Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Los audios de la maniobra de la brigada política del PP contra Podemos
Ucrania se adentra en el quinto año de guerra con agotamiento y escepticismo
Opinión - 'Ni candados ni oportunismo', por Esther Palomera
DATOS

Cómo han aumentado los ataques rusos en Ucrania desde la llegada de Trump a la Casa Blanca con la promesa de la paz

BombasUcraniaTrump

Icíar Gutiérrez / Ainhoa Díez

23 de febrero de 2026 22:45 h

0

“Ucrania debería sentarse a la mesa rápido”, respondió la semana pasada Donald Trump a bordo del Air Force One cuando los periodistas le preguntaron sobre la ronda de conversaciones de paz entre Washington, Kiev y Moscú que iba a comenzar en unas horas en Ginebra. Una vez más, el presidente de EEUU optaba por exigir públicamente al país invadido, no al invasor, que hiciera concesiones para poner fin a la guerra. Al mismo tiempo, mientras las delegaciones se preparaban para reunirse en el hotel InterContinental de la ciudad suiza, el Ejército ruso lanzaba un nuevo ataque masivo con cientos de drones y misiles contra el territorio ucraniano, apuntando a la infraestructura crítica.

Trump regresó el 20 de enero del año pasado a la Casa Blanca con la promesa de acabar rápidamente con la guerra de Ucrania, que cumple este martes su cuarto aniversario. Desde entonces, su Administración ha intentado acelerar un proceso de negociación en el que las dos partes permanecen a día de hoy distanciadas en cuestiones espinosas como el control del territorio. Mientras mantiene sus demandas maximalistas en este frenesí diplomático, Rusia no ha dado tregua en el campo de batalla, sembrando dudas sobre su seriedad en las conversaciones para lograr un acuerdo.

Desde que Trump llegó a la presidencia, el Ejército de Vladímir Putin ha intensificado sus ataques aéreos, incluidos aquellos con drones, según el análisis de elDiario.es de los datos recopilados por la organización ACLED (Armed Conflict Location & Event Data). Combinados, los ataques aéreos y de artillería alcanzaron nuevos máximos en 2025 y los bombardeos contra objetivos identificados como civiles por ACLED no habían estado tan altos como en este periodo.

El año pasado se superaron varios récords. Según los registros del grupo de análisis, el mayor pico de ataques en un solo día de la guerra se alcanzó el 8 de marzo de 2025, con un total de 182, seguido de cerca por el 7 de junio, con 180. Los analistas, cuyos datos llegan hasta el 13 de febrero de 2026, usan como fuentes los ministerios de Defensa de Rusia y Ucrania, así como más de un centenar de medios de comunicación, cuentas y grupos en redes sociales y organizaciones de OSINT (inteligencia de fuentes abiertas). Según su metodología, una ola de ataques con cientos de drones en distintas ubicaciones a lo largo del país se codifica en múltiples eventos.



Este gráfico muestra la evolución de los ataques rusos (tanto aéreos como de artillería) contra Ucrania desde el año 2022 hasta la actualidad. Cada punto gris representa el número de ataques registrados en un día concreto. Como esta cifra puede variar mucho entre un día y otro, se calcula el promedio semanal para ver mejor la tendencia general. Así, la línea azul refleja la media de ataques que Rusia perpetró cada semana. Al suavizar los cambios diarios se puede ver con más claridad la evolución de los ataques: por ejemplo, el aumento de los mismos con la llegada de Trump al poder, igualando e incluso superando el nivel de bombardeos que hubo al inicio del conflicto a gran escala en 2022. Si bien la media semanal de ataques se redujo el pasado otoño, se mantuvo relativamente alta en comparación con otros momentos de la guerra, y vuelve a registrar una tendencia al alza desde enero.

Además, en el gráfico, algunos puntos azules destacan días claves en el frente diplomático, desde llamadas telefónicas a rondas de negociaciones o el anuncio de una breve tregua por parte de Putin con ocasión de la Pascua ortodoxa el pasado abril. 



En el registro de ataques diario hemos buscado 18 eventos diplomáticos y políticos clave ocurridos en el último año. Las barras azules muestran el número de ataques totales de Rusia coincidiendo con cada acontecimiento y la línea negra señala el número medio de ataques lanzados por Moscú la semana de cada evento. Durante 16 de los 18 eventos consultados el número de ataques superó el promedio de esa misma semana (es decir, la barra sobrepasa la línea negra).

