Las series sobre hospitales vuelven a estar de moda con la llegada de The Pitt, una visión realista de la vida en un centro médico en Estados Unidos que se ha convertido en uno de los fenómenos del último año y que repite protagonista, Noah Wyle, con la otra gran serie médica de la historia de la televisión, Urgencias. Sin embargo, la realidad de un centro médico de EEUU pocas veces coincide con lo que puede pasar en España, y tiene un componente de espectacularización. Por eso, cuando en Europa realizan ficciones como Hipócrates, la serie francesa de Thomas Lilti, uno se siente mucho más reconocido y representado.
Eso es lo que ocurre con la película suiza Turno de guardia, elegida por su país para representarles en los Oscar, y que muestra como si fuera un thriller a tiempo real un turno de guardia de una enfermera a la que interpreta con aplomo Leonie Benesch, que optó al premio a la mejor actriz europea del año por este papel. Una película que es tensa sin artificios y que de forma inteligente muestra las actividades cotidianas de una enfermera para, a través de su experiencia, mostrar la precariedad de la profesión y de la sanidad, la dureza de su trabajo, los turnos eternos, el clasismo y el sexismo hacia un sector donde habitualmente hay muchas más mujeres. También las diferencias en un hospital público con concierto privado donde el que más paga tiene mejores condiciones y se cree con más derechos que los demás. Aunque al final la enfermedad les iguale a todos.
Leonie Benesch se preparó durante una semana para el papel en un hospital cerca de Basilea. Tenía cinco turnos. Dos de mañana y tres de tarde. Le asignaron una enfermera y se convirtió en su sombra. Observó cómo se movían, cómo se comunicaban entre sí, y lo que le llamó la atención es cómo “se adaptaban a cada paciente”. Detrás de cada puerta hay un universo y una persona diferente que necesita ser tratado de una manera distinta. “Tienen una habilidad increíble para evaluar a cada persona a la que cuidan”, añade la actriz, que también quedó sorprendida por “cómo trabajaban en esa pequeña sala de medicación, donde preparaban los medicamentos, porque lo hacen con un teléfono sonando, cinco personas esperando, y son cantidades que se miden en mililitros y donde no puedes fallar porque la gente puede morir”, recuerda.
La película se convierte en un thriller contrarreloj que en hora y media hace que el espectador parezca que ha estado “trabajando junto a Floria ocho horas”. Planearon todo “como si fuera un baile” y ahí es cuando se dio cuenta de que “estas mujeres son superheroínas”. Se convierte así Turno de guardia en un filme que ensalza a estos trabajadores en un sistema cada vez más precario. “A Petra, la directora, le molestaba mucho la imagen que tenemos de las enfermeras. Hay muchos programas sobre médicos. Incluso The Pitt, que es fantástica, ves que los médicos son héroes, pero es que la enfermera siempre está allí en la realidad”, critica.
“En realidad ellas deberían ser las protagonistas de estos shows, porque muchas veces los médicos van una vez al día o te dan un informe, pero la enfermera está allí durante todo el tiempo de tu recuperación en el hospital. A Petra le molestaba mucho que siempre retrataran a las enfermeras como alguien en segundo plano que pone sueros, tiene una aventura con otro personaje, le gusta alguien o toma café. Es muy impreciso respecto a la complejidad de esa profesión. Y ella quería hacer una película que las honrara”, añade.
Las series sobre médicos siempre retrataran a las enfermeras como alguien en segundo plano que pone sueros, tiene una aventura con otro personaje o toma café
Hay también una mirada a cómo las enfermeras acaban siendo profesionales que muchas veces son de otros países. La actriz, que es alemana, recuerda que en su país “faltan 250.000 enfermeras”. Muchas de ellas se van a Suiza porque las condiciones son mejores, por lo que “los países más ricos siempre obtienen su mano de obra de los países más pobres de su entorno”. “Mientras, los hospitales alemanes contratan a sus enfermeras de otros lugares. Siempre ocurre con estas profesiones tan poco valoradas, recurrimos a las personas más necesitadas. Esa es la realidad de vivir en una sociedad capitalista”, subraya.
La directora también quiso subrayar que “hacer una película sobre enfermeras es una cuestión feminista”. “El 80% de las personas en esta profesión son mujeres. Es un trabajo de cuidados que tradicionalmente se ignora, se paga mal y se subestima. Petra siempre cuenta que hace un par de años existía la amenaza de una posible escasez de pilotos en Suiza y que el gobierno suizo intervino de inmediato. Hubo incentivos económicos. Creo que pagaron a cada piloto unos 65.000 francos, e hicieron la profesión más atractiva porque si no habría escasez de pilotos. Claro que esa es una profesión con una fuerte presencia masculina. Sin embargo, las enfermeras llevan años dando la voz de alarma. E incluso pueden chantajear emocionalmente a la gente para que no haga huelga, porque, si no trabajas, si no vas, los pacientes morirán o tus compañeros se derrumbarán. Así que la gente aparece… Estamos jodidos”, dice con un toque pesimista, pero realista, que es la misma sensación que ofrece su película.