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‘Calladita’, la rebelión contra los ricos de la empleada del hogar en un ‘Parásitos’ español apoyado por Steven Soderbergh

Javier Zurro

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El cine sirve para satisfacer las fantasías de la gente, para que se atrevan a proyectar esos deseos que prefieren no contar en alto. Un efecto catártico en donde el espectador se ve interpelado con lo que ocurre dentro de la pantalla. “En la vida real yo no podría empuñar un arma, pero en la fantasía del cine puedo hacerlo”, decía hace poco la directora Andrea Jaurrieta sobre cómo hacer Nina le había servido para vengarse del machismo y la cultura de la violación de una forma impensable en la vida real. 

Quizás en esa forma de identificación está la clave del auge de las películas ‘contra los ricos’ que se han visto en la pantalla de forma reciente y que también responden a la solidificación de ese Eat the rich que ha pasado de eslogan anticapitalista a mantra del desencanto de una generación. Un lema que estaba en el centro de Joker, de una sátira como Triángulo de la tristeza y de Parásitos, el ejemplo que llevó esa tendencia a lograr el Oscar a la mejor película y a fenómeno de masas.

Como un Parásitos en la Costa Brava podría definirse Calladita, el debut en la dirección de Miguel Faus, una película que llega abanderada por el sello de Steven Soderbergh, que lo eligió en un concurso de proyectos para apoyarlo económicamente, y que se financió gracias a los NFT, una forma de producción en la que Faus sigue creyendo como alternativa a los métodos tradicionales para levantar un proyecto. Calladita se ajusta a un tono más realista que el filme de Bong Joon-Ho, pero muestra la revolución silenciosa de una interna contra los pijos burgueses y modernos que la contratan para hacerles todo en su casa de verano.

Ella (una magnética Paula Grimaldo) cocina, lava, plancha, y encima aguanta las impertinencias del hijo de la pareja, un excelente Pol Hermoso como niño mimado enganchado a las criptomonedas. Todo bajo la promesa de unos papeles de nacionalidad que son un canto de sirena. Un filme que nació como el proyecto de graduación de Faus en la London School y que primero fue un corto donde siempre estaba en mente su continuación en largometraje. 

Calladita se empezó a escribir antes de todos los títulos citados anteriormente, “no existía ni Roma”, reivindica Miguel Faus al respecto de la película de 2018 de Alfonso Cuarón, y recuerda que los proyectos se tardan tanto en realizar que “intentar capturar un zeitgeist concreto es una quimera”. Sin embargo algo había en el ambiente que ha perdurado en el tiempo. “Pienso que este tipo de sátiras sobre las clases altas y sobre la lucha de clases tiene que ver con que a nivel macroeconómico llevábamos unos cuantos años sin crisis muy fuertes. Creo que esto no se podría haber hecho en 2009 o en 2010, porque cuando mucha gente lo está pasando tan mal no hace gracia”, opina.

Este tipo de sátiras contra los ricos no se podría haber hecho en el 2009 o en 2010, porque cuando mucha gente lo está pasando tan mal no hace gracia

Dudó entre “apretar más las tuercas de la sátira”, pero tenía claro que quería encontrar el equilibro con lo realista y con la identificación clara de “una alta burguesía, en este caso catalana, pero extrapolable a otras altas burguesías”. “No quería que fuera excesivamente peliculero ni caricaturesco, sino que me lo pudiera imaginar, que pensara que esto podía pasar”, añade el director. Otra duda llegó con el final, hasta qué punto llevar hasta el fondo una venganza catártica o mantenerse en el tono realista. Fue la parte más difícil, y confiesa que incluso se rodó uno diferente, pero que el realismo primó en la decisión definitiva de montaje, también para “lanzar un mensaje optimista, porque a grandes rasgos hay dos tipos de películas, las que hablan del mundo como es, y las que hablan del mundo como debería ser, y Calladita es del segundo tipo”.

Soderbergh y NFT

El proyecto llamó la atención desde el comienzo, ya que fue pionero en financiarse a través de NFT antes de la explosión que ahora parece una cosa del pasado, pero Miguel Faus defiende que aunque muchos medios digan que “están muertos”, eso no quiere decir que no existan y que no sean útiles. “Una de las principales ventajas de los NFT es que existirán siempre. Es verdad que la atención ha caído mucho y cierta parte de la burbuja explotó, pero sigue habiendo un montón de artistas creando NFT con valoraciones altísimas. Yo creo mucho en la tecnología de los NFT y en la idea de la propiedad digital”, analiza.

Cree que el problema es que es un concepto que la mayor parte de la gente “no entiende” y todos se quedaron con los titulares que hablaban de “burbuja especulativa salvaje”. “Es cierto que la hubo, pero también es importante recordar que hubo esta burbuja salvaje de especulación porque la provocó la gente. No fue un Madoff de turno que decidió estafar a todo el mundo, sino que muchísima gente empezó a especular con esto y se generó una burbuja. Lo que me gustaría que la gente entendiera, y que creo que nadie entiende, es que los NFT y la web 3.0 son una alternativa que es infinitamente mejor que lo que tenemos ahora, que es un internet gobernado por un puñado de corporaciones americanas, monopolios y todas centralizadas”.

También fue fundamental el apoyo de Steven Soderbergh, que no solo eligió el proyecto para premiarlo con 100.000 dólares, sino que trascendió las normas y se implicó más: “Le hemos podido hacer un par de llamadas de feedback sobre el montaje, y eso nos lo ofreció él generosamente. También la posibilidad de ponerle en los créditos presentando la película, que ha sido un privilegio y eso nos ha ayudado mucho, porque no es solo un director legendario, sino que es un gran montador y ha ayudado a muchos cineastas a remontar sus películas, incluso tiene afición de remontar clásicos y los explica en su blog”. Un empujón para un debut que ajusta cuentas con los ricos españoles, que normalmente no tienen quien lo haga en el cine español.