Jonás Trueba, el artesano discreto homenajeado por el Pompidou: “Es sano ponerte en duda todo el rato”
Pocos cineastas reciben el honor de ser homenajeados por el Centro Pompidou de París, una de las instituciones de arte contemporáneo más importantes del mundo. Hace un par de semanas era Pedro Almodóvar a quien le dedicaban un ciclo centrado en sus obras y ofrecía allí una masterclass ante el público francés, pero antes, en febrero, durante todo el mes se dedicó una compleja retrospectiva a Jonás Trueba. El director español fue descubierto en el país vecino gracias a La virgen de agosto, por la que fue nominado al César, y desde entonces han quedado seducidos por una de las personalidades más a contracorriente del cine español.
Jonás Trueba tiene algo tan complicado de encontrar en esta industria: una coherencia férrea. Insobornable. La tiene para elegir de qué habla, pero sobre todo la ha tenido para elegir cómo quería trabajar en un sector que siempre te pide más. Una película más grande, más ambiciosa, más espectacular… Él se pregunta siempre por qué. Y ese cuestionarse siempre le ha convertido, como decía el Pompidou en la presentación de su homenaje, en un “artesano discreto” al que ahora le han dedicado no solo una retrospectiva, sino también la publicación de un libro Le cinéma, c’est vivre trois plus, varias charlas y la proyección de una película sorpresa rodada por el propio Trueba.
Todo ello coincide con el anuncio del reestreno en salas el próximo 5 de junio de Los ilusos, su segunda película —y la que dio nombre a su productora— estrenada en 2013 y que volverá a los cines reconvertida en Los ilusos 13+13. La nueva versión —que ya se pudo ver en el ciclo del Pompidou— incorpora el color original rodado en su momento, hasta ahora inédito, y plantea un diálogo entre ambos materiales.
¿Le ha obligado esta retrospectiva, a pesar de ser un cineasta joven, a mirar para atrás? Si lo ha hecho, ¿qué ha pensado?
Todavía lo estoy digiriendo. Es cierto que siempre suena lo de retrospectiva para gente más mayor y asusta, como que da respeto. Pero también me explicaron que no tuvieran miedo con eso, que les gusta mucho apostar por cineastas todavía jóvenes y desde luego en activo. Lo han hecho antes con Alice Rohrwacher, que debe ser más o menos de mi edad. Pero es verdad que inevitablemente sí que te obligan a poner el retrovisor y mirar un poco hacia atrás. Ha coincidido en un momento también en mi vida personal y profesional que tenía sentido eso porque yo mismo estaba sintiendo que cerraba una etapa o queriendo que fuera así.
Y de repente me dijeron que tenía que hacer una película respondiendo a la pregunta, ¿en qué punto estás? Y me divertía porque es muy pertinente, es una pregunta que me estoy haciendo siempre. Y en esta época quizás más. Me ha venido bien para reflexionar más intensamente sobre eso, casi por obligación.
En la página del Pompidou le describen como ‘artesano discreto’, ¿le gusta?
Me gusta, me parece muy bien. Me ha parecido muy bonito porque la discreción siempre la valoro mucho. Con respecto a las películas que hemos venido haciendo, siempre me ha gustado que se percibiera en ellas la artesanía. Incluso cuando se ha hablado a veces del metacine, yo insistía en que no es un juego lingüístico, es una manera para buscar complicidad con el espectador mostrándole cómo estamos haciendo la película, la artesanía de la película. Que nos sientan que estamos ahí detrás. Que no perdamos de vista que somos pequeños, que estamos haciendo películas en escala pequeña. Que pongan eso en valor y lo quieran compartir es bonito.
Para mí es fundamental que las películas se sientan vivas, que respiren, que tengan también el sabor del presente, ese es el reto
Me acuerdo que cuando fue el ciclo de Maurice Pialat destacaba de su cine que estaba muy vivo, y siento que es algo que intenta en su cine, que respire. ¿Es algo importante?
Para mí, desde luego. Y quizás es lo más difícil. Para mí es fundamental que las películas se sientan vivas, que respiren, que tengan también el sabor del presente, ese es el reto. Yo no las tengo todas conmigo y sigo dudando mucho de todo esto y no doy nada por hecho.
Eso se nota en sus películas, como si todo el rato se cuestionara a sí mismo.
