Cory Doctorow, autor de 'Mierdificación': “Trump puede apagarnos tecnológicamente cuando quiera”
“Internet es una mierda”. Así de contundente se muestra Cory Doctorow (Toronto, Canadá, 1971), periodista, activista digital y autor de Mierdificación (Capitán Swing, 2026). El título de su nuevo libro corresponde al nombre que le ha dado al estado actual de las plataformas, que maltratan a sus usuarios a base de “robarles datos, espiarles y manipularles”. Ese término, que puso nombre a la frustración que muchos de los usuarios de Internet sentían, fue seleccionado como palabra del año por el diccionario Macquarie en 2024.
Ahora bien, Doctorow asegura que todo tiene solución. Mira esperanzado a los cambios normativos que despuntan en la Unión Europea, así como en otros países, que están reaccionando a la deriva totalitaria de un Trump que usa a su antojo el poder de un sector tecnológico erigido a base de monopolios que, durante años, se han saltado las leyes sin consecuencias.
Dice que Internet se ha ‘mierdificado’. ¿Qué significa eso?
Para entender el término es necesario aportar contexto. Llevo 25 años siendo activista por los derechos digitales. Conseguir que la gente se preocupe por la tecnología es difícil porque es algo técnico, abstracto y cuyas consecuencias son a muy largo plazo. Y, por muy buenas razones, la gente se preocupa por cosas inmediatas y concretas. El problema de la tecnología es que, cuando sus consecuencias se vuelven concretas e inmediatas, ya es demasiado tarde.
Mi trabajo, igual que el de un activista climático, es hacer que la gente se preocupe por estas cuestiones técnicas y a futuro, así que uso metáforas llamativas. Y he aprendido que las palabras malsonantes son mágicas para interesar a la gente. ‘Mierdificación’ me pareció una gran manera de describir cómo las plataformas se han vuelto malas para la gente.
Al pensar en una plataforma que se haya ‘mierdificado’, me viene a la cabeza Twitter. ¿Cómo fue el proceso?
La pregunta debería ser: ¿qué le impedía ser mala antes? La respuesta es que estaba demasiado preocupada por que sus usuarios se fueran. Al principio, tenía una API [Interfaz de Programación de Aplicaciones] muy robusta que permitía a los programadores construir cosas encima de su servicio.
¿Eso qué significa?
Que si alguien ‘mierdificaba’ Twitter, podía venir otro programador a ‘desmierdificarla’. Significaba que había muchísima competencia y que tanto los trabajadores como los usuarios tenían mucho poder. Sobre todo, los primeros, porque hace décadas había muy pocos profesionales capaces de hacer ese trabajo. Eran muy escasos y muy valiosos.
En su libro asegura que los trabajadores de las grandes tecnológicas, al principio, creían mucho en que su labor hacía un bien a la humanidad y se negaban a aplicar cambios que pudieran perjudicar al usuario. Dice que eran un bastión contra la ‘mierdificación’. ¿Cuándo cambió eso?
Piensa que un trabajador tecnológico promedio aportaba cerca de un millón de dólares al año a los ingresos de su empleador. Mientras costaras menos de un millón, la empresa salía ganando. Y, como digo, había muy pocos, así que las compañías intentaban cuidarlos mucho para evitar que se fueran por la puerta. Porque, con ellos, también se iría su negocio. Pero llegó un momento en que la oferta alcanzó a la demanda. Y, si antes había 10 jefes a las puertas de una empresa para intentar reclutar a sus empleados, ahora hay 10 trabajadores que están dispuestos a hacer el trabajo que otros no quieran hacer.
Las empresas empezaron a ganar tanto dinero que todo se volvió relativo. Y empezaron a comprar a la competencia, saltándose todas las leyes antimonopolio que, ya de por sí, dejaban bastante que desear. Si personas como Elon Musk actúan con tanta impunidad es porque pueden corromper los procesos políticos y legales. Tienen acceso a dinero infinito que hace que no tengan que preocuparse por las consecuencias.
Asegura que los monopolios son la clave de la ‘mierdificación’ y pone ejemplos de cómo la falta de competencia empeora el servicio. Uno de ellos es que el buscador de Google funciona mal aposta. ¿Cómo puede ser un peor producto bueno para una empresa?
¿Conoces el meme del cerebro galaxia? [Una imagen de Internet en la que aparecen tres escáneres cerebrales, a cada cual más iluminado, que representan estadios de conciencia más elevados]. El cerebro pequeño es el neoliberal, que dice que la culpa de que las plataformas sean malas es del usuario, que las ha usado mal, que no se ha dado cuenta de que si no paga por el producto él es el producto y todas esas tonterías.
