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Penélope Cruz, una cupletista en la Guerra Civil: “Los Javis llevan temas a las nuevas generaciones mejor que un libro de texto”

Javier Zurro

Cannes —
22 de mayo de 2026 22:00 h

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Penélope Cruz estudió danza durante muchos años. Aquella preparación la ha rescatado para convertirse en Nené, la cupletista a la que da vida en La bola negra, la película dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi. El filme, que cuenta tres historias atravesadas por los amores disidentes y la memoria de Lorca, sorprendió en las últimas jornadas del Festival de Cannes, donde muchos la ven en el palmarés. Si bien el filme ha dividido a parte de la prensa internacional, todos se quedan prendados de esa cantante y bailarina que aparece animando a las tropas franquistas encima de un tanque en plena Guerra Civil. Penélope Cruz se enfunda una peluca rubia, se viste con traje militar y canta y baila como una especie de Marta Sánchez de los años 30. 

La actriz contó en la rueda de prensa que justo antes de rodar esa escena su médico le dijo que podía tener un aneurisma cerebral. Eso hizo que la escena estuviera dotada de una emoción especial. Finalmente, fue solo un susto, pero la actriz confiesa que aquel momento quedará grabado en su recuerdo como actriz, igual que la larga ovación de más de 15 minutos que le dedicó el Teatro Lumière en la gala de presentación del filme.

Unas horas más tarde, en un encuentro reducido con prensa española donde se encontraba elDiario.es, Cruz quiso tranquilizar. Aclaró que preguntó a un médico antes de seguir rodando, y que al día siguiente se lo dijo a los Javis, que en todo momento le ofrecieron desde paralizar el rodaje a adaptarlo a sus necesidades. Explicó que quiso contarlo ahora a todo el mundo porque “es bonito compartirlo”, y para que la gente vea las situaciones a las que se tienen que enfrentar en un rodaje, y recordó otro momento donde la tragedia se impuso en un rodaje. 

Su padre murió a los 62 años. Ella se encontraba rodando Zoolander 2, y el viernes por la noche había hablado con él. “Unas horas más tarde estaba muerto de un infarto”, recuerda. “Fue horrible. El sábado por la mañana llegaba a Madrid, el funeral fue el domingo, y por la tarde estaba de vuelta en Roma para seguir rodando una comedia el lunes. Recuerdo que me tenían que sujetar. A veces se viven cosas así y creo que es bonito compartirlas, porque somos un equipo, y si uno falla, todo el dominó que es un rodaje puede caer. No quería contarlo desde un lugar de víctima, sino de contar situaciones que vivimos que a veces son muy peculiares”, afirmó.

El ejemplo de los Javis

Desde que vio La llamada quedó cautivada con los Javis, y La mesías se lo confirmó. Entre medias muchos encuentros casuales donde hablaban de esa colaboración que no terminaba de confirmarse hasta que los directores le dijeron que tenían un personaje muy pequeño, esa Nené inspirada en cupletistas reales por la que muchos la colocan ya incluso en la carrera por el Oscar del año que viene. 

Tras la emoción por la ovación de casi 20 minutos, Penélope confiesa que tuvo que irse un buen rato a llorar a la habitación antes de pasar por la fiesta que el equipo celebró en la playa y donde se sentó a hablar con Javi Calvo en una hamaca e intentar procesar todo lo que habían vivido. Tiene la convicción de que los Javis han hecho “algo muy gordo”.

“Son tan jóvenes, pero son unas almas muy viejas y tienen mucha profundidad y mucha inteligencia, mucho humor, van a llegar a unas nuevas generaciones con unos temas mejor que lo que les van a llegar en un libro de texto o con un sermón de un familiar. A veces hay películas tan especiales que pueden conseguir eso. Pueden conseguir que por lo menos los más jóvenes se hagan esas preguntas desde otro lugar. Y eso era lo que más me motivaba para decir que sí. Ellos tenían miedo de mandármelo porque decían que era muy corto. No sé si son 15 minutos. Yo no los he contado y me da igual”, asegura.

El personaje tenía otro aliciente, volver a bailar, algo que estudió durante años y que no hacía en una película desde Nine, por la que, curiosamente, optó al Oscar. Pero también por lo que representa ese personaje, “ese sueño de libertad que ninguno de los personajes masculinos tiene”. “Ninguno de los personajes de las tres historias está cómodo en el lugar donde quiere estar y siendo quien quiere ser, ni siquiera pueden compartir quiénes son en su esencia. Y ella representa eso. Me emociona mucho lo que representa ella, era un honor poder darle vida”, reincide y hace hincapié en una de las frases finales del filme, “cuidado que aún nos acechan”.

Queda muchísimo y va a paso muy lento. El Me Too para mí fue un arranque de algo que tiene que continuar para siempre

Desde que comenzó a estudiar teatro en la escuela de Cristina Rota, “con 14 o 15 años”, a la que entró mintiendo sobre su edad, se obsesionó con Lorca. “Mi maestra en esos años era Cristina Rota, y yo elegía cosas que eran curiosas para una niña de esa edad, como Las criadas, de Jean Genet, o Doña Rosita la soltera, de Lorca. Ella nunca me prohibía hacer las obras que a mí me llamaban la atención, que siempre tenían temas muy turbulentos, personajes que no tenían mi edad, pero yo sentía que los entendía y que los quería comprender más a fondo y los quería explorar. Yo recuerdo todavía ese monólogo de Doña Rosita. Hay partes que no las voy a olvidar. Soy una apasionada de Lorca, es uno de los genios más grandes de nuestro país”, asegura y menciona la obra de su amigo Juan Diego Botto, Una noche sin luna

Tiene claro que el que no haya querido ver la homosexualidad de Lorca en su obra es porque “ha querido mirar para otro lado, porque está en todo lo que escribe”. “Hay una protesta todo el tiempo a no poder ser uno mismo, y a estar incluso en peligro de muerte. Aunque no lo ponga en primera persona, o lo ponga en otros personajes que no siempre son hombres, el tema de la identidad, de la libertad y de poder compartirla con los familiares siempre ha estado. Quien no haya querido ver eso a lo largo de las décadas desde que murió es porque no ha querido verlo. Es imposible no verlo”, zanja.

Apenas unos días antes de que se presentara La bola negra, Cate Blanchett decía en una masterclass en Cannes que, para ella, el Me Too se había enterrado de forma interesada y que debería estar más activo. Penélope Cruz coincide con su compañera: “Lo llamemos como lo llamemos, es algo que ya tiene que seguir de por vida. Para nada hemos llegado a un punto donde podamos estar relajados. No estamos en un lugar justo para ni para el colectivo LGTB ni para, por supuesto, las mujeres. Queda muchísimo y va a paso muy lento. El Me Too para mí fue un arranque de algo que tiene que continuar para siempre”.