Qué ver en Berna: la belleza de la discreta capital de Suiza

Reloj astronómico en la Torre de Zytglogge, uno de los símbolos de Berna.

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Situada en un recodo modesto de un río modesto. A medio camino entre los grandes lagos del país (el Neuchatel y la dupla alpina formada por el Thunersee y el Brienzersee). Ahí un poco a desmano lejos de las primeras alturas serias de Los Alpes y de las fronteras con Francia y Alemania (donde se sitúan las grandes ciudades suizas). Y sin embargo, Berna ejerce de capital del país desde 1834 frente a las poderosas Ginebra (capital histórica de los cantones suizos de influencia francesa) y Zúrich (la ciudad más importante de los cantones de influencia alemana). Lo de Berna es algo así como un pacto de neutralidad que le va ni que pintado al carácter e idiosincrasia local. Esta situación la aleja del turismo de escapada urbana y su situación a medio camino de casi todo también la deja fuera de las rutas por las imponentes montañas y los valles alpinos. Pero Berna merece la pena. Su casco histórico forma parte del catálogo del Patrimonio Mundial de la UNESCO y cuenta con una historia muy rica que se refleja en sus calles y plazas. Merece la pena acercarse hasta aquí. Mucho.

Si pasas por el Museo Histórico de Berna (Helvetiapl., 5) no dejes de ver la llamada ‘Placa de Berna’, una plancha de zinc encontrada en un contexto arqueológico galorromano (esto es, los tiempos inmediatamente posteriores a la conquista romana de La Galia) en el que se hace referencia al dios de la metalurgia Gobannus y al topónimo de Brenodor Nantaror. Nantaror significa algo así como valle y lo de Brenodor parece que hace referencia a alguien que se llamaba Breno o Brennus. Valle, metal y el tal Brennus. Y de ahí Berna. La ciudad tiene pedigrí antiguo. No tanto como Ginebra. Para llegar hasta aquí había que querer llegar hasta aquí. Ninguna de las principales calzadas romanas o medievales tenían a Berna como lugar de paso o fin de etapa. Quizás por eso la ciudad cuenta con el casco histórico mejor conservado de todo el país. Quedó al margen de las guerras, de las revoluciones, de las reformas y contrarreformas…

Desde el siglo XVI hay osos en Berna. Hoy ocupan un amplio parque junto al río.

Qué ver en Berna.- El germen de la ciudad actual es la zona conocida como Nydegg, puerta de entrada al Altstadt (ciudad antigua) desde la orilla oriental del Río Aar. No es mala idea empezar la visita por aquí aunque coja un poco a desmano desde el actual centro de la ciudad. Esta era la principal puerta de acceso al burgo en el siglo XII, justo el momento en el que la ciudad dejó de ser una aldea para convertirse en una población de cierta importancia. Antes de cruzar el río a través del Nydeggbrücke (Puente de Nydegg) puedes ver el curioso Parque de los Osos (Grosser Muristalden, 4). Desde el siglo XVI se mantiene la curiosa tradición de tener una familia de osos en la ciudad. Antes estaban enjaulados en el centro y hoy están en un parque bastante grande que les da cierta libertad de movimientos (tienen cuevas, zonas de bosque, prados y hasta una piscina junto al río). Venir aquí a ver a los osos es una tradición (hay pasarelas, un funicular y varios miradores que permiten ver a los osos y a la ciudad). Cruzando el río (sobre el Parque de los Osos) se llega al Nydegg, el lugar donde se alzaba el castillo que sirvió de germen a Berna. Hoy aquí puedes ver la Nydeggkirche -Iglesia de Nydegg- (Nydegghof, 2), un edificio del siglo XV que ocupa el patio de armas de la antigua fortaleza. Fíjate que en este extremo del Altstadt las casas forman calles que siguen un esquema casi circular. Son las huellas de las murallas hoy integradas en las casas. Otra particularidad que puedes ver aquí. Los grandes huertos que hay entre las calles Gerberngasse y Junkerngasse no eran otra cosa que un método de defensa ante posibles asedios prolongados.

El Río Aar a su paso por la ciudad de Berna.

Desde el Nydegg parten las calles que recorren longitudinalmente el casco histórico. La arteria más importante de todas ellas es la que forman las calles Gerechtigkeitsgasse y Kramgasse. El casco histórico de Berna no cuenta con grandes plazas públicas por lo que esta calle monumental y porticada (porque una es continuación de la otra) ha ejercido de foro de la ciudad durante varios siglos y cuenta hasta con varias grandes fuentes. Kramgasse culmina en la Torre de Zytglogge (Bim Zytglogge, 1), antigua puerta monumental de las murallas que encerraban Berna por la banda opuesta al Nydegg. La torre es del siglo XIII y cuenta con uno de los relojes astronómicos más espectaculares de toda Europa (el mecanismo se instaló en el lugar en el siglo XV). El lugar recibe el nombre de Torre de la Hora y le hace justicia. Cada hora en punto, este impresionante reloj ofrece un espectáculo de sonido y autómatas en movimiento que viene cautivando a generaciones desde la Edad Media. La torre también se puede visitar por dentro y si subes los más de cien escalones que te llevan hasta su cima podrás ver unas vistas muy bonitas del Altstadt.

