Animales con “jornada partida” o problemas de fertilidad, entre las consecuencias de las altas temperaturas en la ganadería
Pérdidas en la producción, problemas de fertilidad, falta de pastos y agua o mayor índice de mortalidad son algunas de las consecuencias para los animales de las altísimas temperaturas que sufre todo el territorio nacional y que están afectando directamente a los ganaderos de Castilla-La Mancha sin excepciones, desde el vacuno de leche, la avicultura, el ovino o a la apicultura.
El calor “afecta directamente al bolsillo”. Es el resumen que hace de la situación César Gómez, un ganadero de Velada en la provincia de Toledo que tiene una explotación de 360 cabezas de vacas de raza frisona-holstein para la producción de leche.
El sector lechero es uno de los que más sufre estas oleadas de intensidad térmica. “El calor nos afecta muchísimo porque las altas temperaturas lo que provoca es una bajada de la producción de leche, y nosotros vivimos de eso”, asegura.
La raza frisona se refiere a un tipo de vaca que fue seleccionada en Países Bajos y Alemania porque es “más lechera del mundo”, pero está acostumbrada a temperaturas más bajas. Cuando sube el calor, “el animal baja la producción mucho porque está pendiente de regular su temperatura corporal y, como consecuencia, ingiere menos materia seca, porque comer más lo que hace es subir su temperatura”, señala. Y si come menos, también produce menos leche. “Los animales se pasan todo el día jadeando, intentando regular su temperatura y no comen”.
“Es una odisea que las vacas se queden preñadas en verano”
Pero además, el calor afecta también a la fertilidad de las vacas y complica la reproducción. “Con estas temperaturas el organismo reproductivo de las vacas funciona muy mal; es una odisea conseguir que las vacas se queden preñadas en verano”, asegura.
Las pérdidas, según César Gómez, se pueden cifrar entre un 10 y un 30% de la producción de leche dependiendo de cada animal. Una vaca en esta explotación produce entre 36 y 37 litros al día, una leche que se destina a la fabricación de yogures para la factoría de Danone.
El problema es que el calor llega cada año antes, dura más tiempo y con temperaturas más altas. “Cuando tuvimos la primera ola en junio los animales ya bajaron la producción y eso no se vuelven a recuperar, aunque los días más intensos de calor baja más. La gente mayor de esta zona dice que estos calores tan altos y prolongados no los hemos tenido nunca, a finales de mayo los animales ya empiezan a sufrirlo aunque el bajón no lo dan hasta algo más tarde”, advierte.
Para intentar mitigar esta situación han instalado en la zona de alimentación y en la zona de espera antes del ordeño vaporizadores de agua y grandes ventiladores con el fin de mejorar la sensación térmica de los animales, además de que dispongan de buenas zonas de sombra. “Se hace una inversión para intentar minorar el impacto del calor, se las refresca con el agua, ducharlas para que estén más frescas, bajen su temperatura corporal y tenga un impacto menor en la producción”.
El ovino de carne en extensivo también sufre con el calor aunque en menor medida, ya que estos animales están acostumbrados a adaptarse a las estaciones, señalan desde el ámbito ganadero.
Animales con “jornada partida” para alimentarse en los pastos
Vicente Caja, ganadero en Buenache de la Sierra (Cuenca), asegura que “el calor nos afecta siempre pero la ganadería extensiva esta más tiempo en campo”, y lo que hacen en adaptar sus horas de descanso y alimentación. “Ahora, en la sierra de Cuenca, pasan todo el día acostadas en las frondas y la noche se la pasan rondando por las lomas en busca del alimento”, aunque el calor también afecta a los pastos.
“Podemos decir que ahora tienen la jornada partida, porque su misión es la de alimentarse y comen por la mañana pronto y con la fresca por la noche, y el resto del tiempo están acostadas a la sombra”, dice. “Durante el invierno se adaptan el invierno y hacen jornada intensiva para aprovechar la luz porque dura poco el día”, apunta.
“Aquí calor de verano ha hecho siempre, y frío en el invierno y temporales y sequía”, es decir, estos animales están acostumbrados a adaptarse a las condiciones en cada momento.
El calor les afecta pero en estas condiciones les impacta menos que en otras zonas donde no hay tanta sombra y tiene que poner artificialmente unas zonas al resguardo del sol o a los animales que están en intensivo.
Otro problema añadido de las altas temperaturas es que “con el calor proliferan más las moscas y hay que estar más pendiente de quitar más las larvas y cuidar más a los animales para evitarles problemas”, señala.
La apicultura también lo sufre
Uno de los sectores ganaderos que más se ve afectado por la situación térmica es la apicultura.
Beatriz Rico, joven apicultora con una explotación en Torrecilla de la Jara (Toledo), explica cómo funciona una colmena: “Dentro de la colmena lo ideal es mantener una temperatura de 35 grados” y las abejas lo consigue tanto en verano como en invierno ventilando la colmena mediante el movimiento de las alas.
“Con estas temperaturas tan altas necesitan llevar mucha agua a la colmena y ventilar, pero gastan mucha energía en ventilar y eso les acorta la vida”, asegura a Agroalimentaria.
Esto aumenta la mortalidad de las abejas. Pero además, “la reina reduce la puesta de huevos en verano, antes solo estaba el parón invernal pero ahora, con estos calores, tenemos el parón invernal y el parón de verano, la masa crítica de abejas se reduce, y se reducen las colonias”, describe.
Para mitigar el calor lo que hacen los apicultores es llevar agua cerca de la colmena para que no tengan que buscarla lejos de la colonia, teniendo en cuenta también que el calor seca los riachuelos y regatos y estos insectos encuentran más dificultades para encontrar agua. Algunos apicultores también pintan la parte de arriba de la colmena de cal, para que al ser blanca refleje la luz y no haga tanto calor.
Por otro lado, la prolongación y la intensificación de las temperaturas también recorta el periodo de floración. “La flora se pierde antes y en lugar de pasar dos meses que solían pasar sin recolectar ahora nos vamos a los dos y medio o tres meses sin poder recoger el néctar”, apunta.
El año con una primavera muy lluviosa ha sido además “raro” para la apicultura, comenta porque “los parones de muchos días de lluvia las afecta negativamente”.
Impacto en la producción avícola, de cerdo o de conejo
En otras explotaciones ganaderas con gran peso en Castilla-La Mancha, como en la avicultura, los problemas por las pérdidas de calor están viniendo por falta de fertilidad o por unos huevos de menor tamaño, con la cáscara más fina que dificulta su salida al mercado, según han apuntado las organizaciones agrarias.
Además, el riesgo de mortandad es mucho más elevado al ser un animal de menor tamaño, a pesar de los esfuerzos que realizan los ganaderos en regular la temperatura de las naves para mantener niveles de calor aceptables.
En el caso de los conejos, la situación también es similar, con pérdidas de producción que han llegado a rondar el 20% y pérdidas de peso, repercutiendo a la baja en los rendimientos, según ha señalado Unión de Uniones.
Por otra parte, la organización destaca que también el sector porcino se ve afectado, con animales que padecen estrés térmico que se traduce en apatía y escasa alimentación.