La Fúmiga, el grupo en valenciano que PP y Vox apartan de la programación musical, reúne a 36.000 personas en su despedida en València
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Cerca de 36.000 personas en solo dos jornadas y miles de asistentes a los distintos conciertos de su gira de despedida. La Fúmiga, uno de los grupos valencianos con más éxito de las últimas décadas, se despidió este sábado en el Roig Arena demostrando la capacidad de convocatoria de la música reivindicativa en valenciano. Un panorama que contrasta con el veto a la música en valenciano de las instituciones que gobiernan PP y Vox, que han desterrado por completo la lengua propia de los escenarios que reciben dinero público.
La banda de Alzira lleva años llenando recintos y festivales en España. Recogieron el testigo de la escena valenciana homenajeando a La Gossa Sorda, Txarango, Aspencat y Obrint Pas, primero como charanga local y después con nombre propio, llevando la música en valenciano y el discurso de reivindicación de la lengua por todos los rincones.
Pese al gran éxito entre el público, el grupo ha sido apartado de la programación cultural donde gobierna PP y Vox, que ha cargado contra la banda en varias ocasiones. Tal vez la razón sea la misma: aunar la música popular con un discurso en defensa de una lengua en constante amenaza. Muixerangas, pasodobles como Amparito Roca o les albaes de Pep Gimeno 'El Botifarra', símbolos de la cultura valenciana, completaron el mosaico del último adiós del grupo.
En 2021 el Ayuntamiento de València, entonces gobernado por Compromís, contrató al grupo para los Conciertos de Viveros, les Nits de Vivers en 2023 y la preselección de las falleras mayores en 2022. El PP llevó este último contrato a la Agencia Antifraude bajo el argumento de haber contratado “a dedo” a una empresa y por la diferencia entre lo que se pagó por el concierto (14.520 euros) y lo que cobró el grupo (cerca de 6.000). Hace apenas dos semanas, el Ayuntamiento de València, ahora con el PP, contrató al grupo de pop cristiano Hakuna para el cierre del año jubilar: la contratación del concierto ronda los 40.000 euros (entre la parte técnica y la artística) y la fundación que gestiona el grupo percibe 14.900, como ya informó elDiario.es.
Desde 2023, con el PP en la alcaldía y Vox en la concejalía de Fiestas, los grupos en valenciano han quedado totalmente apartados de la programación. La propia banda ha denunciado que prácticamente están vetados en los municipios en los que gobierna la ultraderecha y no han recibido apoyo del Gobierno autonómico, no forman parte de ningún circuito cultural bajo la mano de PP y Vox. En sus últimos conciertos en municipios, gratuitos, agrupaciones locales del PP han denunciado que el grupo “ataca” al partido y “adoctrina”, como dijo el representante del PP de Mislata, e incluso un diputado de Vox dijo en una tertulia de radio que la banda “no es nuestra” por el contenido de sus letras o su puesta en escena, poniendo de manifiesto su percepción de la cultura y la identidad. Pese al destierro, el grupo reunió en su último adiós, en un recinto privado, a más de 36.000 personas, que, pese a la incomodidad de Vox, siguen gritando País Valencià.