El cerebro del medio es de los gurús tecnológicos, banales y colocados de ketamina, al estilo Elon Musk. Ellos se creen que son los ideólogos de todo, pero son un mero puente. No quiero dejarles libres de culpa y no lloraré cuando sean enviados a la papelera de la historia, pero no son más que meros títeres. El gran cerebro es el de nuestros responsables políticos, los que crearon un entorno ‘mierdificador’ en el que la peor conducta de las peores personas es la que gana más dinero.
Google no tuvo éxito por ser mejor que otras empresas. Triunfó porque compró a otras empresas
Tradúzcamelo.
Google no tuvo éxito por ser mejor que otras empresas. Triunfó porque compró a otras empresas. Es decir, sí fue mejor una vez. Hizo el mejor motor de búsqueda en 1998. Pero luego compró a todos los que podían competir con él y todos los espacios de búsqueda. Cualquier caja de búsqueda en Internet que veas está conectada a los servicios de Google. Todos. Incluso los de Apple, que es su principal competencia. Le pagan 20.000 millones de dólares al año para que no desarrolle su propio motor de búsqueda y Safari lleve a Google.
En ese momento, Google ya no tenía que ser el mejor. Así que vieron que si funcionaba peor y tenías que buscar más de una vez para encontrar lo que buscabas, podían enseñarte más anuncios y así aumentar sus ingresos. ¿Qué iba a hacer la gente? ¿Usar Bing? Tenían a los usuarios atrapados. Si hubiéramos hecho cumplir las leyes antimonopolio, Google no habría podido hacer esos movimientos. Y no hablo sólo de la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos, sino también de la Comisión Europea.
¿Tenía la UE margen de maniobra?
De la mano del plan Marshall, de después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos redefinió la mayor parte de los sistemas legales europeos, que importaron las leyes antimonopolio estadounidenses. Todas las cosas que eran ilegales allí, lo eran aquí. Y la Comisión Europea les dejó hacerlo. Pero miraron a otro lado y no hicieron cumplir las leyes, a la vez que permitieron que Irlanda se convirtiera en un refugio para violar las leyes de privacidad.
Todo eso iba a tener unas consecuencias evidentes y quienes lo permitieron lo sabían. Insisto, no voy a decir que Sergey Brin [fundador de Google], Mark Zuckerberg o Elon Musk sean buenas personas, pero trabajaban para aumentar sus beneficios. Los que trabajan para nosotros, para representar nuestros intereses, son los políticos que permitieron que todo esto sucediera.
Teniendo en cuenta que estas compañías están en Estados Unidos, ¿qué puede hacer la UE, concretamente?
Europa no tiene control sobre esas empresas, pero sí sobre sus propias leyes. La Directiva de Derechos de Autor hace ilegal la ingeniería inversa, que es, básicamente, lo que permite modificar una tecnología. Mercedes lo aprovecha para evitar que geolocalices tu coche, a no ser que pagues una suscripción. Igual que BMW, que te cobra por el cambio automático de luces cortas a largas. O algunos Tesla, que dejan de funcionar cuando estás a menos del 50% de carga si no contratas un plan premium.
Sin esa ley contra la ingeniería inversa, podrías ir al mecánico y cambiarlo. O podrían surgir empresas europeas que crearan productos complementarios para ‘desmierdificar’ lo que nos llega de Estados Unidos. Hablo desde bloqueadores de anuncios hasta programarlos para esquivar la obsolescencia programada. Eso entra en las competencias europeas. Y tengo mucha fe en la ley de Equidad Digital. Creo que es una gran oportunidad para poner en marcha la ingeniería inversa.
En Estados Unidos también parecía que hubo un cambio con Joe Biden, que empezó a aplicar las leyes antimonopolio que derivaron en grandes juicios contra gigantes tecnológicos. A pesar de eso, asegura que ahora estamos peor que entonces ¿Por qué?
Por Trump. Su reelección es una reacción. Las empresas se gastaron muchísimo dinero en su campaña para evitar la amenaza al poder corporativo que supuso Biden. Ahora bien, tampoco es que crea que Biden lo hiciera por convicciones personales, sino simplemente porque reaccionó al clima político. Había movimientos alrededor del mundo: en España, Alemania, Francia o el Reino Unido. Pero también en Singapur, Australia, Corea del Sur o Canadá.
En toda su historia, la Oficina de la Competencia de Canadá había impugnado tres fusiones, y no consiguió bloquear ninguna. Pero, en 2024, Justin Trudeau, que todavía no ha conocido una empresa que no le guste, dotó de más poderes a esa oficina que a cualquier otro órgano regulador en el mundo. También pasó en el Reino Unido, donde se trabajó más en cinco años –de un gobierno de derechas– que en los últimos 40.
¿Fue esa ofensiva contra las plataformas tecnológicas una respuesta al escándalo de Cambridge Analytica, que descubrió que redes como Facebook hicieron propaganda encubierta a favor de Trump?
Eso ayudó, pero empezó antes de eso. Piensa que en China también empezaron a ponerse las pilas y no creo que estuvieran preocupados por que Facebook interfiriera en sus elecciones. Simplemente, creo que responde a un clamor popular. Cuando algún político dice que quiere poner coto al poder corporativo, arrastra a las masas.
