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Pablo, el migrante de 29 años que será tu voz en la lucha contra el cambio climático

Pablo, Ainhoa y Virginia, tres de los 100 participantes en la Assemblea Catalana pel Clima

Sandra Vicente

Barcelona —

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Hace unas semanas, Pablo González se sorprendió cuando, al abrir el buzón, encontró una carta de la Generalitat. La misiva venía a decir algo así como que su país le necesitaba. Le estaban reclutando para participar en la Asamblea Ciudadana para el Clima, una iniciativa de participación pública con 100 personas escogidas al azar que debatirán sobre cómo puede afrontar Catalunya los retos del cambio climático.

La Generalitat parte de la base de que estamos en “situación de emergencia climática” y que se deben “reducir drásticamente las emisiones”. Para llevar a cabo estos cambios, se ha decidido contar con la participación de un centenar de catalanes. No serán los encargados de elaborar normativas, pero sí que ejercerán de portavoces de las preocupaciones o prioridades de la ciudadanía en la lucha contra el cambio climático.

“Es un proyecto de mejora democrática y una oportunidad de participar, más allá del voto, en la definición de políticas públicas relevantes”, explican desde el departamento de Acción Climática, que se compromete a “incorporar” las aportaciones de la ciudadanía en las decisiones de la Generalitat. Las personas seleccionadas saben que su palabra no será ley, pero algunos como González se sienten muy emocionados ante la perspectiva de que se les escuche.

En el caso de González, se suma el hecho de que es migrante y todavía no tiene derecho a voto. Así que está “encantado” de participar. Llegó desde Colombia a Torredembarra (Tarragona) hace un año y medio y desde entonces se ha empezado a preocupar “bastante” por el cambio climático. “Ves que sube la temperatura y que hay cosas que no van como deberían”, explica, en referencia a la falta de lluvias y a la grave sequía. Tras recibir la carta, tiene ganas de poder aportar su grano de arena.

En cambio, hay otras personas seleccionadas que jamás se habían preocupado por el estado del clima. Una de ellas es Ainhoa Bel, una vecina de Roquetes (Tarragona) que reconoce que es un tema que no le quitaba el sueño. “Recuerdo hace años que decían que los aerosoles causaban agujeros en la capa de ozono. Pues yo era de la que compraba desodorantes en espray”, resume.

Pero hoy esta técnica sanitaria de 42 años sí esta preocupada. “Vas al súper y te das cuenta de todo el plástico que hay. Bolsas dentro de bolsas”, explica. La razón de este cambio de perspectiva fue la primera de las seis sesiones en las que participarán los miembros de la asamblea. Las tres primeras son formativas, de tal manera que los participantes “se puedan formar una opinión” para después, en las sesiones deliberativas, hacer propuestas con “conocimiento de causa”, tal como destacan desde Acción Climática.

Representación de la ciudadanía

Las 100 personas escogidas al azar han asistido a charlas con meteorólogos que les han explicado los cambios de temperaturas y de ciclos, con biólogos que les han alertado del peligro de los microplásticos o con físicos que les han hablado de las nuevas energías renovables, sus beneficios y sus riesgos. “Uff... Es que estamos fatal”, constata Bel.

A pesar de que los expertos de la cumbre del clima hace dos años que aseguran que se ha llegado a un punto de no retorno, Bel jamás había oído a hablar de nada que le hiciera pensar que el cambio climático pudiera no ser reversible. Por eso ahora es un poco pesimista: “Esto tiene muy mala pinta porque quienes más contaminan no tienen intención de frenar”. Se refiere a países como China, India o Rusia, que están incumpliendo con las pactos globales de reducción de emisiones. Y también a empresas e industrias.

Muchos de los compañeros de asamblea de Bel comparten esta preocupación, sobre todo si se tiene en cuenta que las competencias de Catalunya en la materia son limitadas. “Tenemos las manos muy atadas, tanto el Govern, como nosotros como ciudadanos. No espero solucionar el problema, pero sí ser parte de la respuesta”, explica Virginia Tamayo, vecina de Olesa de Bonesvalls (Barcelona).

Podemos tener un sector agrícola maravilloso y sin a penas huella de carbono, pero ¿cómo va a hacer la Generalitat que dejes de comprar en Shein o en Amazon?

Tamayo está convencida de que una de las áreas en las que Catalunya puede tener incidencia es en el apoyo a la agricultura extensiva: “Hay que ayudar al productor local para que pueda vender a un precio más digno y que tú no tengas que comprar fruta que venga de China”. Aún así, insiste en que hacen falta acciones globales. “Podemos tener un sector agrícola maravilloso y sin apenas huella de carbono, pero ¿cómo va a hacer la Generalitat que dejes de comprar en Shein o en Amazon?”, se pregunta.

Al contrario que algunos de sus compañeros de asamblea, Tamayo sí estaba muy concienciada con el cambio climático antes de participar en la iniciativa, si bien se reconoce parte del problema. “Tengo un coche diésel y voy a supermercados. Vale que tengo un huerto e intento reducir mi consumo, pero a veces he tenido que comprar en Amazon”, expone. Según esta mujer, que ejerce de voluntaria en una asociación forestal, “siempre se piensa en los ricos como culpables, pero la realidad es que vivimos en un sistema que nos obliga a hacer gestiones que afectan al clima”.

González, por contra, sí se fija más en las clases bienestantes. Preguntado por si, a raíz de su participación en la asamblea, ha cambiado algún hábito, se muestra resignado. “No tengo coche, voy a todos lados en bicicleta. Reciclo y no compro demasiadas cosas. Yo casi no contamino. No conozco a nadie que tenga dinero, pero supongo que contaminará bastante más que yo”, asume.

Quien sí ha cambiado de hábitos es Bel. “Muchos somos ignorantes del tema. Vale que antes reciclaba, pero también compraba carne de macrogranjas sin saber que era tan contaminante”, dice. Quiere seguir asistiendo a la asamblea para saber qué más puede cambiar. Y también, para conocer “cómo hacer de Catalunya un lugar mejor”.

Tras haberse formado, a Bel, González y Tamayo se les trasladarán unas preguntas. ¿Cuál debe ser la alimentación del futuro? ¿Cómo se debería cambiar el modelo de producción para mitigar las emisiones? ¿Qué tipo de energías renovables se debería priorizar? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a cambiar? ¿Cómo se deben repartir los esfuerzos? ¿Quién debe asumir los costes? ¿Qué deben hacer los gobiernos?

Es muy emocionante pensar que de nuestra participación puedan salir leyes

Ahora mismo, los tres reconocen que son preguntas que les quedan un poco grandes, pero están dispuestos a afrontar el reto. “Es muy emocionante pensar que de nuestra participación puedan salir leyes”, valora González. Tamayo también coincide en la importancia de contar con la opinión de la ciudadanía para decidir y asegura que las normativas son importantes para la crisis climática, pero duda de la capacidad de incidencia que tenga Catalunya.

En cambio, Bel no tiene claro que la Generalitat realmente pueda incluir sus posturas en futuras leyes. “No sé si nosotros 100 podemos solucionar nada”, reconoce. Pero lo que sí ve claro es que este proceso de discusión servirá para concienciar a parte de la población. “Se trata de hablar y expandirlo. Cada uno de nosotros hablaremos con 20 personas sobre esto, ellos con otras diez y así sucesivamente”, explica. “Quizás no acabemos con la crisis climática, pero algo sí vamos a cambiar”, remacha.

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