GUADALAJARA
El observatorio de Yebes, medio siglo de contribución al hallazgo del 30% de las moléculas interestelares
Este sábado hay ‘noche de observación’ del cielo en el Centro Astronómico de Yebes, en la provincia de Guadalajara y el aforo está completo desde hace días. No habrá una actividad similar - una observación solar- hasta el próximo 6 de junio.
El interés por conocer lo que rodea al planeta Tierra ha sido una constante desde hace siglos y uno de los lugares privilegiados para hacerlo es este lugar, a unos pocos kilómetros de Guadalajara capital, dependiente del histórico Observatorio Astronómico Nacional (OAN).
Acaba de cumplir medio siglo de vida, aunque en realidad no hay una fecha exacta de su creación. Una visita del entonces ministro del Plan de Desarrollo Cruz Martínez el 11 de diciembre de 1975 se considera el punto de partida para esta ‘Infraestructura Científica y Técnica Singular (ICTS)’.
Se fundó porque en aquel momento ya era necesario alejar de Madrid los instrumentos de observación e instalarlos en un lugar relativamente cercano, pero con mejores condiciones, sin tanta contaminación lumínica. El entonces director del centro nacional Manuel López Arroyo y el astrónomo José Pensado Iglesias impulsaron un plan de modernización y se eligió esta población de Guadalajara para seguir creciendo. El ayuntamiento cedió los terrenos de forma gratuita.
Tras unos inicios modestos en las instalaciones, cinco décadas después, el Observatorio de Yebes se ha consolidado como referente mundial en la radioastronomía, el desarrollo tecnológico y en la geodesia. De hecho, es la única estación geodésica fundamental en España. Forma parte de la Red Global de Observaciones Geodésicas GGOS, y es una de las mejores del mundo por su aportación en aplicaciones prácticas relacionadas con la cartografía, la monitorización de lo que ocurre en el planeta e incluso para la operación de satélites meteorológicos.
Pablo de Vicente Abad es astrónomo del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y lleva casi nueve años al frente del Observatorio de Yebes. Subraya lo inédito en el nacimiento del centro en los albores de la democracia. “Fue raro. No había experiencia en España, pero decidieron poner un radiotelescopio”, comenta.
De hecho, la radioastronomía apenas llevaba 15 años funcionando en Europa. Ni siquiera había profesionales especializados y los españoles tuvieron que formarse en Alemania, Francia, Suecia o Estados Unidos, entre ellos el propio Pablo de Vicente.
Cuando la observación astronómica era analógica
Jesús Gómez, profesor de la Universidad Complutense, fue el primer director del observatorio desde 1975. Tres años después, allí no había prácticamente nada y el personal lo conformaban dos guardas, un topógrafo y un fotógrafo. La llegada al centro, en 1978, del primer radiotelescopio de España, con 14 metros de diámetro, protegido por un radomo, y un astrógrafo doble para observar asteroides y cometas, cambió su historia.
En esa época todo era analógico, desde la observación de cometas, hasta los datos que se enviaban por correo a Estados Unidos o a la Unión Soviética para calcular las órbitas. Hasta hubo que construir interfaces manuales para conectar los ordenadores con la antena.
El actual responsable del centro relata cómo la evolución de las instalaciones “fue posible gracias al entusiasmo y la vocación de un pequeño grupo de personas que eran extraordinariamente competentes. En tres años consiguieron hacer la primera observación con el radiotelescopio” y en muy poco tiempo, señala Pablo de Vicente, “se quedó pequeño”.
La infraestructura más emblemática de Yebes llegaría por esta razón poco después: otro radiotelescopio, pero de 40 metros de diámetro. Una pieza que ha sido clave en las investigaciones científicas que han permitido descubrir, solo por los especialistas de Yebes, más de un tercio de las moléculas conocidas a lo largo de la historia en el espacio interestelar.
No es el único en las instalaciones. Cuentan con otro gran radiotelescopio de 13 metros. “Nos sirve para conocer mejor la Tierra observando los astros, aunque parezca extraño”. Otro de los grandes instrumentos es un telescopio óptico de telemetría láser. “Emite pulsos y los envía a los satélites que hay orbitando la Tierra y los devuelve. Nos permite medir las distancias y posición de los satélites y de la propia estación espacial internacional”.
De forma reciente, se ha instalado un celostato para la divulgación científica y que está preparado para los visitantes del observatorio. “Nos permite proyectar el Sol en una pantalla gigante en tiempo real y es muy llamativo”.
De hecho, el próximo 12 de agosto y coincidiendo con el eclipse total del astro, el Observatorio Astronómico de Yebes difundirá una señal con la imagen del evento para los medios de comunicación. “Les daremos soporte, pero no abriremos el centro al público porque el eclipse se producirá a muy baja altura del Sol, durante la puesta solar y además aquí tenemos muchos árboles”. Guadalajara es una de las provincias españolas que se encuentran en la franja de totalidad del eclipse.