Absolutamente. Incluso a lo mejor a veces hasta demasiado, y eso puede llevarme a coquetear con lo negativo. Para mí es fundamental no dar por descontado nada. Sobre todo, y viniendo de una familia de cineastas, creo que en la medida de lo posible es sano tener un cuestionamiento fuerte. Ponerte en duda todo el rato. Sin hacer un desequilibrio, encontrando el punto justo en el que puedas seguir adelante. Te diría que ese es casi el reto mayor para mí.
Creo que la coherencia es otra de las señas de su carrera, ¿es de las cosas más complicadas de conseguir?
Sí. Yo diría que esa coherencia es lo que yo intuyo que aquí han visto a la hora de organizar la retrospectiva y de elegirnos a nosotros. Al descubrir esa coherencia llama la atención porque a lo mejor no es tan habitual en el cine contemporáneo. Lo hablaba con Itsaso Arana, que ella decía que estaba bastante obsesionada por la independencia y yo decía que cada vez también más consciente de mi dependencia.
Lo que pasa es que en una dependencia también elegida, ¿de quién quieres depender? A veces nos hemos llenado mucho la boca con el cine independiente, con esa cuestión de la independencia, y yo siempre digo: cuidado, porque al final te vas dando cuenta de que tu suerte está muy ligada a ciertas personas que te han acompañado, de las que has dependido mucho. Yo soy muy feliz y me siento muy, muy afortunado de eso, pero digamos que en esa dependencia también hay una coherencia en haberme ligado a una serie de personas, de entornos, de cuestiones… y eso es lo que ha finalmente dado una sensación de coherencia.
¿Ha sido difícil, se ha visto tentado con la incoherencia?
Fíjate, pienso que las cosas se han ido dando de manera bastante natural. Me he ido dejando llevar por lo que me apetecía, por lo que intuía que había que hacer en cada momento. Por esta cuestión de no engañarme a mí mismo o no forzar demasiado las cosas e ir hacia lo que se me presentaba de forma más natural. Muchas veces en el cine parece que es obligado una especie de forzamiento, de búsqueda, de hacerlo cada vez más grande, más espectacular. Y yo sí que creo que he resistido bastante esa tentación, pero tampoco es que me haya visto muy empujado a ello. Desde el principio he tenido suerte, se me ha dejado hacer las cosas como he podido. Y creo que esta cuestión del cine posibilista, de hacer las películas que podemos hacer y no las que no podemos hacer, ha sido muy clave y ahí me he sentido a gusto.
Una de sus señas de identidad es cómo hace cine con su productora Los ilusos, casi como si fuera una cooperativa. Una forma que en estos momentos es casi revolucionario. ¿Es tan político cómo se hace una película que lo que dice una película?
Sí, para mí de hecho es más bien eso. A veces se confunde el cine político con lo que se cuenta, y yo creo que muchas veces en el cómo, en cómo se hacen las cosas, ahí se dan más ejemplos y hay menos impostura. Es verdad que no somos una cooperativa. Aunque coqueteamos con la idea, nos dimos cuenta de que en este sistema una cooperativa no servía para producir películas, pero estudiamos el modelo. Lo que hemos hecho es trabajar en colectivo, pero de una manera muy poco programática. Somos gente que se va juntando peli a peli y que con cada una va renovando el pacto de amistad y profesional. Lo más político de nuestro cine está en la manera en la que lo hemos ido haciendo, en la escala que hemos ido manteniendo y que hemos podido encontrar un relato.
En un vídeo durante las charlas en el Pompidou ha dicho lo importante que es la producción, y justo este año se ha estrenado la nueva película de José Luis Guerin que produce desde Los ilusos.
Es que todo esto de lo que estamos hablando tiene que ver con la producción. Muchos directores se engañan cuando quieren evadirse de las cuestiones de la producción y dejar eso en manos de otros. Creo que muchas veces el sistema y los productores quieren ver a los directores como niños. Como gente que no sabe gestionar nada y casi como artistas locos, y yo siempre he huido de eso. El director tiene que responsabilizarse de la producción de su película. Quizás también me daba cuenta, el otro día que vinieron mis padres, que yo he crecido con ese doble modelo, el de mi padre, pero también el de mi madre, que es productora. Tengo esas dos vertientes en mí, y al final es igual de importante para mí lo que llamamos dirigir una película que producir una película. De hecho, para mí es que es lo mismo, y creo que en cómo decides ciertas cosas de la producción es lo que luego decanta la dirección y lo que vas a hacer.
