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Eleonora Duse, la actriz divina que Mussolini y el fascismo se quisieron apropiar

Valeria Bruni Tedeschi interpreta a Eleonora Duse

Javier Zurro

11 de junio de 2026 22:27 h

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No hay registros de la voz de Eleonora Duse. Apenas unas pocas fotografías y la única película en la que participó, Cenere (Cenizas) de Febo Mari, que rodó en 1916. Dicen que actuó por primera vez cuando tenía cuatro años. Nadie sabe si es verdad. Lo que sí recogen todos los libros históricos es que desde finales del siglo XIX y durante los primeros años del siglo XX fue la gran estrella de Italia gracias a su desgarro en los teatros de todo el país. Durante la Primera Guerra Mundial actuó para los soldados en el frente y para los heridos en las trincheras.

Era la mujer más querida de toda Italia, y el mundo se dividía entre quien pensaba que ella era la mejor actriz del mundo y los que pensaban que era Sarah Bernhardt. Para Bernhardt escribió, igual que para la Duse, Gabriele D’Annunzio, el poeta italiano que inspiró al fascismo de Mussolini. Pero para la actriz italiana fue algo más. Un amor que la hizo abrazar el nacionalismo italiano y coquetear con el fascismo, que rápidamente vio en la figura de la actriz un símbolo de la italianidad de la que apropiarse en su expansión.

El cineasta italiano Pietro Marcello se quedó fascinado por lo poco que realmente se conoce de Eleonora Duse, cuya historia muchas veces se ha visto eclipsada por su relación con D’Annunzio. El director de Martin Eden vio en los últimos años de su vida la metáfora perfecta para hablar de ese periodo de entreguerras que le recordaba al momento actual. Lo hace en Eleonora Duse, la divina, que llega hoy a los cines españoles y que retrata una etapa histórica en la que “Duse se vio confrontada con el fascismo”. Mussolini le rindió homenajes y hasta le ofreció una pensión del Estado, pero Marcello recuerda que ella “nunca recibió dinero de Mussolini porque se va a EEUU y no se queda en Italia”.

Como en Martin Eden, Marcello se sirve de material real de archivo que intercala con la ficción (donde una magnífica Valeria Bruni Tedeschi da vida a La Divina). Se ve a los camisas negras del fascismo ascendente, y hace especial hincapié en el material de un ataúd que atraviesa toda Italia en tren. Son imágenes de la procesión del cuerpo del soldado desconocido, un soldado sin identificar muerto en la Primera Guerra Mundial que se convirtió en un símbolo patriótico para Italia y cuyo monumento se puede ver en Roma. Cuando murió Eleonora Duse, un cuerpo transportó su cuerpo a través de Italia.

La elección de esas imágenes no son casuales, y Marcello deja claro que para él “el archivo es más poderoso que la ficción porque no se puede reproducir”. “El soldado desconocido representa a todos los soldados que murieron, más de 600.000. De estos, un soldado fue elegido porque las madres necesitaban llorar a sus hijos, y este soldado fue el elegido porque su nombre y orígenes eran, realmente, desconocidos. Representó una crítica al alto mando, el martirio de estos jóvenes. Fue una figura antibelicista. Pero luego el fascismo se apropió del Soldado Desconocido para crear un héroe nacional, porque en Italia no teníamos un héroe nacional. Este símbolo de paz se convirtió de repente en un símbolo de guerra que se usó para librar guerras coloniales”, explica el cineasta.

Sin memoria, no somos nada. Toda la memoria del mundo, la llevamos con nosotros. Y el cine lleva toda esta memoria

Pietro Marcello Cineasta

Con ello quiere plantear que la historia la cuentan los vencedores, y nunca los vencidos, y por ello elige contar la historia de esta actriz en sus años de decadencia y no en los de esplendor, “porque nunca cuentan esta parte de los mitos de la historia”. “En cierto sentido, Eleonora Duse fue una ganadora, porque sigue siendo parte de la historia. Transformó e influyó el teatro moderno, porque ella era profundamente moderna. Pero normalmente, en el cine, siempre hablamos de las victorias, de los ganadores. A mí me interesan más los perdedores de la historia, porque son los olvidados”, argumenta sobre un filme que quiere reflexionar sobre “la relación entre el poder y el arte y cómo el poder quiere apoderarse del talento y de los artistas”.

También eligió ese momento de entreguerras, “un momento histórico intermedio”, porque le recuerda “al que estamos viviendo ahora”. “Las grandes esperanzas fueron las de la posguerra. Imagino que para los españoles surgieron con la muerte de Franco y antes, en el 36, cuando soñaban con cambiar el país. Nosotros, en cambio, pertenecemos a una época intermedia, una época horrible, una época de mierda, porque en definitiva es como si nos hubieran roto las alas. Duse es una figura del siglo XIX que se encuentra en el nuevo siglo XX, que luego será un desastre total, y es lo que anuncia la película, el desastre que está por venir”, subraya.

Gracias a la figura de la actriz se reivindica la memoria, porque “nos enseña a ser mejores”. “Sin memoria, no somos nada. Toda la memoria del mundo la llevamos con nosotros. Y el cine lleva toda esta memoria. Sin embargo, ahora mismo tenemos YouTube, Instagram, redes sociales… que son productos que representan la negación de la imaginación, y cuando se te niega la imaginación es muy difícil poder imaginar el futuro, porque alguien lo está imaginando por ti. Ahí tenemos la inteligencia artificial y todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor ahora mismo. Incluso los ancianos se están volviendo ignorantes, son conscientes de ello, pero también se están convirtiendo en sujetos de la modernidad, pero deberíamos preguntarnos: ¿qué es realmente la modernidad?”, cuestiona el director

Un momento de la película 'Duse'

A pesar del pesimismo, cree que el cine “es una herramienta muy poderosa”. Aun así, sin dudar lanza una pregunta de vuelta: “Pero, ¿cómo se usa el cine? En Italia hubo el neorrealismo, que fue un movimiento importante, pero que sin la guerra no podría haber existido. Así que siempre es un efecto de la historia, y nos encontramos en un momento histórico donde reina la cobardía. Lo vemos cuando ves que alguien sufre y te das la vuelta. Por ejemplo, ¿quién lleva el símbolo de Palestina? ¿A quién oyes hablar de lo que ocurre en Palestina? Sí, aquí en Italia, algo en Francia, en España… pero otros países no hablan de ello en absoluto. Quizás son los jóvenes los que están empezando a ver el mundo de otra manera. Y quizás solo los jóvenes tienen esperanza. Mi generación lo mejor que puede hacer es dedicarse a los jóvenes, a aquellos que vendrán”.

Por eso pide “convertir el cine en algo poderoso”. Hacerlo en un momento “en el que se hacen muchas películas inútiles para plataformas que no funcionan para nada, solo para una industria cultural con muchos aspectos negativos”. Para ello también debe cambiar su propia visión. “Me gusta hacer películas, pero ya no me satisface”, asevera con sinceridad. Cree que los cineastas se comportan como “bizantinos que mantienen el cadáver de un animal muerto vivo, pero sin hacer un acto revolucionario con las películas”. Pide “autocrítica” a unos artistas que “suelen ser egoístas e individualistas y solo les interesa el dinero y tener una cierta posición privilegiada”. Por eso cree que centrarse en la educación y en los jóvenes es lo mejor que pueden hacer en un “mundo hipócrita y cobarde”. 

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