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Ocho planes para pasar agosto en la ciudad si no puedes salir

Algunos por elección y otros por obligación, mucha gente pasa agosto sin salir de la ciudad

Además de las terrazas de los bares, existen variadas alternativas para pasar un buen verano sin alejarse demasiado del cemento

Foto: Oh-Barcelona.com

Foto: Oh-Barcelona.com

Llega agosto y la ciudad se vacía. Bueno, no se vacía, pero sí hay mucha menos gente, y la diferencia se advierte sobre todo en las urbes más grandes. Quienes se quedan se dividen entre los que desearían haberse ido de viaje, pero por diferentes motivos no han podido, y los que eligen quedarse y tomarse vacaciones en otro momento del año. A todos ellos, la ciudad ofrece múltiples alternativas de entretenimiento, diversión y placer, para disfrutar del verano sin alejarse (al menos, no demasiado) del cemento. A continuación, ocho recomendaciones.

1. Jugar al turista

Es muy habitual que, al visitar una ciudad por primera vez, uno trate de hacer allí todo lo que "hay que hacer": conocer sus principales atractivos turísticos, comer en los sitios recomendados, sacarse fotos con los fondos más emblemáticos… Y también suele ocurrir que uno no haga nunca eso mismo en su propia ciudad, que haya sitios o atractivos en los que haya estado una o dos veces, hace muchos años, o incluso nunca: por pereza, porque tenerlo tan cerca hace que siempre piense "ya iré" y que no vaya nunca, o por cualquier otra razón.

El caso es que agosto puede ser el momento perfecto para este tipo de plan. Incluso existe la posibilidad de contratar los típicos recorridos guiados pensados para turistas, pero que también pueden ser aprovechados por residentes que deseen "jugar al turista" en su propia ciudad, algo que se presenta como una estupenda opción.

2. Redescubrir museos

Todas las ciudades tienen sus museos, y con ellos a menudo sucede lo descripto en el punto anterior: están tan cerca que sus vecinos apenas los visitan o, más aún, ni siquiera conocen. Además, los museos grandes -como el del Prado y el Reina Sofía en Madrid, el Nacional de Arte de Cataluña y el Picasso en Barcelona, la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia o el Guggenheim en Bilbao- exigen más de un día para ser disfrutados en su totalidad, y debido a eso suele haber rincones todavía "inexplorados" para quienes ya los han visitado, incluso de forma reciente. Un plan para recorrer esos rincones y, en general, "redescubrir" los museos garantiza horas de disfrute y aprendizaje.

3. Explorar las historias ocultas y leyendas de la ciudad

Así como todas las ciudades tienen sus museos, lo que tampoco le falta a ninguna son sus propias historias ocultas, sus mitos y sus leyendas. Hay libros y muchos sitios web que las enumeran, desde acontecimientos bien documentados-vinculados por ejemplo con ruinas del imperio romano, la fundación de la ciudad, la Guerra Civil u otros episodios históricos- hasta relatos pintorescos o de misterio, a los cuales la (a veces) dudosa veracidad de sus afirmaciones no les quita atractivo ni encanto. Una pequeña investigación puede bastar para conocer sitios escondidos en la ciudad o, mejor aún, para ver con nuevos ojos lugares por los que se ha pasado mil veces sin tener idea de las historias que se han tejido a su alrededor.

4. Disfrutar de las vistas

Otra de las típicas excursiones postergadas por el clásico "algún día lo haré". Muchas ciudades ofrecen unas vistas hermosas, para acceder a las cuales solo es necesario cambiar el punto de observación, alejarse un poco del suelo y de los itinerarios rutinarios que impone el trajín cotidiano.

El bunker del Carmel, el Tibidabo y los jardines de Miramar, en Barcelona; la terraza del Círculo de Bellas Artes en Madrid o los muy numerosos que asoman a la Giralda en Sevillao al casco urbano de Toledo, son solo algunos ejemplos. Es una forma de apreciar en su justa magnitud la belleza del lugar en que uno vive, muchas veces inadvertida a causa de los compromisos de la vida moderna.

5. Cine en espacios inusuales

Entre las múltiples posibilidades que ofrece el buen tiempo está la de disfrutar de espectáculos al aire libre. Y además de las tradicionales fiestas, festivales y hasta funciones de teatro, una actividad que va ganando terreno es el llamado cine pop-up, es decir, la proyección de películas en espacios inusuales.

En Madrid se realizan proyecciones de cine de verano en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles, y también hay proyecciones en la azotea de la Casa Encendida, en el parque de la Bombilla y en el Centro Cultural Conde Duque. En Barcelona, las opciones van desde el Cinema Lliure a la Platja hasta el Mecal Air en los Jardines de Elisava. Y también Sevilla, Málaga, Valencia y otras ciudades ofrecen sus opciones de cine veraniego bajo las estrellas.

6. Un día de campo

El contacto con la naturaleza brinda muchos beneficios y ninguna estación es mejor que el verano para disfrutar de los espacios verdes. Cualquier parque urbano permite hacer un día de campo, y mucho mejor aún si se puede hacer una excursión hasta algún espacio más agreste pero no tan alejado, de forma tal que se pueda volver a la ciudad en la misma jornada.

7. Parques de atracciones

Los parques de atracciones están disponibles todo el año, pero -al igual que en la opción anterior- los días de buen tiempo son los más apropiados para disfrutar de ellos. No solo las ciudades grandes cuentan con esta clase de centros de diversión, sino también otras capitales de provincia, como Tarragona, Toledo, Murcia y Teruel.

8. Lectura 'in situ'

Para los amantes de la lectura, cualquier época es buena para leer. Y hay quienes opinan que el verano es el mejor momento para leer clásicos. En cualquier caso, esta época se puede aprovechar también para practicar la lectura in situ. ¿De qué se trata? Elena Rius, en su libro El síndrome del lector (Trama, 2017), dice que "el disfrute lector se incrementa notablemente si conseguimos leer un texto en el mismo lugar que este describe (…) ¿Hay algo más emocionante que el que lo leído coincida con lo que nos rodea? ¿Ver, oler y experimentar lo mismo que los personajes de la historia que estamos devorando?".

Entonces, se puede coger La plaza del Diamante, de Mercè Rodoreda, e irse a leerla a la plaza del Diamante, en Barcelona, o Tiempo de silencioy recorrer las calles de Madrid que Luis Martín-Santos retrata en sus páginas. Y lo mismo con tantísimos otros libros y autores. Cada ciudad tiene sus novelistas, y la lectura in situ hace que el disfrute de sus calles y de los textos sea aún mayor.

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