El papa León XIV se despide de España con una misa marcada por la herida migratoria del Atlántico

El papa León XIV celebró este viernes una misa multitudinaria en el puerto de Santa Cruz de Tenerife en su último día de viaje a España.

Raquel de Blas / EFE

12 de junio de 2026 16:31 h

0

La llegada de la migración por mar a Canarias, silenciosa, vulnerable y persistente, se ha hecho visible este viernes en la dársena del puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde León XIV ha presidido la misa de cierre de su viaje a España: al fondo, casi como una presencia inevitable, tres cayucos convertidos en una imagen tan hermosa como incómoda.

Ante cerca de 40.000 fieles y con las dos imágenes más queridas y veneradas por los tinerfeños, la Virgen de candelaria y el Cristo de La Laguna, presidiendo el altar, el Papa se ha despedido de España con el foco puesto en la realidad migratoria que marca el día a día al archipiélago como frontera y ruta mortal para quienes buscan una vida mejor.

El papa León XIV celebró este viernes una misa multitudinaria en el puerto de Santa Cruz de Tenerife en su último día de viaje a España.

Desde primeras horas de la mañana, el puerto de Santa Cruz se ha ido llenando de fieles llegados de todos los rincones de la isla de Tenerife y también de otras islas, como El Hierro, punto caliente de la migración en Canarias junto al puerto de Arguineguín (Gran Canaria).

Sobre el muelle, gradas, vallas, equipos de sonido y cuatro pantallas gigantes componían el dispositivo de una gran celebración al aire libre bajo un sol de justicia. También esperaban la llegada de León XIV tres de los muchos cayucos arribados en los últimos años a las costas canarias.

La madera desgastada por la sal, los colores desvaídos y el espacio interior vacío de estas embarcaciones, colocadas este viernes sobre el pavimento del puerto, evocaban las travesías nocturnas, el hacinamiento, el miedo y la esperanza de quienes cruzan esta franja de Atlántico en embarcaciones precarias.

Antes de llegar a la dársena, el Papa ha hecho su último recorrido en papamóvil en este viaje apostólico atravesando varias de las principales vías de Santa Cruz de Tenerife, donde miles de personas se han agolpado tras las vallas para saludarlo, y seguir su paso entre aplausos y vítores.

Miles de personas recibieron este viernes al papa León XIV en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde celebró una misa multitudinaria en su último día de viaje a España.

Para reflejar la identidad insular, la escenografía del altar ha incorporado alrededor de un millar de plantas autóctonas, entre ellas cardones, tabaibas, dragos, pinos canarios y flores de esterlicia, además de picón y roca. Lo que se ha celebrado este viernes en el puerto de Santa Cruz no ha sido una misa cualquiera, sino un encuentro entre la fe y una tierra concreta.

Reflejada se ha visto también esa identidad local en las actuaciones musicales que han amenizado: Los Sabandeños, Guan Magec y Chago Melián han pasado por el escenario.

Cuando León XIV ha aparecido en el puerto, el aplauso ha recorrido la dársena como una ola. Al ritmo de chácaras de La Gomera y del himno de la visita interpretado por el coro formado para la ocasión por diversas formaciones corales, varios solistas, el organista Juan Luis Bardón y la Banda Insular de la Federación Tinerfeña de Bandas de Música, el Papa no ha parado de saludar a los feligreses.

A lo largo de la celebración, la atmósfera ha oscilado entre el recogimiento y la emoción contenida. En los cantos del coro creado para esta celebración, se mezclaban acentos canarios, peninsulares y latinoamericanos, reflejo de una iglesia que en las islas también es puente entre continentes.

Las lecturas y la homilía han insistido en la dignidad de todo ser humano, en la obligación de no acostumbrarse a las cifras de muertos en la Ruta Canaria, en la responsabilidad compartida de acoger, proteger e integrar a quienes llegan. Cada una de esas palabras parecía encontrar eco inmediato en la presencia muda de los cayucos.

Entre los asistentes, algunos con camisetas de ONG vinculadas al rescate y la acogida; otros, pañuelos con los colores de las parroquias o movimientos a los que pertenecen. No han faltado familias con niños, ancianos y jóvenes voluntarios que, entre indicación e indicación, se giraban un momento para hacer una foto con el móvil, e inmortalizar esta primera visita del al archipiélago.

Palabras de agradecimiento le ha dedicado a Robert Prevost el obispo de Tenerife, Eloy Santiago, que le ha invitado a regresar al archipiélago: “El Papa es uno de los nuestros, así lo sentimos y lo recordaremos, Santidad. El papa León XIV es también canario y en estas islas tendrá siempre su casa”, ha exclamado.

Cuando el pontífice ha impartido la bendición y se ha despedido de los fieles, la ovación ha vuelto a recorrer el puerto.

El Papa, ha dicho, se va conmovido por el recibimiento del pueblo español y por el corazón católico del país.

Las cámaras han buscado su último plano, casi siempre idéntico: León XIV ante el altar rodeado de vegetación autóctona y de las imágenes más queridas de la devoción tinerfeña y, al fondo del muelle, los tres cascos de madera apoyados sobre la dársena.

Una mosaico en el que nada ha sido accesorio y que condensa el sentido de esta última jornada: la despedida de un viaje y, al mismo tiempo, la decisión de mirar de frente una de las heridas abiertas del Atlántico desde el corazón mismo de la fe canaria. 

Etiquetas
stats