Carquinyolis: el dulce tradicional catalán perfecto para acompañar el te o café en la sobremesa

La hora del café o el té pide casi siempre un acompañante: unas galletas, un bizcocho o un dulce pequeño que alargue la sobremesa. Más allá de las opciones habituales, la gastronomía catalana guarda una elaboración tradicional perfecta para este tipo de bebidas: los carquiñoles o carquinyolis, unas pastas de textura seca y crujiente que forman parte de la repostería catalana de siempre.

Su receta apenas ha cambiado con los años, más allá de variar o combinar el fruto seco que las acompaña. Se trata de un postre sencillo, fácil de conservar durante varios días, y también una receta de aprovechamiento: basta con abrir la despensa y rescatar algunos ingredientes que suelen pasar desapercibidos.

La almendra es la protagonista indiscutible de los carquinyolis: aporta el característico toque crujiente y un sabor ligeramente tostado que contrasta con la textura seca de la pasta. Este fruto seco, habitual en la gastronomía mediterránea y muy presente en la repostería, destaca por su versatilidad: puede usarse entera, laminada, molida o convertida en harina, lo que permite incorporarla tanto en recetas dulces como saladas. En los carquinyolis se emplea entera, para que conserve su textura y siga siendo uno de los elementos más reconocibles de este dulce.

Además de su sabor, la almendra aporta grasas saludables, fibra, minerales como el magnesio y el calcio y vitamina E. Según la Fundación Española de la Nutrición (FEN), contiene 14 gramos de proteínas y 5,2 de gramos de fibras por cada 100 gramos de parte comestible, además de 140 miligramos de magnesio por cada 100 gramos.

Al hornearse junto a la masa, la almendra mantiene parte de su firmeza y gana un ligero aroma tostado. Así, cada bocado combina la dureza y el crujiente del fruto seco con la textura quebradiza de la pasta, una de las señas de identidad de los carquinyolis.

Para preparar este postre catalán necesitaremos:

  • 150 gramos de harina de trigo
  • 100 gramos de almendras
  • Dos huevos
  • 90 gramos de azúcar
  • 10 gramos de levadura química
  • Canela molida
  • Aguardiente
  • Sal fina

Una vez tengamos todos los ingredientes preparados en la encimera, veamos como hacer ese dulce paso a paso:

  1. Comenzamos preparando el ingrediente principal. Vertemos las almendras sin pelar en un cuenco y añadimos agua hasta que cubra todos los frutos secos. Pese a no ser la receta original, también se pueden usar avellanas, nueces o incluso una mezcla. Las almendras aportan un matiz característico y tradicional, además de una textura crujiente. En cuanto a las avellanas, el sabor es mucho más intenso. La nuez es más grasa, lo que ablanda la textura del resultado final. Mezclarlos nos permite variar el sabor, pero nos aleja de la receta original. Dejamos las almendras durante 30 minutos en el agua.
  2. Mientras dejamos reposar las almendras, en un recipiente diferente añadimos el resto de los ingredientes: la harina de trigo, el azúcar, la levadura química, una pizca de sal fina y espolvoreamos canela molida. Removemos y cuando hayamos conseguido una mezcla homogénea añadimos uno de los huevos, el otro lo vamos a reservar para el posterior barnizado. Volvemos a remover hasta que se integre todo bien. En ese instante añadimos un cordón de aguardiente. El licor es opcional, pero aromatizante lo que ayuda a aportar el matiz característico de la receta.
  3. Una vez hayan transcurrido los 30 minutos, escurrimos las almendras. Sin retirar la piel, las incorporamos a la masa y mezclamos con cuidado para que queden repartidas de manera uniforme. No es necesario trabajar demasiado la masa, debemos conseguir que todos los ingredientes queden bien integrados.
  4. Precalentamos el horno a 180 grados. Mientras alcanza la temperatura, en la bandeja colocamos un papel vegetal. Para que este paso sea aún más sencillo, antes de ponerlo en la base y evitar que la masa se pegue al metal, lo mojamos bajo el grifo y lo escurrimos. Esto hará que sea mucho más moldeable y quede perfectamente situado. A continuación, disponemos la masa en la bandeja y le damos forma con nuestras manos hasta obtener una barra alargada.
  5. En un cuenco pequeño batimos el segundo huevo que habíamos reservado. Con ayuda de un pincel de cocina decoramos la superficie de la masa. Gracias a esto los carquinyolis obtendrán un tono dorado. Ahora la introducimos en el horno sin cambiar la temperatura durante 15 minutos. Este tiempo puede variar. Por eso, debemos de tener en cuenta que antes de sacarla debe tener un aspecto tostado.
  6. Una vez pasado el tiempo estimado y la masa esté cocida, la sacamos del horno. La dejamos reposar unos minutos. Antes de que se enfríe por completo, la cortamos en rebanadas. Es importante que realicemos los cortes con cuidado, ya que es fácil que las piezas se rompan. Una vez tengamos las piezas, las volvemos a colocar en la bandeja del horno y las introducimos nuevamente hasta que los carquinyolis estén completamente secos y crujientes.
  7. Una vez que las rebanadas estén firmes y tostadas, retiramos los carquinyolis del horno y dejamos que se enfríen sobre la propia bandeja. Cuando van perdiendo temperatura adquieren una textura mucho más crujiente. Una vez se atemperen, estarán listos para que nuestro paladar viaje a las tierras catalanas.