Nueva poética de Francisco Gómez-Porro
Buena parte de la obra del escritor Francisco Gómez-Porro está ofrendada a su entorno natal, el paisaje de la Mancha profunda donde fue a nacer, propio y aledaño a su pueblo, Villarrubia de los Ojos, por un lado y, por otro, extendiendo su labor a la región castellano-manchega. En Villarrubia, Francisco Gómez-Porro, aunque reside durante largos años en Majadahonda (Madrid), es un ilustre, pues la Biblioteca Pública Municipal lleva su nombre. Como periodista, ejerció la crítica teatral en ABC y fue columnista de Diario 16, entre otras labores en otros medios.
Se ha ocupado, asimismo, de los narradores de Castilla-La Mancha y es autor de un encomiable diccionario: 'La Tierra iluminada, un diccionario literario de CLM', donde glosa a todos los escritores de la región. Se ha ocupado de la obra de Francisco Umbral, prologando y seleccionando sus textos, además de elaborar una cuidada edición de la poesía reunida de Eladio Cabañero, emblemático poeta manchego. Un libro delicioso es ‘En el río muerto’, reflejando los recorridos del autor por las riberas del Guadiana. Como escribe la crítica, “este libro se fundamenta en la memoria de las gentes que el viajero encuentra a su paso y la naturaleza diezmada por la sobreexplotación.”
Francisco Gómez-Porro es, además, un alto poeta. Ahora acaba de publicar, en Almud Ediciones, el libro ‘Sangre sonora de la libertad’, ejecutado como un libro poético de carácter político, en defensa de los republicanos españoles en el exilio y que sufrieron en los campos de exterminio, contribuyendo a cimentar la democracia en Europa.
El también poeta y crítico Miguel Casado afirma que la poesía de Francisco Gómez-Porro, en esta ocasión, “se tiñe de un inusual sentido político fundado no en una identidad idealizada sino establecida en la solidaridad.” Gran diferencia con su anterior libro de poemas, publicado en la misma editorial en 2005, ‘El aliento natal’, que se ciñe a la faz manchega.
El libro está prologado por Antonio Martínez Sarrión, fallecido en 2021 y que fue gran figura literaria de nuestra región. Contiene muy sólidos poemas, habitados por una gran dicción, que me han recordado a las composiciones poéticas iniciales de Ángel Crespo (Ciudad Real, 1926-Barcelona, 1995), de quien, sin duda, Francisco Gómez-Porro se influye.
La alta virtud de estos poemas de Gómez-Porro es que el ambiente rural que retrata se comporta, de un modo idóneo, biográficamente, fusionado en las personas que lo pueblan, con una psicología muy dinámica a modo de una referencia expectante que llena de sentido el texto poético, enriquecido con el gran léxico genuino que la Mancha de Villarrubia de los Ojos, de donde es el autor, atesora. Gran poema es el titulado “Anima mundi”, del que destaco estos inmejorables versos: “El ritmo del mundo es eterno, / el arte es tan simple como vivir / y la vida un cofre de arcilla / donde se guardan los sueños del pueblo.”; también “Dominios del olvido”, del que extraigo estos otros: “Cuando la nostalgia tizne mi boca / con el vacío de estas vidas sin presente, / ¿qué palabras inventaré / para no zozobrar en la galerna del aceite, / para no ahogarme en la huraña ternura de los pozos?”
Responde al ideal de una poesía manchega inequívoca en su carácter
Este libro de Francisco Gómez-Porro responde al ideal de una poesía manchega inequívoca en su carácter. Y los necesarios elementos de esa justa caracterización deben ser, a mi juicio, el empleo de un lenguaje castellano fijado en la tendencia económica de la expresión a la vez que en la fuga imaginativa, por un lado, y el reflejo sabiamente sintetizado del paisaje, por otro.
El poeta valdepeñero Juan Alcaide hasta hace poco ha sido la emblemática voz poética de la Mancha. Pero Alcaide, más que el paisaje, glosó en sus cantos a un paisanaje ocupado en unos oficios y costumbres que hoy han periclitado, pues la Mancha ha cambiado mucho con el pragmático ritmo de los tiempos; y la temática de Alcaide, claro, queda hoy un tanto caduca.
