Castilla y León inicia el expediente para declarar su “doma vaquera” Bien de Interés Cultural inmaterial

EFE

26 de diciembre de 2025 11:02 h

0

Castilla y León ha iniciado el procedimiento para declarar su “doma vaquera” como Bien de Interés Cultural (BIC) de carácter inmaterial, basado en una forma singular de montar a caballo, influenciada por la equitación militar y por las necesidades del trabajo de selección de ganado bravo, cuyos orígenes se pueden rastrear en siglos pasados.

La resolución de la Consejería de Cultura que recoge el inicio del procedimiento, y que publica este viernes el boletín oficial de la comunidad, el Bocyl, recoge que la doma vaquera en Castilla y León constituye “una manifestación cultural viva de indudable relevancia” para esa comunidad, en tanto que integra un conjunto de saberes y prácticas de valor etnológico vinculados en su origen a la ganadería de reses bravas.

Esas prácticas han sido transmitidas de generación en generación y ponen de manifiesto la interacción entre cultura y territorio, especialmente en el medio rural, operando como saber técnico especializado y vehículo de transmisión de conocimiento, de valores identitarios y de cohesión social, según la resolución recogida por EFE.

En el anexo del procedimiento e incide en que un dato histórico relevante se encuentra en la época musulmana, donde la caballería jugaba un papel determinante en la guerra, época que vio nacer la denominada «monta a la jineta», antecedente de la doma moderna.

En relación con esta técnica, destaca la obra del burgalés Hernán Ruiz de Villegas en el siglo XVI, el «Tratado de cavallería a la gineta», dedicado a su hijo para iniciarlo en el arte de montar a caballo. A partir del siglo XVIII, con la fijación de las reglas de las corridas de toros y el rejoneo, se percibe mejor la relación directa entre la monta a la jineta y la doma vaquera.

Para abastecer las corridas se empezaron a criar ganaderías de toros bravos, y como había que elegir a los animales más fieros, surgieron tareas específicas para poner a prueba su bravura. De ahí nació la figura del mayoral o conocedor y el vaquero, encargados de seleccionar, manejar y controlar el ganado.

Y su trabajo diario fue puliendo las habilidades que dieron forma a la doma vaquera, cuya denominación viene de que su objetivo es lograr que el caballo sea útil para controlar el ganado en el campo, sobre todo el bravo.

En relación con los orígenes de la ganadería de reses bravas en Castilla y León, se rastrea una fuerte influencia de la tradición monástica y la configuración de grandes fincas. La zona de Sahagún, en León, destaca por la presencia de monjes benedictinos cistercienses, quienes establecieron grandes fincas o cotos en los siglos XI y XII, como en Valdellán, donde aún pervive la única ganadería de reses bravas de la provincia de León.

La ganadería brava más antigua de España, Raso de Portillo, se encuentra en Boecillo (Valladolid) y fue fundada en 1880.

Desde sus inicios, y hasta finales del siglo XVIII, los terrenos –situados en las proximidades de Boecillo, Aldeamayor de San Martín y La Pedraja de Portillo– no tenían un propietario o titular como tal, sino que pequeñas ganaderías compartían el ganado en común, dando origen así a uno de los cinco encastes fundacionales del toro bravo. Sus toros –de origen morucho-castellano– alcanzaron tal fama entre la sociedad del siglo XVIII que se convirtieron en los preferidos por la Corona, otorgándoles el privilegio de abrir plaza en las funciones reales por tener el hierro más antiguo.

La ganadería de reses bravas en Castilla y León se ha desarrollado en diversas provincias, como Salamanca, Ávila y Valladolid; en León, como se ha citado anteriormente, solo cuenta con la ganadería de Valdellán. Pero actualmente el gran epicentro de la crianza del toro bravo se sitúa en el campo charro y así lo demuestran las 152 ganaderías que pastan en la provincia de Salamanca.

La vinculación de la doma vaquera con el manejo y selección de ganado bravo en Castilla León también está directamente relacionada con la celebración de los encierros tradicionales, que constituyen una de las expresiones festivas más extendidas en la Comunidad.

Cabe citar la celebración del Carnaval del Toro en Ciudad Rodrigo, La Saca de las Fiestas de San Juan de Soria, en la que los toros son guiados y controlados por caballos en su camino desde el Monte Valonsadero hasta la ciudad o los Encierros de Cuéllar, que también tiene una parte de recorrido con caballistas por el campo, entre muchos otros festejos.

La doma vaquera también tiene una vertiente deportiva, que se materializa en tres disciplinas regladas que cuentan con los correspondientes reglamentos de competiciones aprobados por la Real Federación Hípica Española. El primer Campeonato de España de Acoso y Derribo –ahora denominado de Faenas y Doma de Campo– se celebró en Salamanca en el año 1970, resultando proclamado campeón Miguel Bernardo de Quirós.

El hecho de que ese primer campeonato nacional tuviera lugar en Salamanca refleja el peso de esta tierra en la configuración de la identidad de la competición. Particular relevancia ha tenido el concurso de Ciudad Rodrigo, que se ha consolidado como una de las citas emblemáticas de la disciplina desde 1970, contribuyendo a su expansión y prestigio y que constituye una manifestación cultural profundamente enraizada en la doma vaquera y en la tradición ganadera de Castilla y León.

La doma vaquera también tiene su reflejo en bienes materiales utilizados para su desarrollo, como es el caso, por ejemplo, de la indumentaria de los jinetes. La comunidad portadora de este bien inmaterial integra no solo a los ganaderos y jinetes, sino también a los pastores y veterinarios que cuidan de las reses, a los artesanos de los oficios vinculados a la doma (guarnicioneros, herreros,…), así como a todo el tejido asociativo y municipal que organiza los concursos y encierros.

La doma en sí se transmite principalmente a través de la experiencia directa: los conocimientos se comparten y se aprenden en la práctica, principalmente en el medio rural, donde el jinete convive con el caballo.

Esta tradición se recrea durante los encierros y concursos, en los que las técnicas y destrezas se muestran como parte de una herencia cultural que se mantiene viva generación tras generación.

También destaca el expediente para incoar ese BIC la transmisión que, como actividad deportiva, se realiza a través de los cursos impartidos en escuelas de equitación, pues la doma vaquera forma parte de la formación que ofrece tanto la Real Federación Hípica de España como la Federación Hípica de Castilla y León.