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Un urbanismo para todos los vecinos

Ejemplo de pictogramas en el municipio de Manises (Valencia).

La relación entre el espacio construido y las personas con trastorno del espectro autista (TEA) ha sido raramente estudiada, pese a ser casi obligatorio si se quiere diseñar ciudades para todos sus vecinos. La falta de una guía de diseño de políticas urbanas específicamente para mejorar la calidad de vida y la autonomía de las personas con TEA ha desembocado en que rara vez aquellos que toman decisiones se preocupen de esta parte de la población con necesidades específicas.

Aunque estas personas presentan síntomas relacionados con la comunicación, el comportamiento o la interacción social, el grado de gravedad o forma va a variar de un individuo a otro, por lo que, como apunta la fundación Adana, "a pesar de las clasificaciones, ninguna persona que presenta un TEA es igual a otro en cuanto a características observables". Es por ello, por lo que las personas con TEA suelen tener problemas de interacción con el espacio que las rodea. De hecho, sus conductas no se producen solo por alteraciones en su sistema nervioso; también debido a la percepción sensorial alterada, por lo que su día a día se verá afectado negativamente. 

Dentro de su comportamiento, se pueden identificar tres pautas que se relacionan más con el espacio construido: estas percepciones sensoriales alteradas, la necesidad de comunicación con pictogramas y la recomendación de seguir rutinas para completar tareas. Para diseñar ciudades que acojan también a las personas con TEA, en definitiva, se necesitan diseñar políticas urbanas y proyectos concretos de diseño urbano a pequeña escala que aumente su autonomía, basados en la disminución de la sobrecarga sensorial y el uso de pictogramas en el espacio público.

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Desescalando que es gerundio

"Las necesidades tienen, característicamente, una doble dimensión: carencia y potencia, privación y capacidad. Privación, carencia, dependencia, insatisfacción por un lado; potencialidad, capacidad de cumplimiento y de florecimiento por otra parte".

Jorge Riechmann

La desescalada avanza, como si estuviéramos bajando una montaña. Aquella idea de que la naturaleza había recuperado espacio en las ciudades poco a poco se irá disipando y el ritmo de una "nueva normalidad" se irá imponiendo al igual que la vieja. Porque "nuevo" y "viejo" aquí significan lo mismo, pero el relato se construye con otra palabra para hacer como si no lo fuera, dando esa sensación de oportunidad de cambio, de transición, de renovación. Cada vez parece más claro que estamos viviendo un tiempo de pocas certezas y muchas incertidumbres, donde quizás lo más sensato sea poder plantearnos preguntas juntos y compartirlas.

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Santa Bárbara y la investigación

Una vez más se ha constatado que la investigación, en España, es como Santa Bárbara: nos acordamos de ella solo cuando truena. Y, como ahora está tronando mucho, mucho se está clamando sobre la importancia que tiene la investigación científica para avanzar en la frontera del conocimiento. O sea que, lo que las sociedades más avanzadas y con las economías más potentes del mundo sabían, ha quedado meridianamente claro en la lucha contra la COVID-19.

En España y en Cantabria, el grueso de la investigación se realiza en el seno de las universidades públicas. No es cuestión de ofrecer datos que cada poco aparecen en los periódicos, pero sí conviene recordar ambos aspectos a los efectos de lo que diré a continuación: la investigación es esencial para la competitividad de nuestra economía y para la mejorar la calidad de vida de las personas e, incluso, como se está viendo, para seguir viviendo. Y, en la medida en que la mayor parte de la investigación de calidad, en nuestra Comunidad Autónoma, se realiza en el seno de la universidad pública, hablar de una es prácticamente hablar de la otra. 

En general, la universidad pública de Cantabria ha sido apoyada -con altibajos- por los distintos gobiernos autonómicos, aunque ninguno como el actual que, de la mano del vicepresidente del Gobierno y consejero de Universidades, que ha incrementado en un 3,49% el presupuesto a la Universidad de Cantabria (UC). El apoyo a la UC como institución, sin embargo, no ha ido tradicionalmente en paralelo con el apoyo a las y los investigadores en forma de convocatoria de ayudas para proyectos de investigación. Así, mientras otras comunidades autónomas apoyan a las personas y a los grupos de investigación con convocatorias autonómicas de ayudas, la opción estratégica de los sucesivos gobiernos de Cantabria había sido apoyar a la institución y no directamente a las y los investigadores.

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Goyito Samsa, un ensayo a pequeña escala

Ilustración sobre 'La metamorfosis' de Kafka.

— Pues a mí no me parece tan sorprendente —le oigo decir a mi hija adolescente en la habitación de al lado, con voz más alta de lo habitual.

— Pero ¿¡a ti no te parece extraordinario que un señor se despierte un día convertido en insecto!? —insiste su madre, también con voz muy alta, exasperada, pero sin lograr cambiar la visión de la aprendiz de crítica literaria, que cumple como puede con los deberes que le asignan telemáticamente desde su instituto.

