El musical de Hombres G se arranca la espina de los tributos españoles fallidos

Hay películas musicales españolas que han sido todo un éxito, como La llamada (2017) o El otro lado de la cama (2002). Pero el cine tenía una cuenta pendiente con los tributos. Se han hecho con la música británica, como en Un, dos, tres, al escondite inglés (1969) o con Rafaella Carrà, en Explota, explota (2020) y pocas veces con un cantante o banda nacional. Nunca en condiciones. Voy a pasármelo bien, que llega a las salas el próximo 12 de agosto, ha llegado para cubrir ese hueco.

Netflix demanda a las autoras del premiado álbum no oficial basado en 'Los Bridgerton'

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El director David Serrano ha transformado Valladolid en su ciudad de la infancia, donde los patinetes eléctricos se cambian por Peugeots 205, la música no se escucha desde un móvil sino desde un walkman, y en los guateques donde ahora suena el trap, lo vuelven a hacer Hombres G. El resultado es un ejercicio de nostalgia bien medido, pero sobre todo de musical para todos los públicos, incluyendo aquel que no traga con el género. “A veces los musicales son vistos con rechazo y con inquietud”, reconoce Serrano a elDiario.es. Por eso, promete que Voy a pasármelo bien “no va a hacer que la gente que detesta el musical se aburra o esté incómoda”.

Misión cumplida: la película empasta las coreografías dentro de una sencilla trama de amor adolescente y reencuentro y todo consigue tener sentido. El género musical es un hueso duro de roer que se ha resistido a las dentelladas del director más reputado. Pero Serrano conoce el sector –ha dirigido obras como Grease y Billy Elliot, y guionizado la película y la secuela de El otro lado de la cama– y sabía de antemano los errores que no quería cometer.

En La La Land fueron superinteligentes. Tienen cuatro números grandes y luego pequeños momentos musicales, y reconozco que he copiado su estructura de guion”, cuenta entre risas. No quería meter más para no “cansar al público”, algo complicado cuando el repertorio pertenece a uno de los grupos más prolíficos de España. “Hemos tenido que dejar muchas canciones fuera por narices, pero estamos muy satisfechos con el resultado”, aseguran los miembros de Hombres G en conversación con elDiario.es. Los cuatro han estado muy involucrados en la producción de Voy a pasármelo bien, pero sin sobrepasarse en las decisiones que no les correspondían.

También ellos reconocen que “poner música desde el principio hasta el final de la película puede saturar”, por muy complicada que sea la criba. Los cuatro grandes números se han montado sobre Voy a pasármelo bien, Te quiero, Suéltate el pelo y Dos imanes, aunque no podían faltar Marta tiene un marcapasos, Venezia o Sufre mamón en formato acústico.

“Hombres G han tocado en toda la banda sonora y lo único que han hecho ha sido apoyar y dar su opinión desde el respeto. Ha sido un lujazo, porque hay cada marciano...”, revela David Serrano. Dice que esta última, entre otras, es la razón por la que no había hasta ahora un gran tributo cinematográfico a la música española.

¿Por qué ha costado tanto hacer un tributo?

“Por mi trabajo en el género musical, he conocido a grandes estrellas, grupos, solistas de la música española. Y tengo que decir que Hombres G son los únicos normales y majos. Gente que rema a favor”, desvela Serrano. Él escribió el libreto para adaptar al cine el musical de Hoy no me puedo levantar durante el breve lapso que duró el proyecto y tuvo la experiencia contraria. “No se hizo por problemas de producción y con los hermanos Cano, pero habría sido un gran éxito en España y en México. En teatro tuvo más de tres millones de espectadores. Es una pena”, recuerda.

No cree que sea porque el género no cale en España, sino por razones más tangibles: dinero y elección del homenajeado. Aunque hay también una parte de prejuicio. “El otro lado de la cama fue un guion que estuvo dos o tres años moviéndose por todas las televisiones de España y al final Telecinco apostó por ella, pero lo hicieron engañando a la gente que estaba en la cúpula y diciéndoles que solo tenía pequeñas pinceladas musicales. Tuvieron que engañar a sus propios jefes para sacarla adelante”, rememora el director.

