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Árboles para refrigerar las ciudades o el optimismo para que los gestores sean “cada vez más sensibles”

Concentración vecinal en el barrio toledano del Polígono para pedir más árboles y fuentes transitables. Llevan reclamándolo ya cinco años

Carmen Bachiller

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Este viernes, vecinos y vecinas del toledano barrio del Polígono se han vuelto a concentrar a la sombra de un árbol para reclamar al ayuntamiento -y es el quinto año que lo hacen-, más árboles y fuentes transitables. “Queremos una ciudad para vivir, no para morir de calor”, reclamaba la portavoz vecinal Sonia Méndez, tras recordar que solo en junio de este año ha habido siete personas que fallecieron en la provincia de Toledo debido al exceso de calor.

Reclaman “valentía” a la hora de diseñar las ciudades. Toledo está ahora, precisamente, redactando un nuevo Plan de Ordenación Municipal (POM) y cuenta con Plan de Infraestructura Verde y Azul pagado con fondos europeos Next Generation, listo según el contrato de adjudicación desde 2025, pero que sigue en un cajón.

“Las administraciones deben de jugar un papel de liderazgo creando refugios climáticos y espacios urbanos adaptados como respuesta al cambio climático. Por eso estamos hoy aquí, por quinto año consecutivo, bajo nuestro ya amado árbol que con su sombra nos permite respirar y sobrevivir a este asfixiante calor”, recordaba Sonia Méndez.

El árbol es un elemento fundamental frente a temperaturas extremas. “No nos cobra nada, no es aire acondicionado sino aire natural, porque nuestros barrios, nuestras ciudades necesitan eso, más naturaleza, menos asfalto y hormigón”, dice esta vecina.

Y lo cierto es que no va desencaminada. La literatura científica apunta exactamente a lo mismo. “Los árboles puede mitigar bien y mucho el impacto de las olas de calor”, confirma el ingeniero forestal y doctor en Medio Ambiente, Enrique García Gómez. “Es algo que está ya más que contrastado científicamente hablando, con diferencias térmicas de hasta diez grados”.

Una opinión que coincide con la de Enrique Sánchez Sánchez, catedrático de Física de la Tierra en la Facultad de Ciencias Ambientales y Bioquímica de la Universidad de Castilla-La Mancha. “Los árboles son fundamentales. Desde el punto de vista térmico, climático y ambiental, su presencia tiene unos cuantos beneficios para suavizar las temperaturas tan elevadas que tenemos”.

El ecólogo y profesor de Tecnologías del Medio Ambiente en la Escuela de Caminos de la misma universidad recuerda que el arbolado urbano es “una comunidad de organismos que establece relaciones de ayuda mutua con animales y personas, y sin embargo no somos capaces de interpretar su lenguaje”.

En ocasiones, critica, que la postura de los gestores públicos se traduzca en considerar a los árboles como “mobiliario urbano”, cuando “los arboristas nos están diciendo que deberíamos respetarlos por la función que cumplen”.

Zona arbolada en Toledo

“Por la noche la vegetación también es importante”

El factor clave es la evapotranspiración de las plantas. Es un proceso que genera humedad que contribuye a crear sensación de mayor confort en términos térmicos.

El catedrático Enrique Sánchez pone el foco en la capacidad de retener calor que tiene cada tipo de especie vegetal, en comparación por ejemplo, con el asfalto o el ladrillo. “Estos últimos no solo retienen más el calor durante el día, sino que además lo sueltan de forma muy lenta por la noche. Es casi peor, si no hay vegetación”.

El científico subraya también la necesidad de no perder de vista las temperaturas nocturnas. “Son un factor crítico, aunque nos fijemos más en las diurnas. Por la noche la vegetación también es importante”, dice, porque el hecho de que el termómetro no baje de los 24 grados puede tener impacto en la salud (no solo en el sueño). “El hecho de que haya vegetación crea pequeñas islas de frescor en la ciudad. Tiene muchas ventajas desde el punto de vista físico y termodinámico”.

“Cuando se diseña un proyecto urbanístico se priman mucho los bancos, los bordillos, el granito… Resulta que te encuentras con grandes obras de urbanización en las que al final lo que quedan son cuatro maceteros para poner alguna plantita”, apostilla Enrique García Gómez, al apuntar que en muchas ocasiones el presupuesto relacionado con lo forestal no llega “ni al 1%”.

Cuando se diseña un proyecto urbanístico se priman mucho los bancos, los bordillos, el granito… Resulta que te encuentras con grandes obras de urbanización en las que al final lo que quedan son cuatro maceteros para poner alguna plantita

Enrique García Ingeniero forestal y doctor en Medio Ambiente

En cambio, reprocha, “somos capaces de diseñar miradores inmensos, solados increíbles, barandillas fantásticas y rejas inesperadas, pero nadie piensa en cómo aprovechar el agua de lluvia, implementando canaletas guiadas, como si fueran un riego automático. En vez de eso, impermeabilizamos. Nadie piensa en poner pavimentos porosos y el agua se va por la alcantarilla”, dice Enrique García. Hay mucho margen de mejora. Hasta en cómo airear las raíces.

