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Nueva ola de desabastecimiento de medicamentos para personas trans: “No podemos ser conejillos de indias”

Foco
María Montoya, una joven afectada por el desabastecimiento de tratamientos hormonales

Gemma Barra

18 de agosto de 2026 22:03 h

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Yessica Vela acude a su farmacia habitual en busca de su medicamento. De nuevo, comienza la pesadilla. “No lo tenemos”, le dice la farmacéutica. “¿Puedes pedírmelo, por favor?”, pregunta. Entonces, le dan la peor noticia: “No puedo, no hay en toda España, no lo están fabricando”. Es una situación a la que se enfrentan, “de forma habitual”, miles de personas trans, que sufren el desabastecimiento de su tratamiento hormonal. Cada vez que ocurre, toca “volver a empezar”.

Gabriella López y María Montoya, de 24 años y 25 años, se suelen enterar de la misma forma, aunque a veces sus endocrinas o las farmacéuticas les avisan con anterioridad: “Últimamente, están trayendo muy pocos”. En las últimas semanas, la situación ha vuelto a producirse con la escasez de los fármacos hormonales Lenzetto y Climodien.

Según el Ministerio de Sanidad, el segundo ha dejado de comercializarse a nivel mundial a petición de la empresa, pero aseguran que existen medicamentos alternativos —con estrógenos y progestágenos, la misma forma farmacéutica (comprimidos) y para la misma indicación— que permiten que no haya una laguna terapéutica. En cuanto a Lenzetto, confirman que existe un problema de desabastecimiento, que ocurre de forma global y que tiene que ver con “problemas en el procedimiento de fabricación”.

María Montoya, de 25 años, suele enterarse de que hay desabastecimiento en la misma farmacia o con el previo aviso de su endocrina.

La ginecóloga y pionera en la atención a la salud de personas trans, Rosa Almirall, coincide con el Ministerio, puesto que en todos sus años de experiencia “siempre ha habido una alternativa”, aunque “son muy pocas”. Almirall señala que al retirar uno de estos productos del mercado, se produce un “efecto cascada”, ya que las personas que se “distribuían en distintos fármacos”, ahora se concentran en uno solo, causando de nuevo “mayor probabilidad de problemas de distribución y de producción”.

Problema estructural

Independientemente de los motivos que generen la escasez o de las alternativas que puedan existir, las mujeres trans denuncian que este problema sucede “a menudo” y de forma recurrente y que, además, es perjudicial para su salud. Porque, aunque cambiar de medicamento, a priori, no es un problema, sí tiene consecuencias. “Sufrimos cambios drásticos a nivel hormonal y eso lo sufre el sistema nervioso. No puedo tener un mes 100 de testosterona y al otro tener 20 y luego 800, me va a dar algo”, subraya Gabriella.

La joven alega que sí existen estas lagunas terapéuticas, porque no a todas les van bien los mismos tratamientos. “Cada una es un mundo”, defiende. La doctora Almirall explica que se trata de un “problema estructural”, pero reconoce que “hay cuerpos que se quejan más que otros ante los cambios” farmacológicos.

La cuestión que más preocupa a las mujeres trans es la ausencia de previsión o planificación. “Cuando la farmacéutica te dice que no hay el medicamento, tienes que volver a llamar a tu endocrina y muchas veces te dice que preguntes en la misma farmacia cuáles son las alternativas”, explica Yessica. Coincide la ginecóloga Almirall, porque la actualización de los productos en escasez, que ofrece la página de medicamentos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, no es “tan inmediata”: “Los profesionales nos podemos enterar un mes más tarde y casi siempre lo hacemos porque algunas de estas personas nos avisa”.

Cambios físicos y emocionales

En una ocasión, al cambiar de medicación, a Gabriella no le funcionó correctamente porque “bloqueaba la testosterona de manera parcial” y comenzó a observar un “retroceso”. “Sentí que había vuelto años atrás. Me tenía que volver a afeitar todos los días y a maquillarme la sombra de la barba”, relata la joven. Fue, para ella, “un sentimiento horrible”: “Cuando crees que ya acabas, que estás levantando la cabeza y saliendo del pozo, viene la vida y te recuerda: 'No, que sigues aquí dentro' y te vuele a empujar. Y todo por un cambio de medicamento”.

Algo similar le ocurrió a Yessica: “Al principio de la transición tenía un tratamiento específico, mi cuerpo estaba reaccionando bien y ahí mi pecho se comenzó a desarrollar. Cuando me cambiaron los medicamentos, el desarrollo se estancó”. Cuenta que, quizás, si hubiera continuado con el mismo fármaco, “podría haber seguido creciendo”.