Por otro lado, “el género musical es muy complejo, lleva mucho tiempo y es muy caro”. Voy a pasármelo bien tiene escenas con un centenar de extras y bailarines, donde la cámara hace travellings imposibles y que han necesitado ensayarse durante cinco meses con los actores. “Cuesta encontrar y soltar la pasta, son películas complicadas de financiar”, cuenta Serrano. Tampoco es baladí que hayan optado por caras conocidas y protagonistas de éxitos como Ocho apellidos vascos (Dani Rovira), La isla mínima (Raúl Arévalo) o La gran familia española (Roberto Álamo) para completar el casting. Pero lo más difícil era encontrar la banda sonora.

“Las canciones y el grupo tienen que ser lo suficientemente potentes para animar a la gente a ir a ver la película”, resume el director. Para él, “Hombres G es el grupo más importante de los 80 junto con Mecano y tienen tantos seguidores que nos daban pistas del público potencial”. Los madrileños quieren dilatar el fenómeno que representaron en su momento, en “años de mucha oscuridad y mucho siniestro”, como ellos describen, y para ello, siguen embarcándose en todo tipo de proyectos. “Trabajamos para agrandar nuestra marca y sumar al gran proyecto de nuestra vida que es Hombres G”, reconoce el vocalista, David Summers. Un enganche a la nostalgia que también explota Voy a pasármelo bien.

Nostalgia y cine familiar: un cóctel de taquillazo

La película de David Serrano llega en un momento peculiar para el cine. Las salas están haciendo malabares para arrancar al público del sofá de su casa y ha surgido un inesperado vencedor: Santiago Segura y la tercera entrega de Padre no hay más que uno, estrenada a mediados de julio, que han salvado la taquilla española, convirtiéndose en la película del año con más espectadores. Una comedia familiar (y navideña) ha devuelto la esperanza a los exhibidores y parece haber allanado el terreno para el musical de Hombres G. Pero su director asegura que es una ventaja fruto del azar.

“No fue una estrategia”, promete Serrano. “Me ofrecieron esto hace ya tres años y medio, y ahí Santiago había hecho la primera parte de su película. Aún no se intuía este milagro”, afirma. Por otro lado, después de hacer el musical de Billy Elliot, en Madrid, el director tenía “muchas ganas de que Voy a pasármelo bien fuera una película con chavales”. Tanto los dos protagonistas –Izan Fernández y Renata Hermida– como los carismáticos secundarios soportan sobre sus hombros el peso de las canciones, lo que es un acierto porque la mayoría vienen del teatro musical.

Esta película es un tributo a Hombres G, pero sobre todo a la nostalgia. Los cuatro adultos que rememoran su vida de colegio, su amistad y sus primeros amores no lo hacen solo tirando de memoria, sino con sus propias versiones en miniatura que se mueven al ritmo del pop ochentero. “Fue mi primer grupo y el primer cassette que pagué con mi propio dinero, no podían ser otros”, dice Serrano. “En los 80 gustábamos a la gente de nuestra generación y caíamos simpáticos a los padres porque éramos gente sencilla y normal. No eran nuestros fans, pero por lo menos se divertían escuchándonos”, dicen Hombres G.

Aquellos chavales son los que hoy llevarán a la generación del trap y el reguetón al cine, pero creen que la sensación será la misma. “Hemos conseguido lo que pretendíamos, que es transmitir buen rollo a la gente y que venga al cine a pasarlo bien, como dice el título de la película y de la canción. Es muy importante en estos momentos hacer contenidos que transmitan emociones bonitas”, concluye Summers.

Hay películas musicales españolas que han sido todo un éxito, como La llamada (2017) o El otro lado de la cama (2002). Pero el cine tenía una cuenta pendiente con los tributos. Se han hecho con la música británica, como en Un, dos, tres, al escondite inglés (1969) o con Rafaella Carrà, en Explota, explota (2020) y pocas veces con un cantante o banda nacional. Nunca en condiciones. Voy a pasármelo bien, que llega a las salas el próximo 12 de agosto, ha llegado para cubrir ese hueco.

