Cómo afecta el volumen de la música en un concierto a nuestros oídos y qué podemos hacer para protegerlos
Asistir a un concierto es una experiencia emocionante: poder escuchar la música en vivo nos aporta momentos inolvidables. Sin embargo, el intenso ruido puede acabar pasando factura a nuestros oídos, sobre todo si asistimos de manera frecuente a eventos musicales tanto en interior como en exterior. Como el ruido del tráfico o de los transportes, las fuentes de ocio ruidosas como conciertos o discotecas son las principales fuentes de ruido en España, y todos pueden dañar los oídos y la salud en general, reconoce la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL CCC).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de mil millones de jóvenes en todo el mundo están expuestos a un riesgo evitable de lesiones auditivas debido a la exposición al sonido en entornos recreativos: casi el 40% está expuesto a niveles potencialmente dañinos en lugares como discotecas y bares, salas de conciertos y festivales en el exterior. Como explica Daiana Martínez, audióloga, en la consulta cada vez ven “más pacientes jóvenes con síntomas de daño auditivo relacionado con la exposición al ruido, sobre todo tras conciertos y festivales”.
Para la experta, la exposición a volúmenes elevados, sobre todo durante largos periodos, “puede tener consecuencias para la salud auditiva, especialmente acúfenos o zumbidos, la sensación de taponamiento o, en casos más graves, pérdida auditiva irreversible. Y lo preocupante es que muchas veces estos daños se acumulan de forma silenciosa, sin darnos cuenta hasta que ya es tarde”, advierte Martínez.
Un concierto al aire libre o en una sala, ¿qué es mejor para nuestra salud auditiva?
“La diferencia entre un concierto al aire libre y uno en un recinto cerrado es significativa”, reconoce la audióloga. En el interior de una sala, “el sonido rebota y se concentra más, lo que puede aumentar la presión acústica que reciben nuestros oídos. En cambio, en espacios abiertos el sonido tiende a dispersarse, aunque eso no significa que el riesgo desaparezca. En ambos casos, el volumen y la duración de la exposición son factores clave”, matiza Martínez.
Y es que podríamos hablar de varios factores que determinan el riesgo de daño auditivo: el nivel de decibelios, la duración de la exposición, la distancia a la fuente sonora y la sensibilidad individual, ya que cada oído es distinto. Los decibelios son las unidades de presión usadas para medir el sonido. El nivel recomendado por la OMS para garantizar una buena salud es de 65 decibelios (dB), que es lo que se calcula que se sitúa una conversación normal. Una exposición superior a los 85 dB ya supone riesgo de pérdida auditiva crónica y, si se repite en el tiempo y por encima de 100 dB, hay riesgo de pérdida inmediata.
Se calcula que en un concierto de música podemos estar expuestos a unos niveles de unos 100 decibelios de presión sonora, en algunos momentos con algunos picos mayores de 125 decibelios de presión sonora. Para que un sonido sea escuchado por el oído humano debe tener una intensidad superior a 0 decibelios. La OMS recomienda no exponerse mucho tiempo a más de 85 decibelios: la duración máxima recomendada de exposición a ruidos superiores a 100 decibelios debería ser inferior a los 15 minutos.
Cómo podemos proteger nuestros oídos en conciertos
Si, con todo, no queremos perdernos ningún concierto, hay varias formas de preservar nuestra salud auditiva y seguir disfrutando de la música. El primero de ellos pasa por el uso de tapones, “una herramienta esencial de prevención, no de impedimento para disfrutar de la música”, afirma Martínez. En cuanto al tipo de tapones que deberíamos usar, la audióloga desaconseja los típicos tapones de espuma que se usan para dormir porque aíslan en exceso y “pueden empeorar la experiencia musical”.
Sí aconseja, en cambio, los tapones con filtros acústicos, que “reducen el volumen sin distorsionar el sonido”. También hay tapones reutilizables de “alta fidelidad como tapones a medida, adaptados a la forma del oído de cada persona, que son especialmente útiles para quienes asisten con frecuencia a conciertos, festivales o trabajan en entornos ruidosos”, explica Martínez.
La experta recomienda, además, estas medidas de prevención:
- Elegir las zonas más tranquilas: aunque las primeras filas suelen ser tentadoras para no perdernos ni un detalle, acostumbran a ser el peor sitio para estar una vez que empieza la música. “Cuanto más cerca estemos de los altavoces, mayor es la presión sonora y el riesgo de daño”, advierte Martínez. Así que es mejor situarnos lejos de los altavoces o del escenario porque de esta forma conseguimos reducir de manera significativa el volumen y el riesgo de pérdida auditiva. En líneas generales, la intensidad del sonido suele disminuir al duplicar la distancia a la fuente sonora. También deberemos tener en cuenta la distribución y la acústica del recinto, ya que algunas zonas pueden amplificar el sonido más que otras.
- Tomar descansos: si estamos en un concierto es importante que, en la medida que sea posible, nuestros oídos descansen, aunque sea por poco tiempo. Podemos salir al exterior o ir a zonas más tranquilas, sobre todo si no usamos ningún tipo de protección auditiva, ya que incluso un breve descanso puede dar tiempo a los oídos a descansar y, por tanto, podemos prevenir daños a largo plazo. “Salir unos minutos del recinto o buscar zonas menos ruidosas ayuda a que el oído se recupere”, explica Martínez.
- Evitar la sobreexposición acumulada: es importante también tener cuidado con los niveles de volumen en los dispositivos de escucha personales. “Si has estado en un concierto, evita usar auriculares a alto volumen en los días siguientes”, puntualiza Martínez.
- Atender los primeros síntomas: ante la presencia de zumbidos, sensibilidad al sonido o pérdida de audición, “es importante acudir a un centro especializado para una revisión auditiva”, afirma Martínez.
Para la especialista, es importante trabajar en la conciencia y prevención con jóvenes y músicos, ya que la pérdida auditiva afecta a la calidad de vida y puede tener un impacto emocional y social. “Proteger los oídos debería ser una prioridad, igual que usamos crema solar para proteger la piel”, matiza Martínez.
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