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ENTREVISTA

Blanca Portillo, actriz: "No es cierto que seamos una panda de subvencionados que viven tumbados al sol"

La intérprete recalará este sábado en el Palacio de Festivales de Santander con la obra 'Miss Dalloway', de la escritora feminista Virginia Woolf

Blanca Portillo: Clarissa Dalloway me ha dado paz y me ha hecho mejor persona

Blanca Portillo

Blanca Portillo (Madrid, 1963), protagonizará este sábado en el Palacio de Festivales de Santander la obra Miss Dalloway, de la escritora feminista Virginia Woolf. En ella, una mujer llamada Clarissa Dalloway -interpretada por Portillo- comparte 24 horas de su vida con el espectador, haciéndole partícipe de su obsesión por hacer felices a los demás, olvidándose hasta de sí misma.

Portillo, reconocida feminista y situada políticamente "en contra de la intransigencia", sacó un rato de su apretada agenda para charlar con eldiario.es. Con ella hablamos de actualidad, de cultura y de los baches que hay que superar para llegar a tener un nombre dentro de la industria de la cultura, sobre todo cuando eres una mujer.

¿Qué hay de Miss Dalloway en Blanca Portillo?

He descubierto que bastante más de lo que imaginaba. Hay cosas que nos diferencian, y su vida es aparentemente menos interesante. Es una mujer que se ha dedicado a ser madre y 'esposa de', pero quitando eso hay un montón de cosas. Hay algo de ella que me emociona y con lo que conecto mucho, que es su búsqueda de la belleza. Su deseo de hacer de esta vida -que es un poco una tortura y sabemos que se va a acabar- algo más bello. Rodearse de belleza y regalar a la gente belleza, que creo que es de las cosas que la convierten casi de alguna manera en una heroína silenciosa.

Por otro lado, es muy responsable de sus actos, ella no culpa al mundo. Se hace responsable de las elecciones que ha hecho en la vida, y en eso también conecto mucho con ella. Me parece que es una mujer muy valiente, que a pesar de tener a su alrededor circunstancias que le han llevado a tener que tomar ciertas decisiones, es muy dueña de su vida. A mí me hace bien interpretar a Clarissa Dalloway.

¿Una mujer puede ser feminista y vivir como Clarissa Dalloway?

Creo que sí. Ahora tenemos una idea del feminismo muy diferente, eso es cierto. Parece que si una no sale a las calles a gritar, no es feminista. Ella tiene el germen necesario para ser libre, que es la conciencia de sí misma y el deseo de hacer de su vida algo suyo, que dependa de ella. Y considero que ese es el germen para cualquier tipo de revolución: ser consciente. Probablemente no tiene que ver con la imagen del feminismo actual, del feminismo más activo, pero el germen sí que lo tiene. Tiene su espacio de libertad interior y trata de que la vida sea como ella quiere. Exactamente como ella quiere.

¿Qué es para usted el feminismo?

Yo es que ni siquiera me lo he planteado. Alguien me preguntó hace poco que cuándo fui consciente de que era feminista, y es que nunca he tenido en mi cabeza que existan diferencias esenciales. Evidentemente los hombres y las mujeres somos distintos, pero sé que tengo las mismas obligaciones -e incluso más que ellos-, por lo que... ¿Por qué no puedo tener los mismos derechos? Siempre es algo que me ha parecido natural.

El feminismo es algo profundamente constructivo. El feminismo es el deseo de que todos seamos del sexo que seamos, y tengamos las creencias que tengamos, poseamos los mismos derechos. El feminismo no es nada agresivo sino todo lo contrario. Hay gente que lo utiliza como un insulto, pero no mata a nadie ni excluye. Todo lo contrario, es inclusivo por naturaleza.

Comentó en alguna ocasión que nunca había sufrido acoso sexual, pero sí laboral...

El acoso sexual lo hemos sufrido todas en algún momento, estoy segura. Y en algún momento no nos dimos cuenta o no éramos conscientes. Pero afortunadamente nunca he sufrido una violación ni nada por el estilo, y digo afortunadamente porque no ha sido así para muchas mujeres a las que conozco. Pero a mí me ha tocado que me metan mano en el metro sin pudor. Me ha tocado bajar las escaleras de mi portal y encontrarme a un señor con todo fuera. Y qué quieres que te diga... Nunca he visto a señoras haciendo este tipo de cosas.

Sobre el acoso laboral, es esa sensación de que nosotras tenemos que demostrar mucho más para ser tenidas en cuenta porque hay mucha gente que da por hecho que nuestro criterio es de inferior calidad. Trabajando te encuentras a hombres a los que les cuesta que una mujer les diga cómo tienen que hacer las cosas. Desde muy joven aprendí a decirle a la persona que si no se está dando cuenta de que está infravalorando mi opinión. Es importante hacérselo ver porque muchas veces los hombres no se dan cuenta.

Una vez más, tras los Goya, ha vuelto a haber polémica por las subvenciones a la cultura. ¿Cuál es su opinión sobre el tema?

Decir que el cine español está subvencionado y nada más, es mandar un mensaje bastante equívoco. Probablemente el cine sea de las cosas menos subvencionadas que hay en este país, y por poner un ejemplo, se subvenciona mucho más que se fabriquen coches. Habría que coger el Boletín Oficial del Estado y ver qué subvenciones recibe la cultura respecto a otras cosas. Pero no es cierto que seamos  una panda de gente que vive a costa del Estado. De hecho me parece un mensaje falso y cruel.

