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Entrevista

José Luis Guerín: “Cuando tengo alguna duda como director pienso qué harían las redes sociales y hago lo opuesto”

Javier Zurro

11 de febrero de 2026 22:57 h

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José Luis Guerín habla con calma. Despacio. Piensa sus respuestas. Hay algo en su forma de hablar que parece que se vincula con su cine. Un cine que se toma su tiempo. Que en un momento donde corren las prisas, donde todo es fórmula y algoritmo, se toma la molestia de mirar sin prejuicios. De pararse y reposar cada plano, cada frase. Que deja espacio para que el espectador se emocione y piense.

No es una novedad. Su cine siempre ha sido así. Y por eso, mientras que casi todas las películas que llegan cada fin de semana se olvidan en un santiamén, las suyas permanecen en el recuerdo, crecen y se reivindican. Solo hay que volver a ver algunas de sus obras maestras como Innisfree y En construcción, que habló de la gentrificación en los barrios hace 25 años, cuando la palabra casi ni existía. Dos películas que parecen las precuelas espirituales de su nuevo filme, Historias del buen valle —por la que ganó el Premio Especial del Jurado en San Sebastián—, donde pone su mirada en otra comunidad en los márgenes, el barrio de Vallbona, para sacar la dignidad de una comunidad amenazada por los procesos urbanísticos que destrozan las ciudades. 

¿Cuándo es la primera vez que descubrió Vallbona?, ¿hay algo instintivo cuando ve a una persona o un sitio que le hace sentir que quiere captarles con su cámara?

En todas partes hay algo. Yo no establezco ninguna diferencia entre aquellas películas que han partido de una fantasía inicial mía o si me han propuesto hacer algo. Porque lo único importante es si te implicas o no te implicas. Cuando me hacen una propuesta para hacer algo, deben garantizarme que puedo hacer lo que me dé la gana en cuanto a libertad de mirada. No hay temas buenos y temas malos, sino que todo es una cuestión de perspectiva, de mirada, para encontrar dónde está lo revelador. Incluso cuando visito lugares que diría que me desagradan, tiendo a pensar que el problema no es del lugar, sino que es mío, porque no le he dedicado el tiempo para mirarlo.

En ese sentido, las primeras visitas a Vallbona fueron un poco desalentadoras, pues es un espacio que a primeras yo creo que resulta muy inhóspito, sin espacio, sin vida en el espacio público. Era lo más opuesto al barrio En construcción, donde todas las historias y personajes estaban muy a la vista, a pie de calle. Aquí había que hacer otro tipo de trabajo mucho más introspectivo para ir encontrando las formas de mirar a través de los personajes que querían colaborar con nosotros.

Suele decir que el cine suele estar demasiado vinculado a la importancia del tema del que habla la película. 

En eso a veces discuto mucho con cineastas jóvenes, con estudiantes, cuando tengo mis pinitos en la docencia. Porque casi que lo proyectan todo en la importancia de un tema. Hay muchas películas que hablan de lo que conocen, de la proximidad. Ahora está muy de moda esa introspección hacia lo propio y hacia el entorno más inmediato, que no me parece nada mal, pero corre el riesgo de hacer del cine algo muy endogámico. Eso es algo también que está en la sociedad en general. El problema del ombliguismo, del narcisismo. A veces incluso te acusan de si quieres ponerte en relación con otras realidades que no son la tuya.

Curiosamente eso lo menciona Lucrecia Martel en una de las charlas que se han recogido en su último libro: que no hay que tener miedo a que te digan que es apropiación cultural, porque si uno se acerca de una forma honesta, eso no pasa.

Claro, es que entiendo sobre todo el cine como una forma de tender puentes. Imagínate lo triste que sería la historia del cine si cada cineasta se limitara a filmar su entorno inmediato y su realidad inmediata. Es un fenómeno también reciente el de indagar en el entorno más próximo y ha dado cosas extraordinarias. También el cine en primera persona, por ejemplo, que es algo que conoce su eclosión con la cultura digital, sobre todo con la proliferación de cámaras y equipos muy ligeros. Antes era muy difícil. Jonas Mekas fue uno de los pioneros en eso, Chantal Akerman también. Y ahora constato cuando estoy en algunos talleres de cine documental que es lo que mayoritariamente atrae a los jóvenes.

¿Puede que sea también por la precariedad del cine, que sea más fácil rodar con poco dinero algo pequeño y que esté cerca?

Sí. Es interesante lo que planteas. Seguro que sí. Y hay algo muy bueno en la democratización de la tecnología. En principio es algo muy bueno, pero comporta inevitablemente una vulgarización también. Pasa en cualquier medio. Pero, en la medida en que se democratizan más los medios, hemos de imponer un plus de disciplina formal, de tensar la escritura para devolver una cierta gravedad, una cierta fuerza a nuestras imágenes, porque si no, todo acaba en el vertedero de YouTube.

Imagínate lo triste que sería la historia del cine si cada cineasta se limitara a filmar su entorno inmediato y su realidad inmediata

La importancia de las formas es algo que siempre dice Jonás Trueba —productor de Historias del buen valle—, que es tan político lo que dice la película como la forma en la que se hace.

