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OPINIÓN | 'La venganza de Dios', por Enric González

Un “domingo negro” en la Cantabria republicana: el ocultamiento de los asesinatos en el buque-prisión 'Alfonso Pérez'

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Los ataques aéreos empezaron a formar parte de la vida cotidiana de la provincia de Santander en el otoño-invierno de 1936. Su impacto psicológico a nivel social fue enorme, socavando poco a poco la moral de las tropas republicanas y el espíritu de resistencia de la población civil en aquellos meses de conflicto armado. Los aparatos alemanes e italianos de la aviación sublevada llegaron a bombardear hasta en 34 ocasiones la ciudad de Santander y el ataque del domingo 27 de diciembre, en plenas navidades, ocasionó 74 muertos en el Barrio Obrero, todos civiles, entre ellos numerosas mujeres y niños.

Se trató de la mayor agresión aérea sufrida por la ciudad y provocó una oleada de horror y venganza que acabó con el asesinato de 156 personas —militares, religiosos y miembros de Falange, en su mayoría—, detenidos en el barco-prisión 'Alfonso Pérez'. El asalto al buque se llevó a cabo en dos secuencias: la primera, promovida de una manera exaltada por unos 30 milicianos que irrumpieron en la cubierta y desarmaron a sus vigilantes; la segunda se produjo avanzada la tarde, fue más sistemática y estuvo liderada por Teodoro Quijano Arbizu, director general de Justicia, y el tristemente famoso comisario de Policía del Frente Popular, Manuel Neila.

Las autoridades republicanas se dieron cuenta bien pronto del gravísimo error de seguridad que se había cometido y de las enormes consecuencias propagandísticas que la matanza de los prisioneros iba a tener para su causa. Bruno Alonso, comisario general de Guerra de la provincia, horrorizado por las noticias que le fueron llegando, y ante la ausencia de Juan Ruiz Olazarán, que aquel día se encontraba en Gijón con los responsables del Ejército del Norte, pronunció por la noche una alocución en los micrófonos de Radio Santander solicitando el cese de la venganza ante el ataque aéreo y condenando la venganza posterior.

Aquel día navideño de la infamia, la fecha más negra y sangrienta vivida en la Cantabria republicana, intentó ocultarse de manera bastante torpe y precipitada, aunque las evidencias eran numerosas y el escándalo transcendió rápidamente

Los dirigentes republicanos locales vivieron horas de mucha tensión. Por dejación, omisión o cobardía, muchos de ellos no se posicionaron con claridad. La situación resultó muy comprometida para Olazarán, ya que dos de sus hermanos habían participado activamente en la matanza, como miembros del equipo de policía de Neila.

Aquel día navideño de la infamia, la fecha más negra y sangrienta vivida en la Cantabria republicana, intentó ocultarse de manera bastante torpe y precipitada, aunque las evidencias eran numerosas y el escándalo transcendió rápidamente los límites de la provincia, provocando incluso las protestas diplomáticas del Gobierno británico.

En la documentación oficial de los meses posteriores a la matanza, las autoridades republicanas, con una dosis de cinismo, torpeza y falsedad sorprendente, llegaron a afirmar que los militares del Regimiento de Valencia “fallecieron en el barco-prisión a consecuencia del bombardeo aéreo de la ciudad”. Algo totalmente absurdo, por cuanto el barco no fue alcanzado en ningún momento por las bombas lanzadas por la aviación sublevada.

El “domingo negro” de aquellas navidades de 1936 supuso un golpe irreparable para la credibilidad republicana y fue vengado con creces por los falangistas, una vez que tomaron el control de la ciudad. La matanza del 'Alfonso Pérez' ejerció durante años —todavía hoy lo hace en ciertos sectores sociales— la misma función legitimadora que los asesinatos de Paracuellos para el relato “purificador” de los vencedores y de la enorme represión llevada a cabo posteriormente contra los vencidos.