Uno de los momentos más relevantes en el plano diplomático fue la cumbre entre Trump y Putin en Alaska a mediados de agosto. Los preparativos trajeron unos días de relativa calma en los cielos de Ucrania que permitieron a las fuerzas rusas almacenar proyectiles para los bombardeos que se intensificaron en las semanas posteriores a la reunión. El 28 de agosto, los drones y los misiles mataron a 25 personas, varias de ellas niños, en uno de los ataques más mortíferos que ha sufrido Kiev. La mayoría de las víctimas murieron en un edificio residencial de cinco plantas que se derrumbó tras ser alcanzado. En otra escalada, el 7 de septiembre, el Ejército de Moscú disparó una lluvia de drones y misiles sobre Ucrania, golpeando por primera vez un edificio gubernamental en la capital. 

Las fuerzas rusas han lanzado constantemente grandes paquetes de ataques con entre 400 y 700 drones y misiles en los días previos y posteriores a las principales negociaciones de los últimos meses, recoge en un informe reciente el think tank Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, en inglés), que, además de la cumbre de Alaska, cita, entre otros, las conversaciones en Ginebra (EEUU-Ucrania), Moscú (EEUU-Rusia) y en Abu Dabi (trilaterales). Los investigadores del ISW creen, no obstante, que es probable que Moscú se esté “absteniendo de maximizar al máximo la capacidad de ataque de Rusia para no molestar al presidente estadounidense Donald Trump”.

“La escalada de los niveles de violencia remota socava, sin duda, los esfuerzos liderados por Estados Unidos para imponer un alto el fuego”, dice a elDiario.es Nichita Gurcov, analista sénior de ACLED para Europa y Asia Central, que aboga, no obstante, por la cautela a la hora de vincular el uso de las armas con los intentos de poner fin al conflicto. “El objetivo de ambas partes es ganar la guerra, o al menos no perderla, lo que puede ser bastante paralelo a las conversaciones de paz. Rusia se ha esforzado al máximo por capturar la mayor parte posible de Ucrania y obligarla a capitular agotando tanto a las tropas como a la población civil”, indica, antes de añadir que Moscú ha “torpedeado repetidamente las posibilidades de un acuerdo”. 

Similar es la opinión de Emil Kastehelmi, analista de Black Bird Group, que duda de que los ataques estén relacionados con las negociaciones y de que puedan afectar significativamente a la postura de Estados Unidos en las conversaciones. “Las campañas de bombardeos prolongadas no son una forma muy relevante de influir en las negociaciones en este momento, ya que, lamentablemente, se han convertido en la norma. A nivel estratégico, no importa si hay 170 ataques en lugar de 110 en los días en que se están llevando a cabo las negociaciones. Tampoco se trata de poner en duda los esfuerzos de paz, ya que Rusia no quiere la paz. Si Rusia quisiera la paz, las negociaciones serían muy diferentes”, dice a elDiario.es.

Suben los ataques aéreos

En este gráfico se ve la distinta evolución de los ataques aéreos (línea amarilla) y los de artillería (línea azul ) desde el inicio de la guerra en 2022 –en Ucrania son comunes los ataques combinados, que a menudo incluyen proyectiles lanzados tanto desde el aire como desde tierra–. Las líneas muestran, de nuevo, el promedio de ataques semanales de cada tipo, mientras que los puntos grises indican el total de ataques registrados en un día concreto. 



Hasta 2023, predominan los ataques de artillería, con picos sobre todo al comienzo del conflicto. Sin embargo, a partir de 2024 los bombardeos aéreos (aquellos clásicos con misiles lanzados desde el aire o bombas aéreas y aquellos con dispositivos que van desde drones comerciales reacondicionados para lanzar explosivos hasta municiones merodeadoras unidireccionales más sofisticadas) comienzan a crecer hasta superar a los de artillería (cañones, morteros, misiles guiados y sistemas de misiles, cohetes, lanzagranadas y otras plataformas de armas pesadas). Si bien hubo un aumento del total de ataques desde la llegada de Trump al Gobierno, los de artillería pesada han disminuido y son los aéreos los que se han ido incrementando, según los registros de ACLED.

Gurcov explica que Rusia ha estado intentando, sin éxito hasta ahora, lograr la superioridad aérea en Ucrania desde que la invadió a finales de febrero de 2022. “En 2023 y 2024 intensificó el uso de bombas aéreas equipadas con kits de planeo y navegación que permiten a los aviones rusos mantenerse fuera del alcance de la defensa aérea ucraniana. En 2025, vimos cómo estas bombas se utilizaban no solo contra posiciones, sino también en ataques a ciudades como Odesa y Zaporiyia. Desde mediados de 2025, el número de drones de tipo Shahed que Rusia envía a diario creció exponencialmente”, dice, antes de matizar que estos cambios se habrían producido independientemente de quién ganara las elecciones presidenciales estadounidenses a finales de 2024.

El experto señala, sin embargo, que sí hay un giro hacia la dependencia de los drones en lugar de la artillería. “Una explicación para ello podría ser la rentabilidad y la mayor precisión de los drones en comparación con la artillería, más cara y ‘ciega’. Sin embargo, esto tiene un precio: una menor capacidad de carga y una velocidad más lenta”, señala.