Absolutamente. Es así. No solo ahora, sino que yo siempre lo he pensado así. Es la manera de mirar y de tratar al espectador. Y cómo te relacionas con él. Pensar la película bien creo que es también una consideración de respeto hacia el espectador al que te diriges. Todo lo contrario a las redes sociales, donde hay gente que pone emoticonos de vómitos según se levanta por la mañana o insultos. Mensajes sin ninguna elaboración. En la medida en que piensas en las formas, en la forma entendida no como ornamento sino como el vehículo para comunicar los sentimientos y las ideas, eso es lo que visibiliza tu relación con el mundo. 

Yo veo películas a veces con un carácter o una voluntad muy social, pero que firman al otro como si fuera… No sé. A mí me importa que la calidad de sonido con la que habla un personaje de mi barrio tenga la misma calidad que si fuera Marlon Brando. También el cómo relacionas a esa persona que filmas con el espectador. Y vuelvo a las redes, porque cuando tengo algunas dudas pienso, ¿qué harían las redes? Y yo hago lo opuesto. Digamos que en las redes se alimentan de un esquematismo atroz donde un ser humano queda reducido a una única categoría: maricón, 'indepe', machista… Frente a eso, el cine debe restablecer la complejidad de lo real.

¿Qué le parece la etiqueta de cine social?

Es una etiqueta que me preocupa porque tantas veces lo que denominamos cine social es un cine donde la realidad queda completamente limada para ilustrar un discurso, donde lo discursivo prevalece sobre lo real y la realidad se simplifica hasta tal punto que no la reconoces. La realidad tiene complejidades, contradicciones, zonas de ambigüedad. Entonces, cuando se instrumentaliza eso como simple ilustración obvia para un discurso, me parece que estamos faltando al respeto al espectador y lo estamos tratando de bobo. Eso es política también. Tratar al espectador de idiota, eso es política. Hay que tratar al espectador con una cierta madurez, dejarle que juzgue.

Ha mencionado que no piensa en el tema previamente, pero pienso en Historias del buen valle e imagino que el tema en algún momento se revela.

Sí. Tengo claro que el tema es el barrio. Al elegir a mis personajes no solo estoy valorando la cualidad individual de cada uno de ellos, sino la significación que tienen en la morfología humana de ese barrio. Que esté presente desde la payesía catalana, la emigración andaluza, la nueva emigración global de Latinoamérica, la que llega por motivos como la contienda rusa ucraniana… Que esté presente también el desahucio. A ese barrio llegan desahuciados, jóvenes que no pueden pagar el alquiler. Es decir, que todos estos distintos estratos representen y den una mirada justa del barrio. Caben muchísimos temas, pero siempre delimitados o cohesionados por esa geografía que es un valle que en algún momento fue percibido como bueno.

Muchos ven un hilo entre En construcción e Historias del buen valle por cómo las políticas urbanísticas afectan a las relaciones. ¿Entiende que la gente establezca ese vínculo?

Lo entiendo muy bien. Me sorprendió advertir una relación casi causa-efecto entre las dos películas, porque en En construcción asistíamos a la construcción de un edificio y eso implicaba la destrucción de los viejos edificios de vecinos que fueron desalojados. ¿Y adónde fueron a parar esos vecinos desalojados? Pues a la periferia, y hay algún personaje en Vallbona que había conocido filmando En construcción. Como en casi todas las ciudades europeas, la vida popular se va desplazando hacia los barrios periféricos. El centro queda ocupado por las franquicias comerciales, los turistas, y es muy difícil encontrar el gusto por la vida cotidiana popular.

Tratar al espectador de idiota, eso es política. Hay que tratar al espectador con una cierta madurez, dejarle que juzgue

En construcción podría haberse rodado ayer…

¿Se mantiene bien?

Muy bien…

Yo me preguntaba, por ejemplo… en En construcción una cosa que pasaba mucho es que la gente se encuentra en la calle y habla con los vecinos. Yo me pregunto si eso sería posible hoy en día en ese barrio. Esa idea de vecinos que se reúnen y charlan en el espacio público, que es algo tan natural, pues es más raro de encontrar en los bares donde ponen las palabras lunch, brunch, café, mojitos o en los Starbucks Coffee.

Ha mencionado antes que no hay temas malos, sino que depende de la mirada, y me da curiosidad. Si llega una plataforma como Netflix y le da libertad absoluta para mantener esa mirada y en el tema que quiera, ¿qué haría?, ¿tiene alguna línea roja?

No me lo creería. Sería una línea roja de confianza. Me he encontrado con ese problema. Quizás es feo decirlo, me propusieron un documental sobre una casa de cuidados paliativos donde me daban toda la libertad, pero patrocinado por ellos, por una investigación para cuidados paliativos y por un banco. Sé que mienten, que no tendré la libertad que necesito para hacerlo, así que mejor decir que no y te evitas problemas. También me propusieron un documental sobre el PSUC, por el que tengo todas las simpatías. Pero por mucho afecto y respeto que le tengo, yo no estoy hecho para hacer vidas de santos. Sería triste decepcionarles. Entonces esas cosas las evitas.