Hay un principio básico en ciencias políticas que dice que las cosas que pasan son las que los multimillonarios quieren que pasen. Y si no quieren, pues olvídate. Pero eso podría estar cambiando. Canadá está yendo contra sus millonarios. Y hablamos de un país que dejó que Galen Weston, el hombre que posee casi todos los supermercados del país, se coludiera con otros pequeños magnates de tiendas para fijar secretamente el precio del pan. Es algo que no tiene precedentes.
Trump retiró al juez que condenó a Bolsonaro el acceso a todas sus cuentas de MicrosoftAl juez de la Haya y la Corte Penal Internacional que firmó la orden de detención contra Benjamin Netanyahu le pasó lo mismo
Pero Trump va contra esa corriente. Seguramente porque él mismo es un magnate multimillonario. ¿Hay posibilidad de luchar contra la concentración de poder sin Estados Unidos como aliado?
Es ciertamente más difícil. Se usan dólares para las transacciones internacionales, muchas de las conexiones de fibra óptica pasan por el Atlántico o el Pacífico y se interconectan en Estados Unidos. Y, claro, usamos plataformas americanas. Todos usamos Gmail. Nos dijeron que nunca usarían eso con fines geopolíticos y era claramente una mentira. Lo supimos cuando [Edward] Snowden nos dijo que nos espiaban. Y lo confirmamos con Trump, que retiró al juez que condenó a Bolsonaro el acceso a todas sus cuentas de Microsoft, a todos sus documentos y correos. Al juez de la Haya y la Corte Penal Internacional que firmó la orden de detención contra Benjamin Netanyahu le pasó lo mismo. Trump nos puede apagar tecnológicamente cuando quiera.
Pero lo que me da esperanza es que, así como reemplazar el dólar es muy difícil, la tecnología es otra historia. Si todo el mundo excepto ellos trabajara en alternativas de código abierto a Microsoft o Gmail, las cosas cambiarían.
¿Cree en esa posibilidad? Me recuerda a cuando millones de personas dijeron que iban a dejar Twitter por su deriva política. Pero Twitter sigue ahí y su alternativa, Bluesky, nunca llegó a despegar del todo.
La razón por la que la gente no ha dejado Twitter ni Facebook es porque quieren más a sus amigos de lo que odian a Musk o a Zuckerberg. La gente que no tiene amigos en Twitter, ya no está allí.
Yo sigo allí y no lo uso como una red social para conectar con amigos.
Y ¿por qué sigues allí?
Porque me interesa ver la deriva que toma. Y creo que mucha gente puede estar enganchada a las discusiones y al discurso de odio que allí se genera.
En realidad, es un círculo vicioso. La gente que no contribuye a esos discursos de odio está allí porque tú estás allí, porque tienes un perfil al que quieren llegar. Pero si tú te fueras, ellos también se irían, porque no valdría la pena sufrir la presión a la que los somete Musk. A la gente parece que no le preocupa que vendan sus datos ni que les espíen, pero es porque no tienen una alternativa ética. Creo firmemente que, si se la damos, se irán.
Hablando de ética. ¿Cómo ve la pugna entre Trump y Antrhopic? ¿Cree que el hecho de que la empresa se negara a ceder sus modelos de IA al departamento de Guerra en plenos ataques contra Irán es el principio de un cambio de modelo?
Bueno, tampoco ha sido una resistencia tan impresionante. Lo que dijeron es que no iban a ceder sus modelos para que acabaran espiando a estadounidenses. Pero no dijeron nada de poblaciones extranjeras. También dijeron que no iban a participar de una maquinaria de muerte automatizada. Al menos de momento, no hasta que la herramienta estuviera completamente lista. No es que esté demasiado impresionado con la fortaleza moral de esta empresa.
No son más que líneas rojas estéticas, que parecen fantásticas teniendo en cuenta lo lejos que está yendo Trump, pero no dejan de ser unos límites patéticos.
Entonces, ¿qué nos queda?
La colaboración entre activistas, emprendedores que quieren aprovechar los cambios legislativos y ciudadanía. Estamos más cerca de conseguir el cambio que nunca porque Donald Trump ha declarado la guerra al mundo y nos hemos cansado de que todo dependa de plataformas americanas.
¿Nos estamos olvidando de China?
No, porque todo lo que hagamos para luchar contra los monopolios y la 'mierdificación' de Estados Unidos servirá para ellos y para cualquier otro país que quiera tomarles el relevo.
Dice que ahora estamos en el ‘mierdoceno’. Si tiene razón y esta era acaba, ¿cuál será la siguiente?
La de un Internet nuevo y bueno. Uno donde los usuarios tengan la última palabra en lo que hacen y en el que las empresas que les dañan sufran en lugar de prosperar.
0