Ángel Crespo, por el contrario, al haber encuadrado sus poemas que tratan de esta tierra en los elementos esenciales (animales silvestres y domésticos, árboles solitarios, vegetación autóctona y una actitud intemporal de sus habitantes), acuñó un decir poético expresivamente vigoroso todavía enteramente vigente, pues la Naturaleza es inmutable mientras que los detalles sociológicos se marchitan pronto en aras de un siempre urgente anhelo de renovación. Y eso que Crespo empieza a escribir sobre la Mancha, ya en los años cuarenta, sólo un poquito después de Alcaide, y con más visión, aun compartiendo ambos el mismo aspecto de la realidad circundante.
Esa magnífica observación que Crespo supo llevar a cabo dirigiendo su mirada al entorno manchego, dio lugar a mágicos versos, verosímiles, como éste: “El olor de las vacas es un gato”. No en vano, este corpus poético crespiano centrado en su paisaje natal, se inscribe en el movimiento del “realismo mágico”, surgido en los años 50 y del que él mismo fue fundador. De forma que, en mi opinión, los más valederos hacedores de una poesía auténticamente manchega son Ángel Crespo y Francisco Gómez-Porro.
No he coincidido muchas veces con Francisco Gómez-Porro. Pero persisten en mi memoria dos ocasiones. La primera de ellas tuvo lugar en Roma. Ambos estábamos invitados, junto a otros poetas españoles (Miguel Ángel Curiel, Ángel Guinda, Pilar Bravo, César Gavela) y algunos italianos, a leer nuestros poemas en la Academia de España, en el Janículo, donde estuvimos alojados durante unos días, muy orgullosos de residir en una institución tan prestigiosa. Valle-Inclán fue uno de sus directores; realizó, durante su mandato, sugestivas reformas en el amplio y vistoso recinto. En Roma, Gómez-Porro leyó de su libro 'El aliento natal'.
Posteriormente, en Madrid, participábamos los dos en una manifestación que protestaba en la Gran Vía, vivamente, por algo. Nuestras actitudes políticas de entonces podrían quedar asociadas a este nuevo libro de Paco (así le llaman los amigos), con un título tan expresivo, y tan representativo: 'Sangre sonora de la libertad', que podría equivaler a este otro: 'Libre latido clamoroso'. Aquí los versos laten, como la sangre ahíta, y el poemario se desarrolla sujeto a este fiel ritmo: “Quiero escuchar lo que grita el musgo en sus sienes, / lo que murmura la piedra sobre sus tumbas, / lo que canta el agua donde se hospedan sus huesos”.
Entre la trova medida y la prosa poética
El libro transcurre alterando verso y versículo; es decir, combinando trova medida con prosa poética. El primer esquema es muy válido para conformar la imprecación lírica en atención a esos pobres republicanos exiliados: “No hay refugio en el azar. No hay consuelo en el silencio. / Para ellos solo existe el destino, / la sentencia ejecutada por un tren / que recorre el horizonte iluminado por los hornos / de los que fueron consumidos por la lucha.”
Los fragmentos versiculares, o de prosa poética, suelen contener, mayormente, además de la narración de la impostura, acerba crítica a esa Europa, más concretamente, Francia, que acostumbró a tratar tan mal a los valientes republicanos españoles: “Ellos, que ya fueron espiados, señalados, detenidos, interrogados, registrados, rapados, fumigados, que ya conocieron la desnudez humillante de los cacheos, que ya convivieron con sus deshechos en Argelès, en Bacarès, en Rivesaltes, en Vernet, en Gurz, en Bran, en Septfonds, no ignoran que pronto tendrán que elegir entre la servidumbre o la muerte. Es decir, defenderán lo que desprecian para conservar aquello en lo que creen.”
Dos partes de las tres que abarca este libro se acogen al título latino 'Vae victis' ('Ay de los vencidos'). La tercera parte, 'Orbe', resume la pena por la suerte de ese desdichado colectivo de republicanos huidos exhibiendo la franca ofrenda conducida hacia su memoria: “Llamo poema a cualquier vida que nos ofrezca / un estuche de savia o de sangre / para la memoria de los vencidos.” Independientemente de su temática, honrando a esta coherente humanidad de seres derrotados, la escritura poética de este conjunto de composiciones ostenta una gran altura, donde hay al tiempo esmerada lírica y muy útil conocimiento de la historia, poblándose de numerosos nombres aleccionadores.