Festival de Cannes
La película rodada bajo las bombas de la Guerra Civil para combatir al fascismo que los nazis quisieron quemar
El artista e intelectual André Malraux dejó su vida en Francia y acudió a España para combatir en el bando republicano durante la Guerra Civil. Malraux decidió que lo que estaba viviendo tenía que ser contado y visto. Escribió una novela, L’espoir, y en 1938, bajo las bombas del bando nacional, acometió una misión casi imposible: rodar Sierra de Teruel, una película cuyo objetivo era movilizar a los países europeos para luchar contra el fascismo. Malraux sabía que en España se jugaba el futuro de Europa, y creía que un filme con un fuerte contenido antifascista, que mostrara la lucha colectiva del pueblo y de la clase obrera contra una amenaza dictatorial, podía hacer que la balanza se decantara por la intervención en la Guerra.
La película, que contaba con guion de Max Aub, no pudo terminar su rodaje, y cuando llegó el momento de mostrarla, Europa decidió mirar para otro lado. Francia no quiso molestar a Franco y decidió no exhibirla. Los alemanes, bajo el yugo del nazismo, ordenaron quemar las copias para que Sierra de Teruel desapareciera. Para que no quedara rastro del testimonio de la lucha contra el fascismo.
Pero Malraux logró mandar una copia a la biblioteca del Congreso de EEUU. Esta copia “la original, sin cortes ni añadidos”, como la define Antoni Cisteró, escritor, investigador y el mayor experto en Sierra de Teruel, se restauró en España en los 90, y ahora lo ha hecho en Francia. Sierra de Teruel recupera su esplendor, y lo hace en el mejor momento posible, ya que el auge de la extrema derecha hace su mensaje más pertinente que nunca. Quizás por ello el Festival de Cannes ha decidido proyectar esta versión que en Francia seguía inédita.
Céline Malraux, sobrina nieta de André Malraux, actúa como portavoz de la familia del artista, que se muestra emocionada por poder volver a ver Sierra de Teruel. Para ella, “la película es un documento histórico sobre el cine y sobre la historia de la Guerra Civil Española y sobre lo que significó para la política, la libertad y la democracia”. Por eso cree que el filme no ha “envejecido en absoluto” y cree que este hecho, que se une al 50 aniversario de la muerte de André Malraux es una “oportunidad para hablar de esta película y del compromiso de André Malraux con la libertad”.
A Céline Malraux le sorprende que Sierra de Teruel sea tan desconocida en España, y cree que eso muestra que hay “mucho que mejorar en Europa para intentar comunicar una historia común”. “¿Cómo es posible que no estemos de acuerdo con la historia de España?”, se pregunta y cuenta su shock cuando vio que “el franquismo resurge en España”. “Acaba de ser el 50 aniversario de la muerte de Franco, y me ha sorprendido ver gente que celebraba la dictadura. Lo estamos viendo en toda Europa con el auge de muchos nacionalismos, y por eso la película es tan conmovedora, porque nos muestra qué es la resistencia, qué es el verdadero coraje. Nos muestra que la democracia y la libertad no están garantizadas y hay que luchar por ellas, para mantenerlas”, subraya y espera que se vea en España para “aprender un poco sobre lo que dice la película”.
Una película prohibida
Antoni Cisteró lleva años investigando y escribiendo sobre Sierra de Teruel. Incluso ha escrito Campo de esperanza, una novela sobre los entresijos de aquel rodaje durante la Guerra Civil. Para él esta “restauración es una noticia positiva, porque la calidad de las copias existentes en Francia, en VHS y DVD, eran bastante deficientes en el aspecto técnico pero también en el formal”. “Terminada la guerra mundial, una productora se atribuyó el derecho de cortar unos planos, en especial de la mítica secuencia final, así como de añadir un parlamento de un héroe de la Resistencia que, si bien puede aceptarse como llamada a no volver a claudicar ante el fascismo, desvirtuaba, a mi entender, el conjunto”, explica y pone en valor la nueva versión y la que hizo “de forma excelente Ferran Alberich en los años noventa para la Filmoteca Española”.