Cuando hay una discusión entre una adolescente y su madre, el padre de la primera tiende a ponerse de su lado. Hay razones biológicas para ello: es la hija la que va a transmitir los genes propios, la que contiene una promesa de futuro.

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Por una incorporación responsable a las aulas

Aula de un colegio.

Los directores y directoras miembros de la Comisión Permanente de centros de Infantil y Primaria, ante la inminente llegada de la Fase II de desescalada anunciada por el Gobierno de la nación y posible apertura de los centros educativos para una incorporación del alumnado de Infantil y previa consulta al Comité de directores y directoras, hemos decidido elaborar el siguiente informe sobre los riesgos y consecuencias sanitarias que tendría esta hipotética apertura para su envío a la Consejería de Educación, Formación Profesional y Turismo.

Son muchas y variadas las razones, que actualmente desaconsejan el regreso a las aulas del alumnado en los centros de Educación Infantil y Primaria, y más si hablamos de nuestro alumnado más vulnerable, el de la etapa de Infantil.

Disponiendo tanto de argumentos sanitarios como educativos, pedagógicos y organizativos en contra de esta decisión, hemos de partir de aquellos que habrían de garantizar la seguridad y salud de alumnado, profesorado, personal no docente y familias, ya que en un estado de emergencia sanitaria han de considerarse por encima de cualquier otro criterio que aconsejara la vuelta a las aulas del alumnado de Infantil, aun cuando se ofreciera a las familias de manera voluntaria.

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Carta a la ciudadana/o con cargo político

Dos personas pasean agarradas del brazo. |

El sueño erótico del poder se te ha convertido en pesadilla. Y por eso te presto 30 segundos de solidaridad. Nadie se presenta a unas elecciones o busca un puesto de designación directa para comerse una pandemia o para asumir un papel heroico para el que nadie está preparado en tiempos huérfanos de mitología en los que el desierto de la ejemplaridad pública es ocupado por imágenes perturbadores de futbolistas de élite en sus mansiones. Nadie.

Han pasado los 30 segundos, estimada o estimado cargo político, y ya es tiempo de realidad. Enfrentamos tiempos inciertos y absolutamente novedosos para nuestras generaciones. La humanidad tiene memoria de pandemias mucho más letales, pero la amnesia colectiva fomentada en la fiesta colectiva del final del siglo XX y principios del XXI ha hurtado a las mayorías la capacidad de sufrimiento y de resistencia. A ti, también.

Pero, ante todo, esa fiesta del exceso y de la razón neoliberal ha convertido a la mayoría de los cargos políticos en burócratas grises, nada dotados de imaginación y poco dados a la innovación. La innovación, en estos últimos años de crisis económica y de brechas en crecimiento, se ha limitado a fomentar a los emprendedores (ese nuevo modo de esclavitud contemporánea) y a estimular el camuflaje de una transferencia continuada de recursos públicos a manos privadas.

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Gestionando el espacio público en la "nueva normalidad"

Después de varias semanas de cuarentena estricta en mi apartamento de la Avenida de los Castros, un debate interno se coló en mi mente. "Sal a correr, o, aunque sea, en bici o a caminar", decía mi cabeza. "Te sentirás mejor". Así que salí directo hacia la puerta. Antes de llegar a la calle, la adrenalina hacía ya acto de presencia. Me preparé para estar vigilante: la acera de mi calle mide unos cuantos metros, aunque no los suficientes para garantizar la distancia interpersonal recomendada. No ocurre solo aquí, sino en cuatro de cada diez calles principales de Santander.

Mapa de aceras de Santander según si permiten o no mantener la distancia interpersonal.

Mapa de aceras de Santander según si permiten o no mantener la distancia interpersonal.

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El día después

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en el pleno del Congreso. |

Las consecuencias de la pandemia van a alterar sustancialmente nuestras vidas y buena parte de las normas que regían hasta ahora. Desde el punto de vista político, no es probable que la llegada de tiempos mejores sirva para apaciguar los ánimos; si la crispación no se ha reducido ni en los peores momentos, cuando el conteo de muertos era difícilmente soportable, no parece factible que la vuelta a la relativa normalidad mejore el panorama. Por ello, es bueno pensar en formas susceptibles de purificar el ambiente, sin que en esta ocasión sea necesario el confinamiento para conseguirlo. Una buena guía puede ser analizar los hechos y las decisiones en función de ellos mismos y no de quien los ejecuta.

Se ha repetido insistentemente que los políticos no han estado en esta crisis a la altura de una sociedad ejemplar en sus comportamientos. No hay tampoco mucha objetividad en esta consideración: en la sociedad hemos visto comportamientos de todo tipo. Si es verdad que la población ha cumplido muchos días de confinamiento con una disciplina admirable, también es cierto que se han producido comportamientos poco solidarios, como vimos con los desplazamientos a las segundas residencias. Se dice que en las situaciones extremas aflora lo mejor y lo peor del ser humano, y en esta crisis lo hemos podido comprobar. Pero si es bueno analizar con la mayor objetividad posible los comportamientos sociales, igualmente debemos hacerlo con los comportamientos políticos. Hay una responsabilidad evidente en aquellos líderes políticos que han utilizado la tragedia para obtener réditos políticos. Y habría que pedírsela. Y también ha habido políticos que han sufrido y luchado como aquellos médicos, enfermeros, policías…, a quienes aplaudimos y reconocemos como merecen.

