ENTREVISTA Autor de 'El nuevo contrato social'
José Ignacio Latorre, físico: “Cuando la IA tome el control, la corrupción pasará a ser un mal del pasado”
“Constanza conoce mis costumbres, mis preferencias a la hora de comer, mis dolencias, mis alegrías, mis cuitas. En nuestra intimidad, Constanza me modela, me posee más y más, añade nuestro día a su vasta sabiduría sobre mí”. Así describe el físico teórico José Ignacio Latorre (Barcelona, 1959), director del Center for Quantum Technologies en Singapur, a su asistente de inteligencia artificial (IA). Ella es una de las protagonistas de su nuevo libro, Un nuevo contrato social (Ed. Rosamerón), un ensayo científico con reflexiones humanistas.
“Al principio del libro explico cómo me ayuda, todo lo que hace, y le voy atribuyendo las funciones que tendrá en un futuro a medida que pasan los capítulos”, cuenta en una conversación con elDiario.es durante una de sus visitas a España, donde regresa varias veces al año para ver a su familia.
El título de su nuevo ensayo hace referencia a la necesidad de reformular el contrato propuesto por Jean-Jacques Rousseau en 1762 para convivir en paz y de forma ética. “Sirvió para empezar a estructurar nuestra sociedad, pero lo ha hecho de forma insuficiente. La especie humana ha evolucionado, ahora somos muchos más; y hay máquinas muy potentes, que en su época no existían. También hemos empezado a dañar de verdad el planeta, porque en su época apenas había contaminación”, explica el también autor de Cuántica y Ética para máquinas.
No solo debemos considerar la inclusión de la IA en nuestro nuevo pacto social, sino también la naturaleza como un sujeto con derechos
El nuevo libro del físico y excatedrático de la Universidad de Barcelona parte de una premisa: cuando cambian los sujetos del mundo, debe cambiar el contrato. La irrupción de la inteligencia artificial en el siglo XXI supone una gran disrupción, pero también la toma de conciencia sobre la necesidad de cuidar el entorno. En ese sentido, subraya, “el contrato de Rousseau es obsoleto porque hay otros personajes”.
“No solo debemos considerar la inclusión de la IA en nuestro nuevo pacto social, sino también la naturaleza como un sujeto con derechos”. Su propuesta se articula en tres partes: un contrato civil, un contrato natural y un contrato inteligente. Dejar fuera del nuevo pacto a las máquinas o la naturaleza desembocará, advierte, en un “estrepitoso fracaso”.
Para este referente internacional en computación cuántica e inteligencia artificial, urge la redacción del nuevo pacto social a tres bandas por muchos motivos. Uno de los más inquietantes es el creciente “desencanto con la democracia”, un sentimiento que está favoreciendo el auge de opciones populistas. “Estamos viendo cómo se puede saltar de la extrema izquierda a la extrema derecha, sin ningún problema, porque en realidad no se vota contra un partido en concreto, sino contra un sistema de gobernanza que no responde a sus necesidades”, sostiene el experto.
Con todo, se muestra optimista al considerar que esta inteligencia no humana puede ayudar a construir una sociedad mejor, con menos corrupción y menos burocracia asfixiante: “Puede formar parte de las comisiones dedicadas a los concursos públicos, junto a humanos expertos, como garante de neutralidad. No cabe duda: la corrupción pasará a ser un mal del pasado cuando una IA bien entrenada tome el control de la administración. Y también permitirá una ventanilla única, cruzando diferentes datos, aunque todo esto debe hacerse de manera progresiva, paso a paso, de manera que se puedan revertir errores que seguro se producirán”.
Quedarse atrás
Mientras la humanidad avanza muy lentamente, la tecnología da pasos agigantados. Latorre diferencia en su libro tres niveles actuales de inteligencia artificial moderada. “La generativa, que genera contenidos como textos, vídeos o fotos a base de instrucciones o ‘prompts’; la agentiva, que ya es proactiva y realiza acciones por ti; y la razonante, la que se dota de bucles de pensamiento”.