El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades lo ha confirmado recientemente como centro oficial para la observación del fenómeno. “El Sol es fundamental para la vida en nuestro planeta, pero también es un astro que nos puede generar problemas, por ejemplo por las tormentas solares. La observación es importante por si hay que emitir alertas. No está entre las cosas que solemos hacer en nuestro caso, pero somos conscientes de su importancia”.
“Nos hemos convertido en un centro puntero en el mundo”
“A lo largo de los años hemos avanzado en tecnología y eso es algo muy especial porque en España no ha sido algo muy habitual el desarrollo tecnológico”, apunta el astrónomo, quien considera que “tiene mucho mérito y ahora nos hemos convertido en un centro puntero en el mundo y lo digo con total rotundidad”, asegura su director.
Desde la instalación de aquella primera antena de 14 metros en los años setenta del siglo pasado, la institución ha evolucionado desarrollando tecnología propia. Entre esos desarrollos se incluyen los receptores criogénicos de alta precisión, que captan la señal del espacio, amplificada con instrumentos que fabrican en Yebes y que están siendo muy demandados en el ámbito internacional.
Los radiotelescopios necesitan ciertos instrumentos para captar la radiación (el flujo de partículas o de energía) que llega del exterior del planeta. “Es algo que no se compra, tenemos que fabricarlo o encargarlo. Nosotros hemos sido capaces de desarrollar una línea de trabajo con ingenieros muy brillantes que fabrican los receptores completos o parte de ellos, como es el caso de los amplificadores”.
El centro destaca por integrar el diseño, la construcción y la explotación científica en un mismo entorno, también colaboran con distintas instituciones académicas en la formación de nuevos profesionales. Unas 60 personas están actualmente vinculadas al centro astronómico que quiere avanzar en su papel de divulgación científica. “Queremos seguir contando al público lo que hacemos y además promover vocaciones entre la gente joven”.
La pregunta que todavía se hacen los astrónomos en el siglo XXI
Cuando le preguntamos por el foco de interés en este ámbito investigador en la actualidad, Pablo de Vicente no tiene dudas. “Los astrónomos del siglo XXI todavía se preguntan por el origen de la vida en la Tierra y si las moléculas prebióticas, las que pusieron los ladrillos de la vida, vienen o no del espacio”.
El radiotelescopio instalado en Guadalajara también contribuye a aportar pistas. “El Observatorio de Yebes es el primero del mundo en número de moléculas detectadas en el medio interestelar”, subraya. Es un proceso lento, muy lento. Las señales que llegan son débiles y la observación requiere paciencia y tiempo.
“Hay que recordar que el espacio entre las estrellas, aunque está casi vacío, tiene moléculas. Allí las reacciones químicas son distintas a las que se producen en la Tierra”, recuerda este profesional adscrito al Instituto Geográfico Nacional. Ahora se trata de demostrar si hay una base común en las reacciones químicas en el universo.
“La astroquímica es un campo fascinante en el que se ha avanzado bastante en los últimos tiempos. Apenas hace dos años que se ha descubierto que hay moléculas con forma de anillo, compuestos cíclicos, sobre todo hidrocarburos”, explica el astrónomo. Estudiar los CHONPS, el acrónimo con los seis elementos químicos indispensables para formar la materia viva (carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo y azufre) es un objetivo fundamental para avanzar en las teorías sobre el origen de la vida.
En algún momento vamos a tener un problema para poder hacer Astronomía desde la Tierra. No sé cuándo será, pero si esto no se regula y yo no soy optimista, ocurrirá. Entonces solo quedará una salida: lugares protegidos para hacerlo y si no, trasladarse a la cara oculta de la Luna, con el reto que supone montar cosas allí
Mientras, en el horizonte más inmediato para el mundo de la radioastronomía hay “tres megaproyectos” ubicados en Sudáfrica, en el desierto de Atacama (Chile) o en Arizona (EEUU), explica, pero más allá de los grandes radiotelescopios, el futuro para los medianos o pequeños está en el aire, advierte.
“Es cierto que siguen surgiendo oportunidades, pero tenemos algunas amenazas, como el ruido radioeléctrico. Tenemos una constelación de satélites alrededor de la Tierra que seguirá creciendo, además de la basura espacial”.
Por eso se muestra tajante al afirmar: “En algún momento vamos a tener un problema para poder hacer Astronomía desde la Tierra. No sé cuándo será, pero si esto no se regula y yo no soy optimista, ocurrirá. Entonces solo quedará una salida: lugares protegidos para hacerlo y si no, trasladarse al espacio. Habrá que irse a la cara oculta de la Luna, con el reto que supone montar cosas allí”.