La pandemia no puede utilizarse como pretexto para disparar al de enfrente, haga lo que haga y pase lo que pase. Es evidente que el gobierno ha cometido errores (muchos más de los que está dispuesto a reconocer), y graves, pero no lo es menos que nadie estaba preparado para una crisis así, y que la gran mayoría de los gobiernos europeos se han visto igualmente sorprendidos y desbordados por la situación. Explicar a los ciudadanos los procesos de toma de decisiones, explicar por qué lo que hoy parece obvio (la adopción de medidas de precaución antes de pasar en un minuto de la nada al confinamiento total de 47 millones de personas) no se hizo debería ser materia obligada. Pero aún más debería evitarse el ataque sistemático y gratuito a quien tiene que tomar decisiones muy difíciles y muy complejas, con el solo objetivo de erosionar políticamente al Gobierno y facilitar el acceso al poder de la actual oposición. Son actitudes que vienen a demostrar, en este caso de manera particularmente lamentable, la falta de cultura democrática, de hábitos de respeto y humanidad que deberían ser previos a cualquier pronunciamiento. Si es importante no establecer una fractura artificial entre ciudadanía y 'clase política', sí hay que insistir en que la responsabilidad de los líderes políticos, obviamente, es muy superior a la del común de los ciudadanos, porque su grado de influencia y de poder es mucho mayor, y también porque su condición de representantes les obliga más.

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La mala educación

Las clases presenciales están suspendidas desde el mes de marzo. | ARCHIVO

No es poco lo que se ha escrito sobre el coronavirus y su incidencia en la educación. Vaya por delante que, en esta situación, es inevitable que la Consejería de Educación de Cantabria (como todas las demás) nade entre cierta ambigüedad: no sería realista pedir otra cosa ante un escenario tan tornadizo, máxime cuando nadie tiene un manual de instrucciones para una situación tan inédita como esta.

Aún reconociendo eso, no deja de ser frustrante para los que nos dedicamos a esta profesión que la forma de actuar de Educación repita unas dinámicas ya conocidas por todos los profesores, y que tienen como eje común el ninguneo al que se nos somete por la Administración. Aunque el contexto y las medidas discutidas sean muy diferentes, una reflexión calmada apunta a que hay un cierto fondo común con algunas de las ocurrencias de la ultraderecha en materia educativa. Y ese fondo común descansa en dos ideas, a cuál más preocupante: la desconfianza hacia los docentes y la concepción de los mismos como meros proveedores de servicios.

Esa desconfianza hacia el profesorado queda plasmada en unas instrucciones enviadas por la Consejería que constriñen hasta tal punto la autonomía docente (recogida legalmente en normas de rango superior) que no es extraño que levanten dudas sobre su legalidad entre muchos. Una desconfianza implícita, pero que encastra perfectamente con la desconfianza explícita de Vox en sus peroratas sobre "adoctrinamiento" en las aulas, y que tanto criticó la propia consejera, Marina Lombó (PRC), meses atrás. Diferente contexto, pero fondo común: el docente, visto como alguien a quien hay que vigilar de cerca, bien para imponer un "relato", bien para conseguir los objetivos políticos buscados.

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Derechos y privilegios

Esparciendo caloca en Monte, Cantabria. | Foto del CIL de La Maruca

Tras sacar plaza en unas oposiciones públicas docentes, regidas por los principios de igualdad, mérito y capacidad, que no se garantizan precisamente en la selección de las empresas privadas (tampoco en las educativas), me convertí hace unos meses que ahora parecen años en funcionario público. Desde entonces, no he parado de escuchar que, por la estabilidad laboral alcanzada, somos unos "privilegiados", en el sentido de que disfrutamos una situación mejor que la de otros trabajadores.

El origen de las plazas fijas de los funcionarios está en la necesidad de los estados de una plantilla de empleados públicos sin vinculación partidista, que no se debieran al gobierno de turno y pudieran actuar con independencia. Pero en realidad, la estabilidad debiera ser un derecho para todos los trabajadores, salvo incumplimiento de sus obligaciones. En la generación de nuestros padres, muchos comenzaban y terminaban su vida laboral en la misma fábrica, pero la actual fase capitalista ha puesto esto en peligro de extinción, vendiéndonos la búsqueda constante de empleo como un apasionante desafío de superación.

Se construye así un marco perfecto para la patronal: por un lado los trabajadores "normales", precarios que no saben si van a mantener su empleo la semana que viene, sometidos a esa constante espada de Damocles… y por otro los "privilegiados" con un salario digno, descansos, etcétera. Juan Rosell se atrevió a declararlo en 2015: "Los trabajadores con contrato indefinido son unos privilegiados".

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