Nadie sabe lo que cuesta poner una película en pie o lo que cuesta una producción de teatro. Pero hay quien que se ha encargado de mandar solamente ese mensaje... Un país que no cuida su cultura ¿a qué está abocado?. Eso lo decía Lorca muy bien: "El pan claro que nos quita el hambre, pero sin cultura... Un país es un país famélico". Hay gente que se arruina por hacer una película. Una película da de comer a muchísima gente, y hay muchísimas familias que viven gracias a las películas.

No es cierto que seamos una panda de subvencionados que viven tumbados al sol, y esto me encantaría que la gente lo entendiera porque no es real. De repente ellos lanzan un tipo de mensajes en contra de la cultura... ¿Y en qué lugar les deja a ellos? No lo entiendo, no lo puedo comprender. Ves a los políticos hablando en los mítines y nadie habla de cultura. Es una cosa terrible. No hay un solo político que diga, vamos a cuidar la cultura de este país haciendo esto y esto. Ninguno.

¿Es posible trabajar en el mundo de la cultura y no ser progresista?

No lo sé. Me imagino que habrá de todo en la viña del señor... Pero nosotros vivimos en un mundo en el que intentamos ser respetuosos con todos y con todo. Tampoco voy a decir que somos unos seres maravillosos venidos de otro planeta a conquistar la Tierra, porque no es así. Somos gente normal que trabaja con material delicado, que es el material emocional. Y somos sensibles a las cosas, contamos historias para que la gente se emocione, ya sea en un película, en una obra de teatro, en un libro o en una pintura. La cultura y el arte son cosas que tienen que ver con la sensibilidad, y no sé si eso implica que todos seamos progresistas.

Pero me da pena tener que hablar en términos políticos de algo que es una dedicación. Este trabajo es muy duro de hacer, yo no tengo un sueldo fijo ni contrato indefinido desde que empecé a trabajar. 

¿Qué no votaría nunca?

La intransigencia. Estamos perdiendo el intentar escuchar a los demás. No me interesa la gente que tiene una posición inamovible, y no me interesa porque es mentira. Todos cambiamos de opinión porque la vida cambia, a nuestro alrededor la gente piensa distinto. Esa cosa de querer quedarse en un pensamiento único... No puedo con ello.

¿Considera que se ha alejado de la televisión y el cine?

Nunca me he alejado de casi ningún sitio. El teatro llevo haciéndolo y combinándolo con la tele y el cine desde siempre. Es lo único que no he dejado de hacer nunca. Aunque también depende de las situaciones, ahora mismo no tengo ningún proyecto de televisión para este año, o a lo mejor lo tengo para finales de año. Pero nunca he dejado de combinarlo, hay películas que iba a hacer y no han salido, ahora estoy esperando a otras dos... Pero el teatro no he dejado de hacerlo nunca. Si no ha sido actuando, ha sido dirigiendo o produciendo. En 2019 he producido dos espectáculos y he interpretado uno.  Y cuando tengo proyectos de televisión que me interesan y me gustan los hago, y cuando no, no los hago.

¿El mundo de la televisión y el cine es más frívolo que el del teatro?

No. No lo creo. Creo que hacer televisión es un privilegio... Pensar que de repente apareces en una pantalla y lo pueden estar viendo millones de personas, eso es una responsabilidad enorme y maravillosa. Por otro lado, el cine es un mundo dificilísimo de levantar y es que cuando el resultado ya está, no tiene vuelta de hoja. Ya está terminado y no se puede tocar, y es una responsabilidad grande. Y por último el teatro está lleno de gente vocacional que se deja la vida, y la gente no lo sabe, pero es muy duro. No me parece que ninguno de los tres campos sean lugares de frivolidad. 

Hace unos días, Lola Herrera abandonaba una obra de teatro por un teléfono que no dejaba de sonar. ¿Le ha ocurrido alguna vez?

Lo que no sé es cuándo no ha sonado un teléfono desde que llevamos los móviles a todas partes. Yo recuerdo cuando no los había, o cuando no los tenía todo el mundo, y la gente iba al teatro y durante una hora y media se metía allí y luego se iba a su casa y no pasaba nada. Ahora lo raro es que no suenen, y la pura verdad es que nunca me he marchado de un escenario sin que suene alguno. Pero también creo que es falta de información... La gente yo no sé si es del todo consciente de lo que le pasa a un actor cuando suena un teléfono en el patio de butacas. Lola Herrera hace un trabajo que exige una concentración, un estado de ánimo, un riesgo, un ponerte ahí y desnudarte… y de repente suena un teléfono y te saca por completo. Desapareces y es terrible.

Entiendo que habrá gente que tendrá que llevar el teléfono porque están en un momento de urgencia. Aunque a lo mejor es preferible no ir al teatro ese día... Y por otro lado dices: ¿de verdad no podemos apagar un teléfono ni una hora y media de nuestra vida? Yo nunca he llegado a parar una función, pero puedo comprender lo que es que en un momento dado no puedas más. Lo que sí he hecho alguna vez es parar, quedarme en silencio y esperar a que el teléfono deje de sonar. Para mí es sagrado ese momento de comunicación entre el espectador y el actor. Así que paro, y después continúo.

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