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El arte del simulacro

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Vivimos en la cultura del simulacro. No es algo nuevo ni algo que desaparecerá con los vientos que soplan de todas las direcciones. Las autocracias practican el arte del simulacro con maestría. Disponen de instituciones en apariencia democráticas, pero meramente virtuales. Dumas que representan a sparrings del poder, federaciones nacionales o regionales que son meras correas de transmisión, medios informativos en apariencia plurales, pero que no lo son, transparencia banal de las instituciones para enmascarar lo que es un cerrojazo informativo.

Y no solo las autocracias, que al menos pueden tener el atenuante de no tener una experiencia democrática real a lo largo de su historia, como Rusia O China. Si no hay experiencia de algo, ese algo no se puede echar de menos. También de partidos con tradición democrática que van aflojando las ligaduras para acercarse a un modelo autocrático y meritocrático.

La meritocracia suplanta a la democracia y el artificio a lo real. La meritocracia es la achicoria de la democracia, pero, quien nunca ha probado un buen café, no tiene con qué comparar el sucedáneo. Para él, un sucedáneo es el original, es lo que debe ser porque siempre ha sido. De ahí que la falta de tradición democrática puede ser una atenuante, pero no una eximente de las pulsiones autoritarias.

Quien no tiene eximente ni atenuante es quien tiene experiencia democrática previa y la sacrifica por el poder, por el dinero, por el control sin límites de las castas. Este es el caso de Estados Unidos, un país que, lejos de resolver sus problemas atávicos con la violencia y el racismo, se sumerge a marchas forzadas en procesos autocráticos, expandiendo por el mundo, manu militari si hiciera falta, esta cultura de dictadorzuelos con traje italiano.

La democracia es un bien escaso que cuesta mucho alimentar, pero que puede morir de inanición en cualquier momento. El pensamiento mágico dice que la democracia siempre estuvo ahí, como el paisaje, y que siempre estará. Pero el paisaje se puede destruir y la democracia perder

La democracia es un bien escaso que cuesta mucho alimentar, pero que puede morir de inanición en cualquier momento. El pensamiento mágico dice que la democracia siempre estuvo ahí, como el paisaje, y que siempre estará. Pero el paisaje se puede destruir y la democracia perder. Esta requiere de un compromiso social permanente, de ahí que uno de los mayores crímenes sea el que comete aquel que cobra un sueldo de la democracia y le falta tiempo para atentar contra ella.

Tal vez esto sea lo más vergonzante. De estos hay casos por doquier, desde parlamentarios que reniegan de los consensos democráticos, pero no de los sueldos que perciben gracias a la democracia, a gestores públicos especializados en chupar de la goma con todos los gobiernos, pero que trabajan con entusiasmo por la involución, hasta servidores públicos que viven de un sueldo que les pagan aquellos a los que desprecian y a los que buscan la ruina.

Es en este trabajo continuo por la permanencia de los valores democráticos en donde los sucedáneos no tienen cabida. Las webs de Transparencia, uno de los instrumentos más importantes de los que se ha dotado la sociedad en los últimos tiempos, no pueden ser un oxímoron de opacidad o practicar un artificio de banalidad o de información arqueológica; órganos de participación ciudadana, y pienso en los Consejos de Distrito de Santander, que debieran ser disueltos al menos por vergüenza torera si su virtualidad es inane; el secuestro de la información que es pública, es decir, de todos, tanto como los caudales igualmente públicos...

La información y la participación son dos pilares democráticos. El sucedáneo permite generar la mascarada de la democracia, el artificio democrático cuando falta mucho recorrido para ser realmente democrático o se atenta disimuladamente contra la democracia. La exigencia permanente de cauces de participación reales e información universal y cierta son dos trabajos necesarios que siempre deberán realizar los de siempre, que son los únicos que saben que arrojar la toalla no es una opción válida.