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El director David Serrano ha transformado Valladolid en su ciudad de la infancia, donde los patinetes eléctricos se cambian por Peugeots 205, la música no se escucha desde un móvil sino desde un walkman, y en los guateques donde ahora suena el trap, lo vuelven a hacer Hombres G. El resultado es un ejercicio de nostalgia bien medido, pero sobre todo de musical para todos los públicos, incluyendo aquel que no traga con el género. “A veces los musicales son vistos con rechazo y con inquietud”, reconoce Serrano a elDiario.es. Por eso, promete que Voy a pasármelo bien “no va a hacer que la gente que detesta el musical se aburra o esté incómoda”.

Misión cumplida: la película empasta las coreografías dentro de una sencilla trama de amor adolescente y reencuentro y todo consigue tener sentido. El género musical es un hueso duro de roer que se ha resistido a las dentelladas del director más reputado. Pero Serrano conoce el sector –ha dirigido obras como Grease y Billy Elliot, y guionizado la película y la secuela de El otro lado de la cama– y sabía de antemano los errores que no quería cometer.

En La La Land fueron superinteligentes. Tienen cuatro números grandes y luego pequeños momentos musicales, y reconozco que he copiado su estructura de guion”, cuenta entre risas. No quería meter más para no “cansar al público”, algo complicado cuando el repertorio pertenece a uno de los grupos más prolíficos de España. “Hemos tenido que dejar muchas canciones fuera por narices, pero estamos muy satisfechos con el resultado”, aseguran los miembros de Hombres G en conversación con elDiario.es. Los cuatro han estado muy involucrados en la producción de Voy a pasármelo bien, pero sin sobrepasarse en las decisiones que no les correspondían.

También ellos reconocen que “poner música desde el principio hasta el final de la película puede saturar”, por muy complicada que sea la criba. Los cuatro grandes números se han montado sobre Voy a pasármelo bien, Te quiero, Suéltate el pelo y Dos imanes, aunque no podían faltar Marta tiene un marcapasos, Venezia o Sufre mamón en formato acústico.

“Hombres G han tocado en toda la banda sonora y lo único que han hecho ha sido apoyar y dar su opinión desde el respeto. Ha sido un lujazo, porque hay cada marciano...”, revela David Serrano. Dice que esta última, entre otras, es la razón por la que no había hasta ahora un gran tributo cinematográfico a la música española.

¿Por qué ha costado tanto hacer un tributo?

“Por mi trabajo en el género musical, he conocido a grandes estrellas, grupos, solistas de la música española. Y tengo que decir que Hombres G son los únicos normales y majos. Gente que rema a favor”, desvela Serrano. Él escribió el libreto para adaptar al cine el musical de Hoy no me puedo levantar durante el breve lapso que duró el proyecto y tuvo la experiencia contraria. “No se hizo por problemas de producción y con los hermanos Cano, pero habría sido un gran éxito en España y en México. En teatro tuvo más de tres millones de espectadores. Es una pena”, recuerda.

No cree que sea porque el género no cale en España, sino por razones más tangibles: dinero y elección del homenajeado. Aunque hay también una parte de prejuicio. “El otro lado de la cama fue un guion que estuvo dos o tres años moviéndose por todas las televisiones de España y al final Telecinco apostó por ella, pero lo hicieron engañando a la gente que estaba en la cúpula y diciéndoles que solo tenía pequeñas pinceladas musicales. Tuvieron que engañar a sus propios jefes para sacarla adelante”, rememora el director.

Por otro lado, “el género musical es muy complejo, lleva mucho tiempo y es muy caro”. Voy a pasármelo bien tiene escenas con un centenar de extras y bailarines, donde la cámara hace travellings imposibles y que han necesitado ensayarse durante cinco meses con los actores. “Cuesta encontrar y soltar la pasta, son películas complicadas de financiar”, cuenta Serrano. Tampoco es baladí que hayan optado por caras conocidas y protagonistas de éxitos como Ocho apellidos vascos (Dani Rovira), La isla mínima (Raúl Arévalo) o La gran familia española (Roberto Álamo) para completar el casting. Pero lo más difícil era encontrar la banda sonora.