¿Qué va a pasar con las personas que tienen una edad intermedia, cuyo trabajo no es manual, sino intelectual? Pues que, si no se suben al carro y trabajan con la IA, se convertirán en un cero a la izquierda
Después de la moderada, llegará la inteligencia artificial general, que superará a los humanos en todas sus capacidades, “algo que, honestamente, pensaba que llegaría en 2050 y ahora creo que podría suceder en tres años”, apunta. “En ese momento, la inteligencia artificial empezará a mejorarse a sí misma y llegará la superinteligencia artificial”, explica Latorre, quien advierte de los peligros de quedarse atrás.
“¿Qué va a pasar con las personas que tienen una edad intermedia, cuarenta y pico años, cuyo trabajo no es manual, sino intelectual? Pues esas personas —continúa el experto—, si no se suben al carro y trabajan con la IA, se convertirán en un cero a la izquierda”.
En el libro avanza una “lista negra” de profesiones destinadas a desaparecer, en un contexto en el que surgirán nuevos oficios sobre la marcha. “Toda disrupción produce este tipo de problemas. Cuando llegó la Revolución Industrial, las personas mayores se quedaron fuera, los jóvenes fueron explotados, los ríos se contaminaron y las ciudades se llenaron de polución. Se hizo una transición tan rápida que todo fueron errores”, asegura.
Latorre apunta que generación vivirá algo similar con la transición a la inteligencia artificial general. “No tanto los jóvenes, que se adaptan con facilidad”, advierte Latorre, quien considera inútil intentar competir con esta tecnología. Se trata, dice, de “aprovecharla como humanos para aumentarse mutuamente”.
Un tasa para pagar pensiones
Si no hay puestos de trabajo para todos, plantea en el libro, la inteligencia artificial debería contribuir a la sostenibilidad humana del sistema. En otras palabras, pagar las pensiones. Porque la IA, tras la firma del nuevo contrato social, tendrá derechos y obligaciones.
En este sentido, propone un modelo en el que los beneficios derivados de la automatización se repartan en tres partes: un tercio destinado al fondo de pensiones, otro a la mejora de los propios sistemas de IA y el resto como beneficio empresarial puro. “Eso hace sostenible tanto el tránsito al futuro para los humanos, como para las máquinas que se mantienen mejoradas. Porque ir afinando la IA será caro, muy caro”.
Ese es, precisamente, otro de los retos del futuro inmediato: hacer accesible la IA a toda la sociedad. Porque ahora mismo no está al alcance de todo el mundo y, previsiblemente, vaticina, “no lo va a estar nunca y la división en la sociedad se acentuará”. La intervención de algún organismo supraestatal para garantizar el acceso a esta tecnología se antoja clave, si bien Latorre se muestra escéptico.
“Las directrices de la Unión Europea en materia de IA no son más que un manual de buenas prácticas. Se han dado los primeros pasos para legislar la entrada de la IA en nuestra sociedad, pero es insuficiente. En mi opinión, tenemos que empezar a nivel de país. Ya estuve en un Consejo Asesor de inteligencia artificial del Ministerio [de Asuntos Económicos y Transformación Digital] y ya vi lo que pasaba: se elevaban nuestras ideas y entraban en un saco gigante en Europa”.
Corporaciones y ética
Tampoco ayudan, añade, los intereses puramente económicos de los tecno-oligarcas, si bien prefiere no meter a todas las grandes corporaciones tecnológicas en el mismo saco. Tampoco a sus profesionales. “Google, por ejemplo, es mucho más decente que otras. Y Anthropic se negó a participar en la creación de armas autónomas para el ejército de EEUU. Existe una gradación. Y nadie lo dice —continúa Latorre—, pero Musk se ha quedado sin ingenieros de alto nivel. Se han ido todos. Y cuando te quedas solo con profesionales de segunda fila, no eres nadie. Realmente, se está produciendo una fuga de cerebros de EEUU, principalmente por un tema de conciencia y ética. Yo ya he contratado a tres, en cuestión de meses”.
A pesar de las incertidumbres que genera la inteligencia artificial, y volviendo al nuevo contrato social que propone su ensayo, Latorre sostiene que todavía estamos a tiempo de pulir los grandes errores del pasado y alcanzar un nivel de gobierno ético, transparente y sostenible con la ayuda de la tecnología más avanzada. “Legislemos a favor del fin, no en contra del instrumento”, apostilla.