Entrevista
Alice Rohrwacher, cineasta: “Hacer una película con dinero público es un orgullo y una responsabilidad”
Con solo cuatro películas, Alice Rohrwacher se ha convertido en una de las voces más personales y prometedoras del cine de autor europeo. Desde su ópera prima, Corpo Celeste, dejó claro que había algo único en su mirada. Sin embargo, fue con su segundo filme, El país de las maravillas, donde enamoró con una historia que se fijaba en las zonas rurales italianas que el cine mainstream olvidaba, y las mezclaba con una apuesta por una especie de realismo mágico que entroncaba con el Vitorrio de Sica de Milagro en Milán y que la hizo ganar el Gran Premio del Jurado en Cannes.
A la obra maestra del director italiano homenajeó en su siguiente obra, Lazzaro Feliz, una crítica al capitalismo moderno en forma de fábula fantástica con un personaje cuya principal característica era su bondad, algo revolucionario en un sistema que le explotaba y que subastaba trabajadores al menor postor. También logró premio en Cannes, un mejor guion que en aquella edición supo a poco, ya que muchos la daban como una más que justa Palma de Oro. Tampoco la ganó por su último filme, La quimera, mirada al expolio arquitectónico y patrimonial desde un lugar completamente novedoso, el de los tombaroli, los ladrones de antigüedades que lo usaban para subsistir. Pícaros modernos con los que volvía, de nuevo, a uno de sus temas favoritos, la crítica al sistema.
Una crítica que es constante, pero que siempre se entrelaza con otro de sus pilares, la memoria. El cine de Rohrwacher siempre se fija en cómo la memoria de su país sigue afectando en las relaciones familiares y personales. Cómo la memoria íntima y colectiva se entrelaza de una forma fundamental que da forma al presente y, si no se afronta, al futuro.
Su cine, como dejó claro en su discurso cuando recibió el premio del futuro en los pasados premios del cine europeo, imagina nuevos escenarios que nos hagan afrontar el presente oscuro que vivimos. En aquel contexto, la directora atendió a un reducido grupo de periodistas europeos entre los que se encontraba elDiario.es. Allí dio alguna pista de su próxima película, un filme mudo en el que volverá a reflexionar sobre la memoria.
Un proyecto que nace “del deseo, pero también de la necesidad de cuestionar el cine mudo”. “Quiero ver si simplemente fue el paso del cine sin sonido al cine con sonido, o si son formas de expresión completamente distintas y separadas. Cuando pienso en los jóvenes de hoy y su relación con las imágenes y la música, creo que una película sin diálogos, hecha simplemente de imágenes y música, es increíblemente contemporánea. Y es un cuestionamiento de eso”, avanzó.
No elige los temas de sus películas “de forma racional”. “Creo que el tema surge de una necesidad, de a lo que te enfrentas y con lo que tienes que lidiar. No creo que las películas caigan del cielo, sino que nacen de abajo, de la tierra”, opina. Eso sí, siempre pendiente de “la ética, que es muy importante en el cine”. “No se trata simplemente de contar una historia, sino de cómo la contemplamos. Así que, si miramos al presente, no creo que se trate solo de contar o mirar el presente, sino de encontrar una mirada al presente que nos permita imaginar un futuro, un futuro menos predecible, por supuesto, que el que nos enfrentamos ahora mismo”, analiza.
Es importante que la esperanza no se convierta en un vicio, un defecto, un refugio, porque el mundo no va a cambiar porque tengamos esperanza, sino si luchamos por ello
Por ello apuesta por la esperanza, pero con cuidado de no convertirla en un cliché, en un concepto vacío: “Es importante que la esperanza no se convierta en un vicio, un defecto, un refugio, porque el mundo no va a cambiar porque tengamos esperanza, sino si luchamos por ello. Creo que mis películas son películas esperanzadoras, no tanto por la historia que cuentan, sino por ellas mismas, por su seguridad, por su forma artística y por cómo están hechas. Y esto se debe a que creo profundamente que mi público es mejor que yo. Por mejor, me refiero a que son capaces de imaginar un futuro mejor”.
En la conversación, Rohrwacher comenta cómo en Italia se han recortado las ayudas públicas al cine en los últimos años. Cree que el gobierno de Meloni lo ha hecho “por muchas razones”. No niega que haya habido errores en el pasado, pero cree que estas decisiones están atacando el “enorme trabajo” que se ha hecho. “Es como si para quemar la mala hierba juntas todo el paquete. O cómo si para acabar con una persona decides matar a 1000. Es una idea violenta y belicista, muy en la línea con lo que está pasando hoy en día. Debemos combatir contra eso, porque está cercenando lo que podría ser un mundo enorme de posibilidades. No solo como productos, sino también el trabajo de una gran cantidad de seres humanos”, critica.
Pide que la gente se haga una pregunta: “¿Cuál es la función del cine y cuál es la función del cine financiado con dinero público?”. Para ello pone su propio ejemplo: “Cuando comencé como cineasta y recibí mi primera financiación pública, por un lado, me sentí increíblemente orgullosa. Pero, por otro lado, por supuesto, me dio un gran sentido de responsabilidad. También es inherente a mi entorno familiar. Mis abuelos fueron profesores en el sistema de educación pública. Así que siempre he considerado mi trabajo como algo que también tiene esta función de utilidad social. Y, por supuesto, eso define la naturaleza de la película, porque si hiciera una película financiada íntegramente con fondos privados sería, por supuesto, una película diferente. Por eso creo que tener películas financiadas con dinero público es extraordinario. Y detener todo esto simplemente por dinámicas de poder es increíblemente deprimente”.
De momento no ha sentido la llamada tentadora de Hollywood, aunque tuvo un corto (en italiano) nominado al Oscar hecho para Disney+, Le pupille. Por si acaso, prefiere no pillarse los dedos. “No sé muy bien qué decir sobre Hollywood… Las películas que haré son las que responderán a esta pregunta. Pero sí creo que es un cliché la idea de que cuando un cineasta empieza a destacar, inmediatamente se ve arrastrado a Hollywood y el sistema, de alguna manera, se desmorona, devora al individuo y te convierte en parte del sistema. No lo creo. Creo que, más bien, podría ser muy enriquecedor colaborar con un sistema tan diferente. Y creo que es un sistema, el sistema de Hollywood, que está empezando a plantearse nuevas preguntas”.