“Las canciones y el grupo tienen que ser lo suficientemente potentes para animar a la gente a ir a ver la película”, resume el director. Para él, “Hombres G es el grupo más importante de los 80 junto con Mecano y tienen tantos seguidores que nos daban pistas del público potencial”. Los madrileños quieren dilatar el fenómeno que representaron en su momento, en “años de mucha oscuridad y mucho siniestro”, como ellos describen, y para ello, siguen embarcándose en todo tipo de proyectos. “Trabajamos para agrandar nuestra marca y sumar al gran proyecto de nuestra vida que es Hombres G”, reconoce el vocalista, David Summers. Un enganche a la nostalgia que también explota Voy a pasármelo bien.

Nostalgia y cine familiar: un cóctel de taquillazo

La película de David Serrano llega en un momento peculiar para el cine. Las salas están haciendo malabares para arrancar al público del sofá de su casa y ha surgido un inesperado vencedor: Santiago Segura y la tercera entrega de Padre no hay más que uno, estrenada a mediados de julio, que han salvado la taquilla española, convirtiéndose en la película del año con más espectadores. Una comedia familiar (y navideña) ha devuelto la esperanza a los exhibidores y parece haber allanado el terreno para el musical de Hombres G. Pero su director asegura que es una ventaja fruto del azar.

“No fue una estrategia”, promete Serrano. “Me ofrecieron esto hace ya tres años y medio, y ahí Santiago había hecho la primera parte de su película. Aún no se intuía este milagro”, afirma. Por otro lado, después de hacer el musical de Billy Elliot, en Madrid, el director tenía “muchas ganas de que Voy a pasármelo bien fuera una película con chavales”. Tanto los dos protagonistas –Izan Fernández y Renata Hermida– como los carismáticos secundarios soportan sobre sus hombros el peso de las canciones, lo que es un acierto porque la mayoría vienen del teatro musical.

Esta película es un tributo a Hombres G, pero sobre todo a la nostalgia. Los cuatro adultos que rememoran su vida de colegio, su amistad y sus primeros amores no lo hacen solo tirando de memoria, sino con sus propias versiones en miniatura que se mueven al ritmo del pop ochentero. “Fue mi primer grupo y el primer cassette que pagué con mi propio dinero, no podían ser otros”, dice Serrano. “En los 80 gustábamos a la gente de nuestra generación y caíamos simpáticos a los padres porque éramos gente sencilla y normal. No eran nuestros fans, pero por lo menos se divertían escuchándonos”, dicen Hombres G.

Aquellos chavales son los que hoy llevarán a la generación del trap y el reguetón al cine, pero creen que la sensación será la misma. “Hemos conseguido lo que pretendíamos, que es transmitir buen rollo a la gente y que venga al cine a pasarlo bien, como dice el título de la película y de la canción. Es muy importante en estos momentos hacer contenidos que transmitan emociones bonitas”, concluye Summers.

Hay películas musicales españolas que han sido todo un éxito, como La llamada (2017) o El otro lado de la cama (2002). Pero el cine tenía una cuenta pendiente con los tributos. Se han hecho con la música británica, como en Un, dos, tres, al escondite inglés (1969) o con Rafaella Carrà, en Explota, explota (2020) y pocas veces con un cantante o banda nacional. Nunca en condiciones. Voy a pasármelo bien, que llega a las salas el próximo 12 de agosto, ha llegado para cubrir ese hueco.

Netflix demanda a las autoras del premiado álbum no oficial basado en 'Los Bridgerton'

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El director David Serrano ha transformado Valladolid en su ciudad de la infancia, donde los patinetes eléctricos se cambian por Peugeots 205, la música no se escucha desde un móvil sino desde un walkman, y en los guateques donde ahora suena el trap, lo vuelven a hacer Hombres G. El resultado es un ejercicio de nostalgia bien medido, pero sobre todo de musical para todos los públicos, incluyendo aquel que no traga con el género. “A veces los musicales son vistos con rechazo y con inquietud”, reconoce Serrano a elDiario.es. Por eso, promete que Voy a pasármelo bien “no va a hacer que la gente que detesta el musical se aburra o esté incómoda”.