El movimiento vecinal de Llíria y Casinos pone en la mesa a científicos para tumbar la macroplanta de biometano
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El rechazo social a la macroplanta de biometano proyectada en Llíria ha dado un salto cualitativo tras buscar blindarse con argumentos técnicos de primer nivel. El pasado viernes 27 de marzo, el movimiento vecinal del Camp de Túria y la Serranía demostró su capacidad de convocatoria llenando prácticamente las 500 butacas del auditorio de Casinos. En un acto que combinó la indignación ciudadana con el rigor académico, la Asociación Ciudadana Camp de Túria y Serranía sentó a expertos de la talla de Jose Ramón Olarieta y Antonio Turiel para analizar las sombras de una infraestructura que los vecinos consideran una amenaza directa a su salud y a su entorno rural.
Durante su intervención, el profesor de Edafología Jose Ramón Olarieta detalló con estudios documentados los riesgos de la fermentación anaeróbica masiva. El experto explicó que el digestato resultante de procesar más de 35 tipos de residuos diferentes, como pretende la planta de Llíria, resulta altamente perjudicial para el uso agrícola, degradando el suelo en lugar de enriquecerlo. Olarieta fue tajante al calificar la instalación como una refinería encubierta, alertando además de que el balance energético es negativo, ya que la energía necesaria para su construcción, mantenimiento y posterior desmantelamiento es superior a la que la planta será capaz de generar en toda su vida útil.
Por su parte, el físico e investigador del CSIC Antonio Turiel aportó una perspectiva global sobre la crisis de recursos y la gestión energética. Turiel sostuvo que, para que una planta de estas dimensiones funcione eliminando todos sus riesgos ambientales, requeriría una inversión económica tan desorbitada que la haría completamente inviable para cualquier empresa. En este sentido, el científico defendió la necesidad de un cambio de paradigma basado en comunidades energéticas locales, descartando los macroproyectos que, a su juicio, son inestables y científicamente insostenibles en un planeta de recursos finitos.
El componente humano y de salud pública llegó con el testimonio del alcalde de Casas Buenas, municipio toledano que sufre las consecuencias de una planta similar situada a escasos kilómetros. Los vecinos de Casinos escucharon con preocupación cómo una población de apenas 200 habitantes ya registra cuatro casos de afecciones derivadas del tratamiento del digestato. Este espejo de lo que podría ocurrir en la comarca valenciana reforzó la determinación de los asistentes, quienes también fueron informados por el alcalde de Casinos, Miguel Navarré, sobre la batalla administrativa que mantiene el consistorio mediante un recurso de alzada para paralizar la instalación.
El acto concluyó con una participación de los asistentes, quienes trasladaron sus dudas y miedos ante el impacto que la planta tendría en su día a día. La jornada se cerró con un llamamiento a la movilización permanente y a la integración en la Asociación Ciudadana, subrayando que la unión entre la evidencia científica y la presión vecinal es la herramienta más potente para forzar la retirada definitiva del proyecto de biometano en Llíria.