El Rastro de Santa Cruz advierte de la situación “triste y caótica” y denuncia que los comerciantes se sienten “abandonados”
La presidenta de la Asociación de Vendedores del Rastro de Santa Cruz de Tenerife, Carmen Tejera, advierte de la situación “triste y caótica” que están atravesando muchos de sus miembros y lamenta la carencia de ayudas para un colectivo “al que han dejado en la desidia y el abandono”.
Carmen Tejera explica en una entrevista a Efe que tras seis domingos cerrados como consecuencia del estado de alarma, más la previsible continuidad de esta suspensión de actividad comercial en la calle, la situación generará una crisis “mucho peor que la de 2008”, porque entonces “había puertas abiertas, y ahora están cerradas”.
La situación del Rastro “es muy triste” porque tras dos semanas sin trabajar por los carnavales se reanudó la actividad “con miles de personas, uno de los mejores domingos del año”, y a la semana siguiente llegó el aviso del Ayuntamiento de que se suspendía, sin que nadie pensase “que iba a ser durante tanto tiempo”, detalla.
El Rastro es un colectivo “importante, pero olvidado”, que supera los 800 puestos entre regularizados y los que están en vías de hacerlo, y hay familias para las que supone su única entrada económica, prosigue Carmen Tejera, pues muchos carecen de empleo y de prestaciones contributivas.
En total y hasta la fecha han cerrado ocho domingos y por ello se ha dirigido al concejal responsable de esta actividad en el Ayuntamiento, José Ángel Martín, para solicitar algún tipo de ayuda para los vendedores del rastro mientras dure la suspensión ya que lo están pasando “muy mal”, pero el consistorio ha respondido que no hay ningún tipo de ayuda estipulada porque no son autónomos.
“Es imposible que se haga autónomo alguien que va a vender 30 o 40 piezas de ropa, es inviable”, puntualiza Tejera, quien advierte de que hay personas del Rastro que están recurriendo a familiares y amigos para sobrevivir, a la solidaridad entre ellos, e incluso algunos han vendido sus electrodomésticos. A esta situación se añade el hecho de que cuando alguno ha recurrido a una ONG para pedir alimentos éstas le indican que debe cumplir ciertos requisitos y traer la justificación pertinente, pero luego se encuentran con que hay una espera de dos o tres meses para pedir la cita a los trabajadores sociales.
Se pregunta Carmen Tejera cómo se están dando ayudas a otros colectivos “que pueden estar mejor” que los vendedores del Rastro, que parece “que no existen”, y señala que esta actividad “es el eje comercial” de la zona, por lo que encuentra “una pena” que el Ayuntamiento no esté preocupado por ayudar “a quienes están pasando incluso sin lo básico, el alimento”.
Si el Rastro no existiera “Santa Cruz no tendría vida” los domingos por la mañana, asevera su presidenta, quien indica que esta actividad a su vez genera dinamismo en taxistas, guaguas, tranvía, bares y comercios aledaños e incluso a la Recova. Por ello teme cómo se va a producir la reanudación de la actividad y en qué condiciones porque, añade, mientras tanto van a cerrar tiendas y negocios y cuando vuelva la normalidad la gente no se va a preocupar de comprar, sino de guardar el dinero y valorar la vida.
“Esto será como cuando termina una guerra y hay que reconstruir el país”, puntualiza Carmen Tejera, para quien “vamos a estar otro montón de años pasándolo mal”.
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