Alberto Garzón publica 'La guerra por la energía': “Trump también ha entendido que los recursos del planeta son finitos”
Al capitalismo se le olvidó que el planeta era finito, pero lo es, y el XXI es el siglo en el que esos límites naturales, que siempre había impuesto la energía, vuelven a demostrarse insuperables. Esta es la tesis principal que atraviesa el libro 'La guerra por la energía', de la editorial Península, en el que Alberto Garzón traza un mapa sobre el que ya es el principal campo de batalla geopolítico.
El libro que el exministro ha presentado este miércoles en Barcelona, acompañado por Ada Colau y Gerardo Pisarello, tenía como título inicial “Ecosocialismo o barbarie”, según ha revelado él mismo. Pero la obra no es un mero alegato político, aunque también, sino sobre todo una génesis de cómo la energía ha marcado las relaciones económicas y políticas desde el inicio de las civilizaciones –una versión del materialismo histórico–, y cómo las condiciona en la actualidad.
“El tiempo de los combustibles fósiles es una anomalía histórica”, ha asegurado Garzón. “Solo hace 200 años que vivimos de los combustibles fósiles, y eso es una caja de pandora, porque, por una parte, nos ha permitido aumentar muchísimo nuestro desarrollo y nuestra calidad de vida, pero tiene un impacto imposible de pagar”, ha indicado.
Por eso, el principal desafío de la humanidad es ser capaz de superar un doble problema: por un lado, abandonar los combustibles fósiles para paliar la crisis climática. Por el otro, hacerlo sin que colapsen las condiciones de vida de la mayoría de los seres humanos.
“El reto que tenemos como sociedad es histórico porque cuando dejemos de consumir combustibles fósiles, debemos decidir cómo mantener unas condiciones de vida que hemos conseguido, entre otras razones, gracias al regalo de los combustibles fósiles”, ha asegurado el autor.
Esa salida, que Garzón identifica con el ecosocialismo, es una solución aún por construir y para la que 'La guerra por la energía' da pistas. “El libro pretende ser una herramienta para comprender el momento actual”, ha asegurado Garzón, que ha asegurado que al escribirlo trató de acercarse al tema de forma interdisciplinar desde rincones tan aparentemente alejados como la física, la economía o la antropología.
Una de las ideas que atraviesa toda la obra es que todo el mundo mínimamente atento parece haber despertado tras el sueño impuesto por el capitalismo del crecimiento perpetuo. “No era cierto que con el comercio ganase todo el mundo, que era un postulado que se basaba en no tener en cuenta que el mundo es finito”, ha explicado Garzón.
La naturaleza, guste o no, impone límites físicos. Y esto es algo que no solo lo han entendido los ecologistas, o la izquierda, sino también probablemente la nueva versión del capitalismo que encarna Donald Trump. Solo que la respuesta que encuentra el presidente norteamericano al reto que la plantea la finitud no es ni resignada ni humanista, sino salvaje: asegurarme de que el mundo acaba antes para todos los demás que para mí.
“Esta es la concepción imperialista clásica”, ha explicado el autor, “y para Trump es evidente que sí él no controla los recursos de Groenlandia o Venezuela, será un rival quien los tenga”.
Esta es la razón por la que ,si hay algo que diferencia el imperialismo de los años noventa con el actual, es que ahora es descarnado y salvaje. “A EEUU hoy le parece innecesario justificar ninguna de sus actuaciones internacionales en materia de Derechos Humanos”, ha explicado Garzón. Si ya no hay un bien común posible, hay un sálvese quien pueda.
En este sentido, ha defendido el autor, la Unión Europea también debe entender que lo que se disputa ahora es “un nuevo reparto de la división mundial del trabajo”. Y que quizás la UE ya no es el centro del mundo y, por tanto. su papel debe ser “colaborar con zonas históricamente periféricas”, como África o Latinoamérica.