El río y la isla 'olvidados' de Valladolid que han sido localizadas gracias a pleitos del siglo XVII
Muchos conocen a Valladolid como la ciudad del Pisuerga. Otros —previsiblemente menos— también saben que el casco urbano de la ciudad estuvo regado por el río Esgueva, que atravesaba una parte importante de la ciudad hasta que fue soterrado en el siglo XIX, y que sigue provocando inundaciones.
El último descubrimiento es que en realidad hubo un ramal —del que no se sabía nada hasta ahora— del (o la) Esgueva que formaba una isla dentro de la ciudad hasta fue soterrado en el siglo XV. El libro El Valladolid de Entrambas Aguas (Ayuntamiento de Valladolid), de los investigadores Óscar Burón y Luis Vasallo, recorre la historia de este ramal, que utilizan “como excusa para ir sacando acontecimientos históricos” en torno a él, explica Burón, arquitecto y trabajador público del Ayuntamiento. “El libro es una serie de hechos históricos que nos hacen aprender más cosas sobre nuestra ciudad”, apostilla Vasallo en conversación a tres con elDiario.es en una terraza de Valladolid.
Todo comenzó hace 37 años. Burón estudiaba Arquitectura y vio cómo, en unas obras de rehabilitación salió al excavar “un túnel gigante de piedra que cruzaba en diagonal el solar”. “Era una cosa muy extraña porque era un túnel tan grande que perfectamente podía caber un coche dentro”, explica. Entonces se pensó que era una alcantarilla anormalmente grande.
Pocos años después se volvió a dar con el mismo conducto y un grupo de espeleólogos entró con una Zodiac. Ellos vieron que el túnel lleno de lodo, previsiblemente partía de un puente medieval junto a la Antigua y se dirigía hacia la la plaza de la Libertad, junto a la catedral. “Yo me quedé con el runrún de que eso no podía ser una alcantarilla porque desembocaba en dirección contraria al cauce; solo podía ser un ramal de la Esgueva”, continúa Óscar Burón.
Una isla de 225 metros
Hace nueve años, en otras obras en el entorno se localizó “una escollera donde se veía claramente cómo entraba un cauce de agua importante al cauce principal”. Era la prueba de que por ahí hubo un ramal del río que se separaba del cauce principal poco después de pasar la iglesia de La Antigua, para volver a verter sus aguas en él junto a la calle Ebanistería, lo que creaba una isla en el centro de la ciudad de unos 225 metros. Solo faltaba comprobarlo con documentación histórica. Es ahí donde entró Luis Vasallo, catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Valladolid, que acude con mucha frecuencia al Archivo de Chancillería de Valladolid, uno de los ocho grandes archivos del Estado.
Vasallo dio con un documento de 1537 que se demostraría clave para confirmar la existencia de este ramal: “encontramos una referencia a que en 1410 los almirantes de Castilla se habían hecho con un tramo de muralla donde hoy está la portada del teatro Calderón, y habían construido allí la fachada de un enorme palacio, delante del cual pasaba el ramal, posiblemente foco de malos olores. Más de un siglo después, un testigo recordó que le habían contado que fue el nieto de un almirante quien soterró todo el Esgueva que pasaba delante de su fachada”, ahonda el doctor en Historia del Arte.
“Ahí se juntaban las hortelanas para vender fruta, estaban las tablas de la mesa de la carne, que también vendían, y todos los desperdicios se tiraban a la Esgueva rápidamente”, explica Óscar Burón. El acceso a la plaza era complicado porque era como una corrala, con solo dos accesos: un portalón que se abría y cerraba y el callejón del Cañuelo, en el que era necesario hasta agacharse para pasar. El cauce perdido también pasó por ahí, y sirvió como referencia en los testimonios del pleito.
Otro pleito entre los poderes civil y religioso
Más adelante hubo otro pleito entre el Concejo y el Cabildo -por unas casas que estrechaban una calle- que, al ser derribadas, descubrió el ramal 'perdido' del Esgueva, del que no sabían nada y que hubo que volver a soterrar en el siglo XVI. “Fue un ramal que en aproximadamente un siglo desapareció y se tapó tan bien que incluso tras la inundación de 1788 nadie supo por qué había ahí una alcantarilla. Se habían olvidado por completo de que por ahí había pasado un ramal de la Esgueva”, añade Luis Vasallo.
Luis Vasallo recuerda hasta qué punto esta situación era un problema: Cuando en 1517 Carlos I vino a jurar las Cortes de Castilla tuvo que esperar un rato porque la calle que conectaba dos plazas era tan estrecha que no podía pasar, por lo que los alguaciles tuvieron que desalojar el espacio. “Todos los regidores de la ciudad se echaron las manos a la cabeza porque, ¿cómo era posible que estuvieran haciendo esperar al rey? Pues ese fue el detonante para comprarle al Cabildo todas esas casas y ensanchar la calle”, explica Vasallo. “Al ser derribadas, bajo ellas apareció el ramal 'perdido' del Esgueva, que hubo que volver a soterrar”, agrega Burón.
Óscar Burón reconoce la dificultad para remontarse al siglo XV o XVI porque los archivos municipales que se conservan no son tan antiguos y ni siquiera hay una planimetría completa de la ciudad de esa época. Esta investigación esboza, por lo tanto, cómo era parte del urbanismo local. La plaza de la Libertad, que hoy es conocida por su centralidad y marcada por los comercios y el tránsito de personas, era “el último reducto por urbanizar de la ciudad” en el siglo XV. “En un siglo se dignificó la zona, se construyeron un puente, las carnicerías, se abrió ya calle y se amplió el callejón del Cañuelo para que la gente ya no tuviera que entrar agachada”, relata Burón.
“Desde mi punto de vista, lo más importante del libro es que permite ver la evolución del urbanismo y cómo se pretendía unir cómodamente la plaza del Mercado —hoy la Plaza Mayor— con la plaza del Almirante y la calle de la Corredera —hoy calle Angustias—, que subía hasta San Pablo”, agrega el doctor en Historia. Ambos descartan que pueda haber más ramales 'escondidos' en Valladolid, porque “ya tendrían que haber aparecido restos en las excavaciones”.
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