando la vida literalmente”, añade Rodríguez, “debe ser compartida”, desde desde un barrio en Las Palmas de Gran Canaria a los más altos estamentos en Bruselas.

Tender puentes

“Es imposible hacer una radiografía exacta de lo que ocurre en África. Es impresionantemente grande y diverso. No solo son 55 países, sino que cada uno tiene una diversidad enorme”, explica Aldekoa, quien reconoce que “cubrir el continente africano es una derrota anticipada”. Pero sí cree que es posible ofrecer miradas e historias que ayuden a tender puentes desde Occidente para generar ese “don que no cae del cielo”: la empatía. Fruto de esta idea nació el proyecto Indestructibles, en colaboración con Rodríguez.

Hawa es una joven de 18 años que quiere ser fotoperiodista en Gambia, una profesión históricamente masculina en ese país; Paulo, huérfano en Guinea Bissau, tiene la necesidad de crecer antes de tiempo y para hacer frente a la incertidumbre de cumplir 18 años y tener que salir del orfanato, aprende y perfecciona cada día el oficio de costurero; Giovana, de 15 años, sueña con ser cantante en su pueblo pesquero de Cabo Verde gracias a la llegada de energía solar que le permite escuchar canciones nuevas en la radio de su tío o en el móvil de un amigo.

Durante dos años Rodriguez y Aldekoa han recorrido diez países africanos para contar once historias de seis chicas y cinco chicos de 0 a 18 años que funcionan como el Aleph de Jorge Luis Borges, ese pequeño prisma a través del que se puede ver todo lo que sucede en el mundo. “África es el continente del futuro, la región más joven del planeta con una media de edad de 19 años y que será muy importante en el mundo. En 2050 dos de cada tres bebés que nazcan serán africanos”, reza la descripción del proyecto en su web.

A partir de la historia de Hawa, se explica el avance del feminismo en África. “Uno de los días estuvimos con ellas en una playa a donde llegan cada día cayucos con mucho pescado. Allí los pescadores son hombres y las mujeres lo limpian y comercializan. Cuando entramos había centenares de personas y muchos de ellos varones; a pesar de nuestro aspecto de occidentales nadie nos hacia caso: todo el mundo focalizaba la atención en ellas, las señalaban y se reían. Y se sentían poderosas. Ese intento de querer ser fotoperiodista siendo jóvenes y en Gambia las empoderaba. Además, participaban en un programa de radio sobre feminismo y eso también es un momento de empoderamiento”, relata Rodríguez.

Pero también la irrupción de las energías renovables va de la mano de Giovana o las dificultades a las que se enfrentan los 52 millones de huérfanos que existen en el continente se muestran a través de la vida de Paulo. “Si dedicamos pausa y tiempo a las historias descubres que los protagonistas tienen una complejidad y una dignidad que nos acerca. No somos tan diferentes de anhelos, de sueños, de esperanza, de amor. Cuando hablamos de estas cuestiones que van más allá de la herida, de lo que les está ocurriendo a esas personas, vemos que la empatía es mucho más fácil.”, remarca Aldekoa. 

Sin olvidar tampoco las cicatrices del continente con Kandji, que sobrevivió a la malnutrición en Malí; Rodrigue y Gloire, niños soldados en la República Democrática del Congo o Margaret, una niña de 13 años obligada a casarse con un hombre que le dobla la edad, Aldekoa y Rodriguez reivindican “el valor del intento”. Reconocen que no saben si los chicos o chicas llegarán a cumplir sus metas pero “por eso son indestructibles, por su afán de superar sus situaciones”.

“En occidente se valora demasiado la victoria, como si solo valieran las cosas si se consiguen. En una parte del mundo eso no es lo normal. Y el valor del intento es muy importante para que las sociedades avancen. Son historias que explican un intento, no un éxito”, añaden.

PLAYING THE WIFE (English & Spanish subs) from ALFONS RODRIGUEZ on Vimeo.

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Publicado el
17 de octubre de 2020 - 17:57 h

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