Rusia ha estado aumentando constantemente su capacidad de producción de diversos tipos de drones: FPV, drones de ataque de ala fija de largo alcance y todo lo demás. Esta ha sido una forma relativamente eficaz de continuar una prolongada campaña de ataques contra Ucrania, y en 2025 vimos que Rusia puede mantener campañas de ataques masivos en todo el país

Emil Kastehelmi Analista de Black Bird Group

Los analistas creen que la campaña aérea rusa reside en su creciente capacidad para producir drones. Según el ISW, las fuerzas rusas comenzaron a aumentar el número de vehículos no tripulados Shahed y señuelos en sus paquetes de ataque en otoño de 2024. Ya en marzo del año pasado, sus investigadores alertaron de que Rusia podía aprovechado el aumento de la producción de aparatos Shahed para aumentar el número total de drones lanzados en cada paquete de ataque.

“Rusia ha estado aumentando constantemente su capacidad de producción de diversos tipos de drones: FPV, drones de ataque de ala fija de largo alcance y todo lo demás. Esta ha sido una forma relativamente eficaz de continuar una prolongada campaña de ataques contra Ucrania, y en 2025 vimos que Rusia puede mantener campañas de ataques masivos en todo el país”, coincide Kastehelmi. “Al mismo tiempo, están construyendo una cantidad constante de misiles. También han invertido en la producción de bombas planeadoras, que fueron una parte relevante de su capacidad de ataque aéreo cerca del frente en 2025”.

La campaña busca, entre otras cosas, abrumar las defensas aéreas ucranianas. “Es una guerra de desgaste en forma de drones, que combina la coacción con el agotamiento”, concluye Yasir Atalan, investigador de datos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), en un artículo en la revista Foreign Policy en el que repasa cómo Moscú ha hecho de los drones explosivos baratos y producidos en masa la pieza central de su campaña aérea con la que mantiene una presión constante. Al comienzo de la guerra, según indica citando datos de la fuerza aérea ucraniana, Moscú lanzaba una media de entre 150 y 200 de drones de ataque unidireccionales al mes, mientras que, para septiembre del año pasado, ya producía y desplegaba cerca de 5.000 al mes. Mientras tanto, los lanzamientos de misiles de crucero y balísticos se han mantenido relativamente estables.

“Este cambio muestra claramente la evolución de la estrategia de Rusia, que incluye saturar las defensas aéreas, presionar los centros urbanos y obligar a Ucrania a rendirse”, argumenta Atalan. “Moscú cree que ganará la guerra no mediante ofensivas decisivas con tanques y ataques de precisión, sino mediante un desgaste interminable con armas de bajo coste y gran volumen”. El experto explica que cuando el Ejército de Putin lanza más de 500 de drones en una sola noche, los bombardeos suelen alcanzar núcleos urbanos como Kiev, sembrando el miedo y la incertidumbre. “Los residentes no se preguntan cuántos drones han sido derribados. Lo que experimentan son las sirenas, las explosiones y las noches sin dormir. Esa atmósfera de agotamiento y terror es precisamente lo que Moscú está tratando de crear, debilitando la moral de la población civil y poniendo a prueba la determinación de Ucrania”.

Más ataques a población civil

Los civiles son los que sufren las peores consecuencias de toda esta violencia. Durante los ataques masivos, cientos de drones inundan el cielo y los señuelos obstaculizan las defensas aéreas. Aunque Ucrania suele interceptar muchos de ellos, los bombardeos aéreos casi diarios se traducen con frecuencia en viviendas destruidas y edificios de apartamentos derrumbados, con residentes sepultados bajo los escombros. Los constantes ataques masivos rusos contra el sistema energético han dejado en este invierno sin luz, calefacción y agua corriente durante días a millones de personas bajo temperaturas gélidas.



Este gráfico refleja la evolución de los ataques rusos dirigidos contra la población civil desde el inicio del conflicto. Solo muestra aquellos que tuvieron objetivos que ACLED ha podido clasificar como “civiles”, según su metodología. Cada punto gris representa el número de ataques dirigidos en un día contra la población civil y la línea azul representa el promedio quincenal. A pesar de que los ataques contra la población civil cambian considerablemente de un día para otro (puede haber 20 un día y cuatro al siguiente), el promedio quincenal permite identificar una tendencia que ha ido en aumento. Especialmente, a partir de la llegada de Trump al Gobierno, superando incluso los primeros meses de la guerra. Una de las mayores tragedias del año tuvo lugar el 19 de noviembre, cuando Rusia lanzó un ataque contra la ciudad de Ternópil, en el oeste de Ucrania, impactando en un edificio residencial y matando a 38 personas. 