“Lo puede comprobar cualquiera que pase en su ciudad o pueblo por una masa arbolada en un suelo de tierra natural. No hablo de suelos impermeables o de la zahorra que ahora tanto se lleva y que no es más que otro pavimento que causa incluso erosiones”, añade el biólogo Máximo Florín.

Los científicos echan de menos proyectos de ciudad diseñados “desde un punto de vista multidisciplinar”. En opinión del ingeniero forestal “la base tiene que estar en el arbolado por encima de cualquier otra especie. Eso es lo que va a refrigerar la ciudad y atemperar los extremos de máximos y mínimos”.

Imagen generada por IA, partiendo de los datos del artículo científico revisado por pares, publicado en abierto: Mendes et al. (2020), Revista Geográfica de Valparaíso, DOI 10.5027/rgv.v1i56.a57, bajo licencia CC BY 4.0

Enrique Sánchez apela al concepto 'refugio climático' para atribuirlo también a las zonas con vegetación. “Yo entiendo que hay muchas derivadas políticas, de gestión o cuestiones de urbanismo y que durante mucho tiempo se ha minusvalorado esta cuestión: menos arbolado para hacer una plaza maravillosa, pero ahora hay más sensibilización”.

Hoy aquellos entornos “son absolutamente invivibles. El equilibrio nos permitiría zonas más amables, térmica y climáticamente hablando” y se muestra optimista a la hora de hablar de un cambio de rumbo en los gestores públicos. “Hay mucho por hacer”.

Quiero pensar que los ayuntamientos o consejerías piensan ya en pequeñas excepciones para crear islas.Teniendo en cuenta hacia dónde vamos en términos climáticos es casi una obligación moral

Enrique Sánchez Catedrático en Física de la Tierra

“Quiero pensar que los ayuntamientos o consejerías piensan ya en pequeñas excepciones para crear islas”, de cara a tratar de esquivar el calor. “Teniendo en cuenta hacia dónde vamos en términos climáticos es casi una obligación moral. Y ni es ideológico ni de izquierdas o derechas”, zanja.

También confía en que la sensibilización impregne cada vez al ámbito profesional. “Confío en que con la formación que damos en la Facultad a ambientólogos y ambientólogas no se limiten a cumplir con lo que obligue la ley”.

¿Hay suficientes árboles en las ciudades?

La demanda ciudadana de más árboles en las ciudades, junto a otros elementos como los refugios climáticos o la presencia de fuentes, ha crecido al mismo ritmo que se mueve el mercurio en el termómetro. “Seguirá habiendo demanda ciudadana en un contexto en el que el verano cada vez llega antes, es más intenso y dura más”, dice Enrique García, quien tiene varias publicaciones sobre los árboles singulares de Toledo y su historia.

“Creo que no tenemos suficientes árboles en las ciudades de Castilla-La Mancha”, y en su afirmación tira de la conocida reflexión filosófica ‘Donde un árbol cabe, por qué no lo hay’. “Es una máxima que deberíamos tener presente. Los humanos tenemos memoria breve y cuando llega el otoño no nos acordamos de que hemos pasado calor”.

Paseo del doctor Fernández Iparraguirre, en Guadalajara

“La gente se queja con toda la razón y quiero pensar que los políticos y los gestores serán cada vez más sensibles”, apunta el catedrático de Física de la Tierra, y coincide en la necesidad de “aprovechar” el conocimiento multidisciplinar de los profesionales.

Las especies planifolias, las más idóneas

Los especialistas coinciden en que, a la hora de elegir, no hay árboles “buenos o malos”, pero sí hay que tener en cuenta algunos parámetros. “Algunas veces nos empeñamos en colocar especies como los tilos, que son muy bonitos, dan mucha sombra… pero para Oviedo, no para una ciudad de Castilla-La Mancha porque se quemarán su corteza o sus hojas y cuando pasen diez años de malvivir, morirán”, apunta Enrique García Gómez.

Este ingeniero forestal rechaza la idea de homogeneizar las especies de árboles en las ciudades. “Lo que le sirve a Gijón, no es para Albacete. Por suerte en España tenemos una gran riqueza de ecosistemas, latitudes, pluvimetría… Hay que saber cuáles son las especies adecuadas para cada lugar”, defiende.

Parque Gasset de Ciudad Real

Maximo Florín se muestra tajante. “Son importantes, pero advierte: no cualquier árbol, en cualquier sitio o en cualquier momento”.