Yessica Vega, de 23 años, es una de las afectadas por el desabastecimiento de tratamientos hormonales.

Más allá de los cambios físicos que perciben las afectadas, también identifican problemas psicológicos. “Aunque sean medicamentos, pautas, dosis y principios activos similares, el cambio lo notas muchísimo”, indica María Montoya, para quien los peores efectos fueron a nivel psicológico: “Tenía muchos cambios de humor, irritabilidad, inestabilidad, entre otros. Son las cosas que ocurren cuando no estás bien medicada”.

En el factor psicológico inciden también el resto. Yessica cuenta que “te vuelves superirascible y comienzas a llorar cada dos por tres”. Esta cuestión se agrava cuando les comunican que ya no disponen del medicamento habitual, lo que supone un “agobio”.

Almirall cuenta que este sentimiento se debe, en gran parte, a que ven amenazado lo que “tanto tiempo han tardado en construir”: “Temen que, al dejar la medicación, vuelva la etapa horrorosa que recuerdan. Son personas que, incluso antes de tomar tratamientos, han vivido mucho dolor, bastante rechazo y muchas de ellas han llegado a la hormonación ya bastante dañadas emocionalmente”.

La ginecóloga explica que cambiar de medicación no supone “efectos a largo plazo”, porque “las cantidades y principios activos son los mismos”. Se trata de una cuestión de comodidad y de angustia y aunque admite la existencia de alternativas, lo “difícil” es llegar a ellas. Primero es un shock. “Me quedo sin el medicamento que necesito y no sabemos cuando volverá”, resume Almirall sobre las vivencias de sus pacientes.

La especialista trata de rebajar la inquietud: “No conozco personas que hayan estado más de tres meses sin medicamentos. Si el cambio es por una dosis similar de estrógenos, en el cuerpo a largo plazo no tiene ningún efecto”. Reconoce que estos miedos son habituales y por mucho que les diga que su cuerpo “no va a cambiar en dos meses”, entiende que “cada una lo vive como puede” y que el efecto emocional está presente.

Gabriella López, de 24 años, posa con la bandera LGTBIQ+.

Fórmulas magistrales

María Montoya recuerda una ocasión en la se quedó sin alternativas y tuvo que recurrir a una fórmula magistral —se trata de un medicamento personalizado para un paciente específico, que se prepara en el laboratorio de una farmacia o de un hospital siguiendo una receta médica—. “Después del covid, tomaba un medicamento, pero hubo desabastecimiento y me dieron Progynova. También se quedaron sin él, así que fui al endocrino y me recetaron Perifem, pero al mes se agotó. Miraron otras opciones, pero tampoco había”, relata. La solución fue una fórmula magistral elaborada por la farmacia de su pueblo: “Estuve un año y medio con ellas”.

Yessica tomó la misma decisión: “Estaba cambiando cada dos por tres de principio activo y le dije a mi doctora: 'Recétame una fórmula magistral que al menos me dure un año'”, detalla. Aunque admite que es “mucho más costosa”, no tenía que cambiar de pastilla. Ante los problemas de desabastecimiento que están produciéndose, ambas se plantean pedir de nuevo una receta magistral: “Me voy a gastar un dineral, cerca de 500 o 600 euros, pero me curo en salud”.

Pese a que la ley para la igualdad real y efectiva de las personas transexuales vela en el artículo 59 por el abastecimiento de los medicamentos más empleados y promete supervisar su suministro, a fin de evitar episodios recurrentes de desabastecimiento, estos continúan produciéndose. Mientras, diversas plataformas y personas del colectivo llevan años denunciando esta problemática. “Tenemos derecho, pero luego mira por dónde acaban nuestros derechos. Si me tratas como persona de primer nivel, trátame así en todos los sectores”, denuncia Yessica.

Tanto Yessica como Gabriella insisten en que debería elaborarse una terapia específica para mujeres trans. Yessica muestra su cansancio: “Nos han cambiado de tratamiento un montón de veces. No podemos ser conejillos de indias”.

Gabriella considera que estos cambios se deben a intereses económicos de las farmacéuticas. “Hacen pastillas similares a las anticonceptivas que tienen estrógenos y así pueden abastecer a distintos tipos de personas: mujeres que no quieren quedarse embarazadas, menopáusicas y trans. Así les sale mucho más rentable”, cuenta. Según indica, y coincidiendo con la explicación de Almirall, los estrógenos son “fármacos muy baratos”. “Llevan mucho tiempo en el mercado, entonces son más susceptibles de desaparecer porque las industrias farmacéuticas tienen otros productos que le darán mayor rentabilidad”, concluye la ginecóloga.

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