Tostadas francesas: la receta de este postre dulce y crujiente que puedes hacer en la freidora de aire
Hay platos que vuelven una y otra vez a la mesa porque encarnan un tipo de placer sencillo y universal. Es el caso de las tostadas francesas, un clásico de los desayunos dulces que ha atravesado fronteras y generaciones, y que en el último año ha encontrado una nueva vida gracias a un electrodoméstico que se ha convertido en casi un imprescindible doméstico: la freidora de aire.
Lo que antes se preparaba en sartén con mantequilla o aceite, ahora se redescubre y, en muchos casos, se perfecciona en un aparato que promete texturas crujientes con menos grasa y sin complicaciones.
Aunque su nombre remite a Francia, las tostadas francesas —o pain perdu— son un concepto con muchas variaciones en el mundo. En España confluyen con la tradición de las torrijas, un dulce de Semana Santa que también parte de pan remojado en leche y huevo, frito y aromatizado con azúcar y canela.
En países anglosajones son conocidas como french toast y suelen servirse con sirope de arce o miel y frutas. Cada región tiene su forma de interpretar esa combinación de pan, huevo y dulce.
Hoy, las tostadas francesas están de moda otra vez, sobre todo porque la freidora de aire ofrece un resultado sorprendentemente dorado y crujiente con una fracción de aceite respecto a la fritura tradicional, lo que las hace apetecibles tanto para los que buscan indulgencia como para los que prefieren opciones más ligeras.
La receta que ha conquistado la freidora de aire
La clave para esta receta está en lograr ese equilibrio entre un exterior ligeramente caramelizado y un interior jugoso. Para una freidora de aire de tamaño medio, los ingredientes son sencillos pero bien pensados: rebanadas gruesas de pan blanco, huevos, leche, extracto de vainilla, una pizca de nuez moscada, azúcar moreno y canela molida.
Después de empapar el pan en la mezcla líquida, las tostadas se cocinan en la cesta caliente programada a unos 180 °C durante unos 10 minutos, dándoles la vuelta a mitad de cocción para que se doren por ambos lados.
Este método tiene varias ventajas evidentes: la freidora se calienta rápido, controla mejor la temperatura y evita que las tostadas absorban demasiado aceite, lo que resulta en una textura crujiente sin sensación grasienta. Además, al no freír en sartén, el olor a fritura queda relegado.
Se recomienda terminar las tostadas con una mezcla de azúcar moreno y canela y servirlas con frutos rojos, fruta fresca, sirope de arce o miel, según el gusto de cada uno.
Variantes que sorprenden
Lo que hace interesante a las tostadas francesas no es solo su simplicidad, sino la facilidad con que admite variaciones creativas.
Una de las versiones más llamativas que circula por sitios de recetas es la de tostadas francesas 'kinder' en freidora de aire: aquí, en lugar de dejar las rebanadas sueltas, se colocan barritas de chocolate entre dos rebanadas de pan blanco previamente aplanado, se sellan y luego se pasan por la mezcla de huevo y leche antes de cocinar.
El resultado es un bocado dulce donde el centro se funde ligeramente, con una cubierta crujiente y ligera que hace la freidora de aire sin necesidad de añadir aceite.
Esta versión, más golosa, se prepara en apenas unos diez minutos y se sirve espolvoreada con azúcar glas y, si se quiere, un poco de granillo de avellanas para un toque extra de textura.
¿Qué pan elegir?
No es un detalle menor: tanto en la receta clásica como en sus variantes, el tipo de pan influye mucho en el resultado final. Los panes con más miga y corteza consistente —como el brioche, challah o pan de molde grueso— funcionan especialmente bien porque absorben la mezcla sin desintegrarse.
Panes demasiado finos o frágiles tienden a deshacerse o a quedar secos por dentro. Otro consejo común, incluso para recetas de freidora de aire de otros países, es no dejar el pan empaparse demasiado tiempo; un remojo breve pero completo evita que la tostada quede pastosa.
Más allá del dulce básico
Aunque tendemos a pensar en las tostadas francesas como un dulce para desayunos o meriendas, su versatilidad culinaria permite jugar con contrastes. En algunos lugares, se incorporan especias más exóticas como cardamomo o ralladura de cítricos para aportar capas aromáticas. Otros combinan con frutas asadas, yogur griego o incluso helado para un postre más sofisticado.
Desde el punto de vista nutricional, la preparación en freidora de aire también introduce matices relevantes. Al prescindir de la fritura tradicional, el contenido graso final se reduce de forma notable, especialmente si se compara con versiones hechas en sartén con mantequilla o aceite abundante.
Además, permite ajustar mejor las cantidades de azúcar: muchas recetas actuales optan por endulzar al final, en lugar de añadir azúcar a la mezcla de huevo y leche, lo que da más control sobre el dulzor y facilita adaptar el plato a distintos públicos, incluidos niños o personas que prefieren sabores menos intensos.
Otro aspecto clave es la flexibilidad del método. Las tostadas francesas en freidora de aire admiten preparación anticipada: se pueden dejar listas en la nevera durante unas horas antes de cocinarlas o incluso recalentar sin que pierdan textura, algo que no ocurre con la fritura clásica.
También funcionan bien con alternativas vegetales, como bebidas de avena o almendra en lugar de leche, o sustitutos de huevo en versiones veganas, ajustando tiempos y temperaturas.
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