Asamblea pública por la vivienda en Santander: “La mejor manera de parar un desahucio siempre fue la fuerza popular”

Elsa Cabria

30 de septiembre de 2026 09:53 h

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“Qué sociedad queréis como jóvenes”, preguntó al micrófono una señora de unos sesenta años, cargando con una bolsa. “Es bastante fácil caer en la avaricia, lo he visto”, advirtió antes de recibir un aplauso. Así terminó el segundo testimonio que pudo escucharse este martes durante la primera asamblea pública organizada por el Sindicato de Vivienda de Cantabria, en la plaza del Ayuntamiento de Santander, en medio de la oleada Maricarmen que ha provocado una negociación en seis días de un decreto por la vivienda, que ha sido partido en dos, para su votación este viernes.

Un día después del grueso de manifestaciones en el resto del país -y tras una pequeña concentración marcada por el viento sur y las persistentes chispas de lluvia-, las reivindicaciones del Sindicato, que nació en abril, se hicieron. Y con ellas, la gente comenzó a sentarse, sobre cartones, sillas de camping o directamente en el suelo, evocando las concentraciones de 2015.

El Sindicato, heredero de movimientos sociales como Cantabria No se Vende y la PAH, exigió al Gobierno de Cantabria (PP) que regule los pisos turísticos, que acabe con los contratos temporales, que prohíba los desahucios, y, “sobre todo que los fondos buitre no se coman los barrios, como ha pasado en Hermanos Calderón”, dijo una de las sindicalistas, ante la atenta mirada de varios vecinos de los tres bloques de viviendas a los que un fondo de inversión quiere sacar de sus pisos de alquiler asequible, promovidos en origen por Fundación La Caixa, porque ahora son de su propiedad.

“Sabemos que los fondos de inversión están invadiendo Cantabria, pero estamos ante un punto de inflexión: no vamos a parar”, dijeron desde el Sindicato antes de exigir la dimisión del consejero de Vivienda, Roberto Media -quien ha enfocado su propuesta de ley de Vivienda en la lucha contra la ocupación-, y de preguntar retóricamente al delegado del Gobierno y al Estado “por qué reprime a palos el gobierno más progresista de la historia”.

Entre el centenar de asistentes que había sobre las siete de la tarde, había gente de veinte años a setenta y muchos. De los más jóvenes, solo un chico dijo estar pagando un alquiler de temporada, pero una chica de unos veinte dijo que Cantabria concentraba una de las juventudes más precarias del país y que no les era posible independizarse: “Está bien que la gente que milita como la que no esté hoy aquí y sepa la situación que vivimos los jóvenes en Cantabria”.

Escuchándola, un chico a su lado recordó la violencia que sufrió en el primer desahucio al que acudió para frenarlo. “Iba con conciencia de clase, pero no esperaba lo que pasó: la guardia civil me pegó una paliza en el pueblo donde vivía”, dijo antes de agregar que, gracias a que una persona grabó desde arriba, pudo desmontar la tesis policial de que él les había agredido: “La mejor manera de parar un desahucio siempre ha sido la fuerza popular. Lo que quieren es que te quedes en casa”, concluyó animando a la gente a evitar desahucios.

El micrófono social, muy tímido al inicio, fue pasando de mano. “En estos ocho de gobierno progresista, las condiciones de vida de la clase trabajadora no han mejorado”, advirtió un joven antes de que otro chico de unos veintitantos años cuestionase a las empresas de desocupación “aunque no existen en Cantabria” y señalase “las tiritas” del borrador del nuevo decreto de vivienda.

Una chica del Sindicato le señaló que sí existen empresas de desocupación y explicó, además, cómo la empresa cántabra de la vivienda, Gesvican, tiene una oficina de gestión contra los llamados 'ocupas' y 'inquiocupas': “Tenemos un organismo de gestión pública que está sacando a la gente de sus casas”.

Para ese instante, como un reflejo de los círculos de Podemos de 2015 en todas las ciudades de España, en el centro de la plaza del Ayuntamiento de Santander se había formado un círculo. Entonces, Una señora de pelo corto, sentada en su silla, recordó su desahucio. “Nadie sabe lo que es esto hasta que lo vive. Yo ocupé mi vivienda, según ellos, aunque era de mis padres pero la pusimos como aval en un banco y nos llevó a la ruina. He llegado a mirar la cartera para poder comprar un pan, me ha ayudado, sobre todo, la gente de la calle”. Tras siete años de contrato, ahora la vivienda, le han dicho en el banco, es propiedad “de unos chicos muy majos” que en principio se la van a alquilar cinco años. Ella reconoció que no confiaba. “Bueno, que tengáis suerte”, dijo a los jóvenes de la asamblea.

A la juventud presente también se refirió un señor de 74 años “y 53 cotizados”, que estaba de pie y que conocía a la señora de hacía casi veinte años, aunque llevaban tiempo sin verse. “Yo sí sé lo que es un desahucio, y ahora me encuentro en la calle hermanos Calderón. Arrastro los desahucios, tengo mala suerte, pero hoy estoy bien. Estoy aquí por luchar por los jóvenes y ya más no me pueden quitar, ya me lo quitaron. No os dejéis intimidar por nada”.

Algunos mencionaron a Amparo, la mujer que simbolizó en Cantabria la lucha contra los desahucios en 2015 y que murió dos días después de que la sacaran de casa. En medio del círculo de la primera asamblea popular por la vivienda del Sindicato, había un cartel que decía: 'Amparo, te mataron'.