Ante una ola de calor como la que vivimos en los últimos días, el científico apuesta por las especies planifolias que se caracterizan por tener hojas caducas, anchas y planas. “La ventaja no es solo su tupida sombra, sino que su hoja caduca permite tenerlos cuando se necesitan, teniendo en cuenta que tenemos localidades donde la oscilación térmica entre verano e invierno es de 50 grados”, recuerda Enrique García.

En todo caso recuerda que “no se recomienda que haya más de un 8% de la misma especie” Apuesta por la “diversidad” para asegurar la supervivencia en caso de plaga o de fenómeno meteorológico adverso que no afecta por igual a todo tipo de árboles. “La desaparición de un 8% es algo asumible, pero si ocurre con el 50% es una catástrofe”.

El experto destaca la “eficiencia” de los árboles frente a plantaciones de césped o similares que requieren un mantenimiento y una aportación de agua “inasumibles en un país de sequías recurrentes”.

Operarios del Ayuntamiento de Toledo plantan un árbol, en uno de los habituales días de niebla en la ciudad

Acacias, olmos, plátanos y en ocasiones hasta árboles frutales ornamentales son algunas de las especies que se están utilizando en las ciudades. “Insisto en que hay que saber dónde se quieren poner y a qué distancia de fachadas o instalaciones. Además de tener en cuenta si por allí pasan coches o camiones y cuánto suele llover. Hasta si el suelo es silíceo, calizo o de escombros”.

Ciencia ciudadana sobre la percepción del calor

Máximo Florín lleva varios años estudiando la percepción del calor a través de la 'ciencia ciudadana'. Hace ya tres años organizó la primera 'Termometrada' de España que se realizó en Madrid allá por 2023 en la que participaron quince colectivos, coordinados por varios científicos. “Nos dimos cuenta de que había varias zonas 'horno', allí donde el suelo era de granito que acumula mucha temperatura. No es solo el asfalto, hay muchos tipos de superficie con el mismo problema”. Ese año, hubo otra termometrada en Albacete y también se ha realizado después en Daimiel (Ciudad Real).

Pretendemos visibilizar el déficit de arbolado urbano y la insuficiente adaptación de los municipios a la emergencia climática, poniendo de manifiesto cómo la falta de infraestructura verde repercute directamente en la salud, en las dinámicas sociales y la calidad de vida de la población

Máximo Florín Ecólogo y profesor de Tecnologías del Medio Ambiente

Con la Termometrada pretendemos “visibilizar el déficit de arbolado urbano y la insuficiente adaptación de los municipios a la emergencia climática, poniendo de manifiesto cómo la falta de infraestructura verde repercute directamente en la salud, en las dinámicas sociales y la calidad de vida de la población”, explica Florín.

De la iniciativa llevada a cabo en Daimiel han surgido algunas propuestas que van desde conservar el arbolado maduro existente como prioridad, “ya que constituye el recurso más eficaz e inmediato para proporcionar sombra y reducir la temperatura” o incrementar de forma significativa el arbolado en el entramado urbano, fijando como objetivo alcanzar el 30% de cobertura de manera que calles, plazas y recorridos cotidianos dispongan de sombra suficiente para reducir las altas temperaturas y el efecto 'isla de calor'.

Una calle de Daimiel, en Ciudad Real

Después, se insta a aplicar criterios técnicos actualizados, que garanticen una distribución equilibrada, con especies de gran porte en los espacios que lo permitan, y tal y como también sugería Enrique García, con suficiente diversidad y con un mantenimiento que asegure su buen estado.

Otra idea es “despavimentar progresivamente parte de los espacios públicos destinados al ocio y el esparcimiento”, sustituyendo superficies impermeables por suelos permeables con sistemas urbanos de drenaje sostenible en zonas estratégicas, permitiendo su transformación parcial en infraestructura verde

Se requiere también ganar 'espacios verdes' o crear “islas de biodiversidad con vegetación autóctona y elementos de sombra”, distribuidas por todo el núcleo urbano, con acceso al agua a través de fuentes con retén, además de permitir que prospere vegetación espontánea en espacios urbanos baldíos, aumentando la biodiversidad y mejorando la resiliencia frente al cambio climático con especies adaptadas al clima local.

Junto a eso se sugiere garantizar la accesibilidad a los servicios básicos en condiciones de seguridad, evitando que las altas temperaturas obliguen a la población a permanecer recluida en sus domicilios o a depender del vehículo privado para desplazamientos cortos. En Daimiel, los itinerarios hacia centros sanitarios, comercios, centros educativos y deportivos “son intransitables en verano, especialmente para la población vulnerable”, recuerda Máximo Florín.

En definitiva la adopción del modelo “ciudad biofílica” (aquella capaz de integrar la naturaleza) a la hora la planificación urbana, acompañada de una red de refugios climáticos de la que tanto se está hablando en Castilla-La Mancha desde la pasada primavera, tras varias olas de calor extremo continuadas en el tiempo.

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