Según la Misión de Observación de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ucrania, 2025 fue el año más mortífero para la población civil en Ucrania desde 2022, con la muerte de al menos 2.514 personas, mientras que 12.142 resultaron heridas, la enorme mayoría debido a ataques rusos. Es un 31% superior al número de 2024 y un 70% superior al de 2023. “Nuestro seguimiento muestra que este aumento se debió no solo a la intensificación de las hostilidades en el frente, sino también al uso cada vez mayor de armas de largo alcance [misiles y municiones merodeadoras], lo que expuso a la población civil de todo el país a un mayor riesgo”, dijo en enero Danielle Bell, jefa de la misión de la ONU. 

Según sus datos, las víctimas civiles causadas por drones de corto alcance aumentaron un 120% en 2025, lo que se tradujo en 577 muertos y 3.288 heridos. “El uso generalizado de drones de corto alcance ha hecho que muchas zonas cercanas al frente sean prácticamente inhabitables”, afirmó Bell. “A medida que se interrumpen los servicios esenciales y se destruye la infraestructura, en algunas comunidades se ha vuelto demasiado peligroso incluso prestar asistencia médica de urgencia o evacuar a la población civil. En 2025, muchas personas que habían soportado años de hostilidades se vieron finalmente obligadas a abandonar sus hogares”.

La Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU considera que los repetidos ataques con drones de corto alcance por parte de las fuerzas armadas rusas en zonas de primera línea como Jersón constituyen crímenes de lesa humanidad de asesinato y de traslado forzoso de población. Se han documentado ataques contra vehículos, viviendas y edificios, puntos de distribución de ayuda humanitaria e infraestructuras energéticas esenciales, ambulancias y brigadas de bomberos. 

Otras estimaciones apuntan también a un aumento de las bajas en la población de a pie en Ucrania, como la de la organización de seguimiento de conflictos Action on Armed Violence, que ha denunciado que las víctimas civiles causadas por los bombardeos se dispararon un 26% durante 2025, según datos revelados por The Guardian. 

Un informe publicado por Conflict Intelligence Team (CIT), un grupo de expertos militar ruso independiente, concluye igualmente que, a pesar de las conversaciones diplomáticas, así como de numerosas negociaciones y reuniones formalmente dedicadas a alcanzar acuerdos de paz, “la intensidad de los ataques a la infraestructura civil aumentó en 2025 y alcanzó niveles máximos durante varios meses”.

De acuerdo con sus cálculos, unas 2.348 personas fallecieron y otras 13.952 resultaron heridas en zonas no ocupadas de Ucrania, mientras que 298 personas murieron y 1.751 resultaron heridas en las zonas del país ocupadas por Rusia, y 273 murieron y otras 2.072 resultaron heridas en Rusia.

“Aunque las fuerzas ucranianas disponen de un arsenal menor que las rusas, la diferencia no es suficiente para explicar por completo el patrón observado. En nuestra evaluación, los hallazgos apuntan, como mínimo, a un incumplimiento sistemático de las leyes de la guerra por parte de las fuerzas rusas y, en varios casos, a crímenes de guerra deliberados”, concluyen. Dirigir intencionalmente un ataque contra civiles o bienes de carácter civil, o lanzarlo intencionalmente a sabiendas de que causará daños civiles desproporcionados, constituye un crimen de guerra.



¿Y qué pasa con los ataques de Ucrania a Rusia? También se han elevado. El gráfico muestra la evolución: desde el inicio de la ofensiva de Putin hasta mediados de 2023, los ataques del país invadido eran esporádicos y de baja intensidad (no llegaban a 10 ataques diarios). Desde mediados de 2024 a la actualidad, se observa una explosión en la frecuencia, alcanzando varios picos. Una campaña sostenida en la que el Ejército de Zelenski ha apuntado a decenas de refinerías de petróleo, depósitos de armas así como aeródromos militares –ACLED identifica en sus registros tanto objetivos civiles como militares–. 

Aun con este incremento de los ataques por parte de Ucrania, la diferencia con Rusia es evidente. No ha alcanzado su nivel en ningún momento desde el estallido de la guerra, lo más cerca que ha estado ha sido en el verano de 2024 en el que Moscú disminuye sus ataques a un promedio semanal de 54 y Kiev los aumenta hasta llegar a los 49. Pero la tónica general es que, mientras ambas partes ansían llegar a la mesa de negociación con la mayor ventaja posible, el Ejército ruso lanza hasta tres veces más ataques que el ucraniano.



En términos absolutos, de las cifras de ACLED también se constata que Rusia lanzó más ataques que nunca en 2025, un total de 42.928 (hasta entonces, 2023 era el año con mayor número total de bombardeos de la guerra, 37.148). Lo mismo ocurrió en el bando ucraniano, que perpetró 14.119 ataques el año pasado, una cifra superior a las registradas en 2024, 2023 y 2022.

Etiquetas
stats