Homenajes y debates en torno a Gaudí
A finales de 1959, Camilo José Cela dedicó a Gaudí un número monográfico y extraordinario de su revista Papeles de Son Armadans. Fue concebido a partir de un ciclo de conferencias celebrado en el Club Urbis, un año antes, en el que participaron personajes como Chueca Goitia.
“A Antoni Gaudí i Cornet, de oficio arquitecto y soñador, lo atropelló un tranvía, en Barcelona, en la calle Cortes esquina a la de Bailén, el lunes 7 de junio de 1926, a eso de la media tarde, cuando iba, como todos los días, al rosario de San Felipe Neri. Mosén Parés, capellán custodio de la Sagrada Familia, la iglesia de Gaudí y en cuyos artesanos recovecos Gaudí vivía, se pasó la noche buscándolo por Barcelona.
…
Gaudí, como los arquitectos góticos, fue hombre de sólidas y adivinadas convicciones, casi lindantes, en no pocos momentos, con la magia.“
CJC.
Conviene recordar que no siempre contó este arquitecto con una corriente unánime de crítica que alabase sus obras universalmente. Lo explicó con detalle Enrique Casanelles, que al mismo tiempo destacó la atención que desde Italia y Estados Unidos le dedicaron personajes como Zevi y Sweeney.
No en vano, la exposición en el Salón del Tinell de 1956, saltó el Atlántico hasta el MoMA, con catálogo de Henry-Rusell Hitchcock. Y ,recordando la atención que se nos presta en Italia, es oportuno recordar que la arquitectura sacra de Fisac, va a ser objeto -a finales de mes- de un congreso en Bolonia.
Fueron, más tarde, autores como Carlos Flores, los encargados en volver a recuperar este legado. Otros como Oriol Bohigas, una de las más destacadas cabezas pensantes que inspiraron la Barcelona de los Juegos Olímpicos y uno de los mayores estudiosos del modernismo catalán, defendieron, con energía y tesón, durante décadas, la opción de renunciar a terminar las obras de la Sagrada Familia. El recordado manifiesto de 1965, contó con famosos avales nacionales e internacionales, y esta polémica se ha venido alimentando hasta época reciente como muy bien podría ilustrarnos La Vanguardia.
En estos días pasados nos han impresionado las imágenes que acompañaron la reciente celebración que ha unido al Papa León XIV con este soberbio templo, cuya noción de la humildad se refleja en una altura de récord, que no alcanza -por muy poco- las cotas de Montjuic, obra del creador. Con esas dimensiones tan mediáticas, merece la pena rescatar, tres breves artículos, incluidos en el citado cuaderno mallorquín. Son estos los de Azorín (1), José Luis López Aranguen (2) y Antonio Buero-Vallejo (3). Reflejan tres formas personales de mirar de una clarividencia singular y refuerzan ese convencimiento de que es muy difícil la buena arquitectura sin una sociedad lúcida que la pueda y sepa encargar, prestarle la atención merecida, vivirla y disfrutarla, o dedicarle críticas inteligentes y generosamente constructivas.
1.-La catedral de Gaudi.
“Las catedrales son seres vivos. La catedral de Gaudí es sensitiva; más que sensitiva, hiperestésica. …. Presentimos que su maravilloso organismo, su red nerviosa, sus músculos delgados, van a vibrar, a distenderse, a sacudirse. Admiramos con toda admiración, y estamos pasmados...una corriente de sensaciones se establece entre la catedral y sus admiradores: admiración, cariño, temores, inquietudes, zozobras, anhelos, esperanzas, recelos, tristezas.”
Azorín.
2.-Tema de contradicción.
“…a mi modesto entender e incompetente juicio, la contradicción ha de resolverse hoy eligiendo al Gaudí actualizable en 1960 frente al Gaudí modernista de su tiempo, y enredado para siempre en él.”
José Luis L. Aranguren.
3.-Gaudí en su ciudad.
“Gaudí es mi más fuerte impresión de Barcelona. Este hombre batallador, que habría de dejar inacabado su magno templo-y así creo yo que debiera quedar-, ha tenido, muerto, la suprema compensación de transformarse en mito. …Este albañil le habría encantado al Greco: convierte como él las estructuras en llamas, pero las estructuras conservan su rigor implacable. Tal vez, en nuestra época, nadie haya afrontado como él el problema ”total“ de la arquitectura: el que abarca desde el sistema de techumbres hasta el menor adorno y encierra todo en una voluntad de estilo”.
Antonio Buero Vallejo.
Justo dos años después, en noviembre de 1961, José Antonio Coderch, uno de los firmantes del citado manifiesto de 1965, publicó en la italiana Domus, un artículo, de gran repercusión: No son genios lo que necesitamos ahora.
Arrastraba una experiencia profesional de veinte años cuando lo escribió. De este texto, seguramente más citado que estudiado a fondo, entresacamos los siguientes párrafos, no sin antes prevenir del riesgo que ello entraña:
“No, no creo que sean genios lo que necesitamos ahora. Creo que los genios son acontecimientos, no metas o fines. Tampoco creo que necesitemos pontífices de la arquitectura, ni grandes doctrinarios, ni profetas siempre dudosos.
…
¿No es curioso también, que tengamos aquí, muy cerca, a Gaudí (yo mismo conozco a personas que han trabajado con él) y se hable tanto de su obra y tan poco de su posición moral y su dedicación?“
Para Coderch, el valorado -en sus signos externos- trabajo de Gaudí, ya no estaba a nuestro alcance cuando publicó estas palabras, y menos aún si este conocimiento se acompañaba del olvido hacia sus posiciones morales y profesionales, en un mundo sumido en un proceso de cambios intensos y constantes, donde la base de del trabajo de los arquitectos había de mutar inexorablemente debido a causas como las que describe:
“....problemas religiosos, morales, sociales, económicos, de enseñanza, de familia, de fuentes de energía, etcétera, que pueden modificar de forma imprevisible la faz y la estructura de nuestra sociedad … y que impiden hacer previsiones honradas a largo plazo”.
Pocas veces, en el mundo actual, una obra concreta ha generado tanto empeño y polémica por verse terminada. Por el camino quedaron numerosas personas que han cambiado de opinión al respecto, o se han rendido - en el más noble sentido de este término- ante el lúcido empeño y las 'artes' de unos y de otros, y ante sus consecuencias.
Óscar Tusquets ha sido uno de ellos, y su ilustrativo artículo “¿Cómo pudimos equivocarnos tanto?”, dio cuenta de este cambio, del recelo al elogio, que en su caso se produjo tras la visita a las obras y maquetas durante 2002. Su evolución crítica resulta ilustrativa de la creciente aceptación del resultado de estas obras que no dejan de enfrentarse a retos técnicos y de integración del resto de las artes, al tiempo que abordamos las consecuencias que se derivan de una expansión del turismo sin control.
Por otra parte, tampoco hay que olvidar que este es un año de notables eclipses, que moverán masas, y a más de un espectador dejarán 'deslumbrado'.
Sobre este blog
Espacio del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha para destacar el papel del arquitecto en la creación de espacios que trascienden lo funcional, invitando a la reflexión y el debate.
'ARQUITECTURA para respirar', alude a la inevitabilidad de la arquitectura, porque como el hecho de respirar es algo que está siempre presente, incluso cuando no somos conscientes. Y, a su vez, nos recuerda la definición de Lao-Tse, según la cual “cuatro paredes y un techo no son arquitectura, sino el aire que queda dentro”. Porque la arquitectura no es una disciplina meramente constructiva, sino que tiene mucho que ver con lo intangible del alma.
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