Le han dedicado una retrospectiva en el Pompidou y siempre se ha dicho de su cine que es muy afrancesado, ¿cómo se ha sentido con esa etiqueta que no siempre se ha dicho como algo positivo?
Pues otro de los lastres que van conmigo y que me los tomo con ironía. No soy hijo de un afrancesado. Soy hijo de mi padre y mi madre. Lo de afrancesado siempre me ha parecido un poco como el recurso de la Nouvelle Vague. Me parece un poco manido, pero bueno, tampoco sé si soy yo el que tiene que corregir eso. En todo caso, sí me gustaría decir que, por ejemplo, aquí nuestra distribuidora francesa, cuando compró La virgen de agosto, me dijo que a ellos el cine francés no les gusta, que no distribuyen cine francés más que alguna que otra película. Me dijo que no había elegido nuestra película porque le pareciera francesa, sino porque les parecía bonita, dulce, y que hablaba también de una ciudad, Madrid, y de un país, España, del que conocía poco y le había gustado verlo.
Si todos nos pusiéramos a trabajar con Netflix creo que sería un problema y que el cine tal y como lo hemos conocido y como a mí me gusta se terminaría
Eso lo he vuelto a leer en prensa francesa y creo que encuentran en mis películas una cierta idea de España que quizás no es la más folclórica, la más de cliché, pero que existe también. Y como cineasta siempre obviamente he crecido con el cine francés, pero como otras muchas cinematografías. Obviamente en Francia se ha hecho mucho cine, entonces aquí encuentras muchísimas cosas a las que aferrarte. No solo de cineastas, sino también de cómo defienden el cine, cómo lo exhiben, cómo lo distribuyen, cómo escriben de él, el tratamiento que le dan en la prensa.
Ha mencionado cómo se defiende el cine en Francia. Hace poco ha habido de nuevo polémica cuando Oliver Laxe mencionó que no quería trabajar con Netflix. Siempre se ha posicionado en esto, ¿cómo ve el momento actual en ese sentido?
Si no recuerdo mal, esto ya lo hablamos tú y yo hace mogollón.
Sí, por eso me acordé cuando se habló de ello.
Incluso tú me decías que le habías preguntado a mi padre que si aceptaría si le ofrecieran el cheque en blanco para hacer una película y yo te dije que yo respeto absolutamente al que diga eso, pero que yo no. Scorsese siempre justificaba que hizo El irlandés porque si no, no lo hubiera hecho. Y yo siempre he dicho, cuidado, que a lo mejor a veces es mejor no hacer la película. Lo primero no tiene que ser hacer la película. Porque al final siempre estamos anteponiendo nuestro sueño, nuestra película maravillosa. Entonces, si la única manera de hacerla es Netflix, pues la hago con Netflix. Pues a lo mejor está bien hacer una reflexión sobre lo que implica hacer una película con Netflix, y de pronto a lo mejor no me interesa.
No quiero decir con esto que esté mal. Tengo muchas amigas y amigos que están haciendo pelis y trabajando con Netflix, haciendo series y me parece bien. Lo respeto un montón, pero no sé si me parece bien, la verdad, porque efectivamente me parece que sí que hay un problema que es evidente con el dominio de Netflix. Si todos nos pusiéramos a trabajar con ellos creo que sería un problema y que el cine tal y como lo hemos conocido y como a mí me gusta se terminaría, porque Netflix sigue sin apostar por las salas, aunque hace esa especie de falsos estrenos.
Sin embargo, no mucha gente hace esa reflexión.
Desde luego es un tema que es necesario debatirlo todo el rato. Permanentemente. Grandes estudios ha habido siempre, ahora está en Netflix y Amazon. Antes era la Paramount y la Metro Goldwyn Mayer. Yo creo que lo que nosotros tenemos que defender es una diversidad. Yo sí creo en eso. Es decir, que no nos coman. Lo malo de estas plataformas es que están imponiendo su modelo porque cada vez es más global. Antes la Metro Goldwyn Mayer no se entrometía en lo que sería el cine europeo. Ahora sí. Entonces cuidado con eso, porque están imponiendo formas de hacer, formas de trabajar y tipos de salario. Formas de escribir los guiones, de hacer las tramas, del tipo de cámara que usas. Tienen todo el poder. Habrá gente a la que esto le dé igual, pero a mí no me da igual.
0