La película nos muestra que la democracia y la libertad no están garantizadas y hay que luchar por ellas, para mantenerlas
Aquel rodaje bajó las bombas y que no pudiera terminarse “marcó decisivamente” la película. “Rodaron en Barcelona y Tarragona, donde había bombardeos prácticamente a diario, lo que impedía también el revelado local al cortarse la corriente eléctrica. Los negativos se mandaban a Francia para ser positivados, lo que implicaba, con la frontera prácticamente cerrada, que Malraux no veía el resultado del rodaje hasta tres o cuatro semanas después. Además, carecían de película virgen, de focos, baterías… hasta de maquillaje”, recuerda Cisteró.
Para él, lo que hace más interesante al filme desde el punto de vista histórico es “que ponga de relieve una trayectoria como la de Malraux, y a Max Aub”. “Ellos predicaron con el ejemplo de un intelectual actuando en la medida de sus posibilidades, y no limitándose a especular sobre lo complicado de la situación. Malraux arriesgó su vida. De hecho, en una ocasión los dos rodaban desde un avión desarmado el cielo de Cervera cuando fueron atacados por cazas alemanes y se salvaron de milagro. Este es el mensaje que perdura en el tiempo, la trascendencia útil que se espera del esfuerzo de un intelectual”, añade.
Además de la propia historia del rodaje, está la de cómo se salvaron las copias del negativo original de una película que estuvo a punto de desaparecer. Antoni Cisteró dice que esa historia es “apasionante”, y antes de contarla avanza que, además, en septiembre de 1939, el Gobierno francés prohibió su exhibición para no molestar a Franco y luego los alemanes ordenaron la destrucción de todas las copias. “Que la podamos ver hoy en día es casi un milagro”, apunta.
Cisteró ha investigado el viaje de las copias, y cuenta que “se salvaron dos, aunque técnicamente distintas”. “Una era una lavanda, o sea un positivo creado a partir del negativo original que había desaparecido. Las lavandas sirven para generar un contratipo negativo del que sacar positivos para exhibición. Quizá esto explique la deficiente calidad de las copias comerciales existentes en Francia hasta ahora. Parece ser que se salvó al estar escondida en las latas de otra película, Drôle de drame, del mismo productor que Sierra de Teruel: Corniglion-Molinier”, cuenta.
Por otra parte, el propio Malraux tenía una copia, “o bien la escondieron sus amigos, como Henri Langlois o el matrimonio Tual, que quiso mandar a México a través de Max Aub”. “Pero este fue detenido, siendo internado en diversos campos de concentración, haciendo imposible el envío. Posteriormente, ya en 1941, el francés contactó con Varian Fry, un americano que estaba en Marsella para intentar salvar a intelectuales de la persecución nazi, para que, a través del consulado estadounidense, salvara dicha copia. Después de casi dos años de inconvenientes, incluida la expulsión de Francia del propio Varian Fry, una copia llegó como regalo de Malraux a la biblioteca del Congreso de los EEUU. Esta copia es la original, sin cortes ni añadidos, que se restauró en España en los 90, y ahora en Francia”.
Sierra de Teruel no se vio en España hasta 1977, con Franco muerto, y nunca tuvo la repercusión que merecía. Por eso, “quizás con el huevo de la serpiente de nuevo rodando, sea el momento de verla”. “Aunque sin tener en cuenta la situación en los años 30, quizá requiera de un esfuerzo que no todo el mundo puede estar dispuesto a hacer”, opina Antoni Cistero, que por ese motivo ha lanzado una web, Visorhistoria, donde explica el contexto político e histórico alrededor de la creación de Sierra de Teruel.
Porque para él esta película no daba “una receta para combatir el fascismo”, sino que “deja claros los mensajes a transmitir, el heroísmo de los luchadores, la solidaridad con el pueblo al que defienden y la injusta escasez de medios, que solo la solidaridad internacional podía revertir”.