57 muertos y una explosión que se escuchó a 300 kilómetros: la erupción del monte Santa Helena que conmocionó al mundo en los 80

El 20 de marzo de 1980, tras un periodo de calma de 123 años, la actividad sísmica se reanudó bajo el volcán Monte Santa Helena.

Laura Cuesta

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Hace 46 años, Estados Unidos vivió un incidente sin precedentes que cambió para siempre su historia con los volcanes. El 18 de mayo de 1980, el monte Santa Helena entró en erupción después de ser sacudido por un terremoto, provocando unas consecuencias que fueron devastadoras para toda la región

El deslizamiento de rocas y hielo, uno de los mayores registrados en la historia del país, fue seguido por una enorme explosión de vapor y gases volcánicos que se propagó a gran velocidad. Por suerte, las autoridades habían evacuado a cientos de personas semanas antes de la erupción, aunque no pudieron impedir la muerte de 57 personas.

Fue el 20 de marzo, días antes de la gran erupción, cuando se inició una notable actividad volcánica que se acompañaron de una serie de temblores justo en el flanco norte de la montaña. Estos sismos se fueron intensificando hasta que el monte empezó a emitir vapor y ceniza a través de su cráter y chimeneas. El incidente no sorprendió del todo a los expertos: el volcán ha entrado en erupción periódicamente durante los últimos 4.500 años.

Durante la erupción del Monte Santa Helena, una intensa columna de ceniza se elevó y permaneció en el aire durante más de nueve horas.

Los daños de la erupción

Durante la erupción de los años 80 se liberó una energía estimada de unos 24 megatones. Para comprender la magnitud del fenómeno, los científicos suelen compararla con la potencia de las bombas atómicas: la energía liberada por el Monte Santa Helena fue equivalente a aproximadamente 1.600 bombas como la de Hiroshima.

Las cifras hablan por sí solas a la hora de explicar las consecuencias que este accidente provocó en el entorno. La explosión se escuchó a más de 300 kilómetros de distancia y derribó 10 millones de árboles. Debido a la dirección del viento, muchos cultivos de trigo, manzanas y patatas quedaron totalmente destruidos en las áreas donde se acumuló más ceniza. 

57 personas perdieron la vida. 200 casas, 47 puentes, 24 kilómetros de vías de tren y 300 kilómetros de autopistas quedaron totalmente destruidos. Unos 1.500 alces y unos 5.000 ciervos murieron. Se estima que la explosción también causó la muerte de unos 12 millones de salmones muertos después de que sus criaderos quedaran inutilizados.

Además de los efectos en el entorno, una de las consecuencias directas que tuvo la erupción ocurrieron en el propio volcán. Antes de 1980, el Monte Santa Helena tenía una forma cónica casi simétrica y, tras la explosión, quedó un enorme cráter abierto hacia el norte. Además, la erupción causó una avalancha masiva de escombros, lo que también redujo su altura unos 400 metros: su cumbre pasó de 2.950 a 2.550 metros de altitud.

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