Torre de Zytglogge  y su reloj astronómico.

Como te decíamos, el espacio de Berna no se articula en torno a grandes plazas (lo que suele ser habitual en las ciudades medievales europeas. Así que los grandes edificios se encuentran enclaustrados entre las calles casi sin lugar para respirar. Al norte del eje formado por Gerechtigkeitsgasse y Kramgasse nos encontramos con el Rathaus -Ayuntamiento- (Rathauspl., 2), un bonito edificio de inicios del siglo XV, y la Iglesia de San Pedro y San Pablo (Rathausgasse, 2), que aunque es del XIX tuvieron el acierto de construirla siguiendo un estilo medievalista que no desentona. Y al sur de las dos calles está la Berner Münster -Catedral de Berna- (Münsterpl., 1) una maravilla gótica que ya merece el viaje. Aquí es donde la ciudad se da un respiro con la Münsterterrace (Terraza de la catedral) una gran plaza pública (eso sí construida en el XIX) con unas vistas impresionantes sobre el río Aar.

Interior de la Catedral de Berna.

La casa de Albert Einstein en Berna (Kramgasse, 49).- El genio de la Física vivió en Berna durante tres años en los que ejerció de gris funcionario de la Oficina de Patentes de Suiza (1903-1905). Según parece fue en este pequeño apartamento donde el científico pudo armar el entramado de su Teoría de la Relatividad. Aquí puedes ver mobiliario de la época (no el de la familia Einstein) y varios documentos relativos a la estancia del genio en la ciudad.

Un mirador brutal para ver la mole de la Münster.- Para ver la catedral de Berna en todo su esplendor lo mejor es tomar cierta distancia. Y nada mejor que poner un río de por medio. Cruza el Puente de Kirchenfeldbrücke y baja hasta Aussichtspunkt Terrasse ya a orillas del Aar. Esta pequeña represa construida para dar alimentación a varios viejos molinos de agua te va a permitir ver la catedral y el casco histórico desde una perspectiva muy fotogénica.

Rathaus. El Ayuntamiento medieval de Berna.

La nueva Berna: la capital de Suiza.- La elección de Berna como capital de Suiza provocó una expansión de la ciudad más allá de los límites del burgo medieval. Salimos de la ciudad antigua por Marktgrasse pasando bajo el arco de la Torre de Jaula (Marktgasse 6) que servía de segunda línea de murallas cuando las de la Torre de la Hora se quedaron pequeñas ante el crecimiento de la ciudad (siglo XIV). El nombre de la torre hace referencia a su uso como cárcel durante varios siglos. La Waisenhausplatz y la Bundesplatz sirve de descanso a las estrecheces de la edad medieval y también como nexo de unión entre la vieja y la nueva Berna. Aquí puedes ver uno de los símbolos del estatus capitalino de Berna: el Bundeshaus -Palacio Federal- (Bundesplatz, 1) que ejerce como sede del parlamento del país. Aquí empieza una ciudad de calles amplias, de edificios de porte parisino y grandes parques y plazas donde se alternan las sedes gubernamentales o los hitos de la modernidad del país (como las cubiertas de cristal de la Estación de metro de Bahnhofplatz o las laderas del Parque Kleine Schanze con vistas impresionantes sobre el Aar y el casco histórico).

La vieja Berna desde las torres de la Catedral.

Los mejores museos de Berna

 

Museo de Historia de Berna (Helvetiaplatz, 5).- El imprescindible, a nuestro juicio. El museo no tiene ni el porte ni las colecciones de otros museos de capitales europeas, pero sus colecciones arqueológicas son más que notables. Sobre todo las que hacen referencia a la Edad Antigua (galorromana) y medieval. También cuenta con un pequeño museo dedicado a la estancia de tres años de Albert Einstein en la ciudad.

Museo Alpino de Suiza (Helvetiaplatz, 4).- Estamos bastante lejos de los Alpes, pero el museo nacional alpino está en Berna. Este museo se centra en el carácter cultural de la cordillera y en el impacto de la acción humana sobre el paisaje y los ecosistemas.

Ondas en el Zentrum Paul Klee.

Museo de Historia Natural de Berna (Bernastrasse, 15).- Es el museo más antiguo de Berna y uno de los museos de historia natural más grandes de Europa. Su origen se remonta al siglo XVII cuando se fundó como gabinete de curiosidades. Desde entonces ha acumulado una colección gigantesca y destaca por sus dioramas a escala natural. Una buena opción para venir con niños.

Zentrum Paul Klee (Monument im Fruchtland, 3).- Este centro vanguardista está dedicado a una de las grandes figuras del arte contemporáneo suizo. La colección de piezas de Paul Klee es importante pero lo que a nosotros nos dejó flipando es la arquitectura del complejo. Solo por eso merece la pena aunque esté bastante alejado del centro.

 Fotos bajo Licencia CC: Dennis Jarvis; Attila; Jessica Gardner; Olivier Bruchez; Richard Mortel; Jean-Pierre Dalbéra; Edwin Lee

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